Reporte Católico Laico

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Nuestra Nota Editorial: La Corrosión

Nuestra Nota Editorial: La Corrosión

 

Corrupción y corrosión se escriben y suenan casi  igual pero no son lo mismo. Una resulta de la otra. La corrosión es el estado terminal de la corrupción.  El gobierno, a través de sus voceros on line, ha reconocido el monto del faltante a la nación en 259 mil millones de dólares. Eso ya no es robo, es saqueo: muchos de nuestros problemas más acuciantes han podido encontrar solución empleando honestamente esa cantidad.  Y son varias generaciones las que cargarán a sus espaldas el estropicio.

 

 

“Si se tienen riquezas – ha dicho el Papa Francisco- hay que encontrar la forma de que sirvan al bien común. Una abundancia de bienes vivida de forma egoísta es el comienzo de todo tipo de corrupción”. Porque la riqueza que no se comparte genera corrupción.

 

Nos preguntamos ¿quién es hoy el rico en Venezuela, quién vive y se despacha la abundancia? Sin lugar a dudas, el gobierno, el mismo que ha dilapidado el 96% de nuestros ingresos que provienen del petróleo y que, por tanto, sólo el Estado maneja; es el mismo que ha desaparecido el descomunal monto con que comenzamos esta nota.

 

En el reino de la impunidad la corrupción manda y para camuflajearla se manipula el lenguaje con absoluta desfachatez.

 

Oligarquía, por ejemplo, es un término que proviene de la palabra griega “oligarkhía” y significa literalmente “gobierno de unos pocos”. Es el término con que el gobierno de Venezuela estigmatiza y excluye a la disidencia. La oligarquía es un sistema político o una forma de gobierno donde el poder se concentra en un pequeño grupo que pertenece a la misma familia, al mismo partido político o al mismo grupo económico. Este pequeño grupo controla las políticas sociales y económicas en favor de sus propios intereses. Es precisamente lo que ocurre en Venezuela, donde la separación de poderes no existe, el balance que necesita el Ejecutivo para no excederse brilla por su ausencia y la frontera entre dinero y poder no puede ser más difusa.

 

Absolutamente tóxico semejante panorama, perfecto caldo de cultivo para la más compleja red de corrupción que ha conocido Venezuela. Hemos sido ricos como pocos países, así que es probable que escandalicemos por completo al mundo moderno.

 

Jesús, desde el Evangelio, nos indica cuál es la forma justa de vivir en abundancia de bienes: “Bienaventurados los pobres de espíritu”. Es la primera Bienaventuranza y no es casualidad. El Señor nos ha dado riquezas y el pueblo se las confía a un gobierno como su administrador. Si los gobernantes las suman a sus bolsillos, es corrupción. Con ello las restan al bien común y eso es corrosión.

 

Otro Papa, Pío XII,  inmortalizó la frase: “La política es la forma más excelsa de practicar la caridad”, pero hay quienes prefieren entender que es  la manera más fácil de robar. El Séptimo Mandamiento dice: “No robarás”.  Forma parte del cuerpo de mandatos divinos que debemos observar para con el prójimo.  Santiago (2.11) no pudo ser más claro: “Quien desprecia un mandamiento y no quiere cumplirlo, ya no está cumpliendo con la Ley”.–

 

Redacción RCL