Reporte Católico Laico

/

José Gregorio Hernández: Notas Biográficas

José Gregorio Hernández: Notas Biográficas

LLEGADA A ISNOTÚ

 

José Gregorio Hernández nació en Isnotú, Estado Trujillo, el 26 de octubre de 1864. El año anterior había finalizado la llamada Guerra Federal, un infierno que en la pobretería tuvo por consigna: “Muerte a los ricos, los blancos y los que sepan leer y escribir”, sin incluir al aristócrata Toñito Guzmán Blanco, godo hasta la cacha, hijo dilecto de esa joya de la tramposería que fue Antonio Leocadio Guzmán, quien a la vuelta de pocos años, como general muy adornado, se cogió el poder para ejercerlo a su capricho y para su beneficio durante 20 años, tiempo en el que se convirtió en perseguid or de la iglesia católica, con exaltación de la masonería. Por dictado suyo fueron cerrados los conventos en Venezuela, entre ellos el Regina Angelorum de Trujillo y el de las Clarisas en Mérida, donde estaban enclaustradas dos tías paternas de José Gregorio.

Isnotú fue el nombre de una de las doce parcialidades de la nación Escuquey. En 1864  era la capital del Municipio Libertad, al que en 1968 se le cambió ese nombre por Municipio José Gregorio Hernández.  Parroquia civil en 1857, y eclesiástica en 1867. A esta pequeña comarca, huyendo del incendio sanguinario de la Guerra Federal, llegó en 1862 don Benigno Hernández Manzaneda, nativo de Boconó pero asentado en Pedraza, Estado Barinas, de donde era su novia Josefa Antonia Cisneros Mansilla, quien lo acompañó en esa huida. Se casaron en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Betijoque el 2 de octubre de 1862, cumplido el requisito de “exploración de sus voluntades, el examen y aprobación de la doctrina cristiana  y no resultar impedimento alguno de las tres proclamas que se leyeron en la misa conventual de tres días festivos continuos”, como quedó registrado en el Libro de Matrimonios número 4, año 1862.

 

      

 

 

BAUTIZO Y CONFIRMACIÓN

Cuando don Benigno Hernández Manzaneda y Josefa Antonio Cisneros Mansilla llegaron en 1862 a Isnotú para casarse y levantar allí su hogar, poblaban el Estado Trujillo un poco más de 100 mil habitantes. El caserío tenía una capilla muy modesta, con paredes de bahareque (pajareque, se lee en algunos documentos) y techo de palma, construida por el señor Juan Antonio Chuecos en 1847, pero como no tenía cura propio, era asistida por el de las parroquias vecinas. A esta pobre capilla, de un solo cañón, el niño José Gregorio Hernández iba todos los días a rezar a la imagen de Nuestra Señora del Rosario. Este cuadro, no sabemos por qué, pasó a propiedad del señor Ángel María Ortega, de Maracaibo.

 

                           

 

José Gregorio Hernández, quizás por la precariedad de la capilla de Isnotú, fue bautizado en la iglesia de Escuque el 30 de enero de 1865, donde se conserva la pila bautismal de la ceremonia. Y el sacramento de la confirmación se efectuó el 6 de diciembre de 1867, en la iglesia de San Juan Bautista de Betijoque. De este acto quedó el primer retrato de José Gregorio Hernández: un niño robusto, sonriente, vestido con traje nuevo muy a la moda, de pie sobre una silla.

La Guerra Federal, guerra civil de guerrillas, oficialmente había terminado en 1863, con la firma del llamado Tratado de Coche, pero por varios años su resaca convirtió a Venezuela en un lento país de tinieblas,  con mucha hostilidad social, abusos políticos y violaciones de todo tipo, incluso de la  Constitución,  y con desaforadas montoneras integradas por facinerosos que se dedicaban al pillaje. El resultado de esa locura fue: miles de muertos y  lisiados, hambre, ruina total, atraso extremo e inestabilidad. El angustioso ambiente de la Guerra Federal marcará la personalidad de José Gregorio Hernández, pues su familia sufrió en carne propia ese terror.

 

 

INFANCIA EN ISNOTU

 

Para asentarse, don Benigno Hernández adquirió en Isnotú  una vieja casa que por varios años había servido de posada a los arrieros y viajantes que pasaban por el lugar. En ella dispuso todo para la estabilidad de la familia que comenzaba a crecer, y para el sostenimiento montó un almacén de mercancías secas, víveres y farmacia. Como era muy organizado, creativo y empeñoso, su empresa progresó rápidamente, y por la variedad de sus ofertas logró una clientela bastante importante para aquellos tiempos. Hizo de su negocio un punto propicio en un cruce estratégico, porque por allí pasaban gentes y recuas que iban o venían de Maracaibo, Gibraltar, Moporo, Sabana de Mendoza, Betijoque  y Motatán de Agua. Tenía sólidas relaciones comerciales con firmas de prestigio en Maracaibo, entre ellas las compañías de Blohm, Manuel Dagnino y Münch van Dissel. Para 1872 manejaba un capital de más de 50 mil pesos, que en  la fecha y el lugar constituían una pequeña fortuna. Con esto quiero señalar que José Gregorio Hernández no tuvo una infancia de privaciones económicas, aunque la austeridad del estricto cristianismo de la familia no permitía excesos. El padre, que por ausencia de médico en el lugar, ayudaba hasta donde podía a su comunidad en estos aspectos, fue tenido por hombre honrado y de sensibilidad social útil, y en la madre encontraba esa misma gente una generosidad oportuna para sus muchas calamidades.

Es de conjeturar que el niño José Gregorio oyó en el muy concurrido almacén de su padre, deslumbrantes historias de otras ciudades que, como a todo niño, seguramente le llevaron a elaborar sueños de viajes. Y su vida excepcional será un gran viaje, vasto en la geografía, pero más en la espiritualidad, alrededor de sí mismo.

CONTINUARÁ…

 

Dr. Raul Díaz Castañeda

Con el asupicio de la DLA y la UVM

 


Francisco José González Cruz

Universidad Valle del Momboy