Reporte Católico Laico

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Nuestra Nota Editorial

Nuestra Nota Editorial

 

Inédito: el Papa y la “bella corrección” de la clase media.

 

Un Papa que puntualice “yo no estoy inventando nada, sólo sigo al Evangelio”; que diga a los periodistas “ustedes pregunten lo que quieran, que yo respondo”; que reconozca ante la prensa una omisión y agradezca “la bella corrección”; y que además pida “recen por mí”, eso ya es una puesta al día de la Santa Sede con el mundo moderno. Como lo es también incluir en la agenda a la clase media que es la relegada de las economías ideologizadas.

 

En efecto, en el vuelo de regreso a Roma después de su gira americana, el Papa recibió la queja de un periodista que le reclamaba los pocos mensajes para la clase media en contraste con los constantes de apoyo a los pobres y los a veces muy fuertes y severos para con los ricos y poderosos. El Santo Padre reconoció que debía profundizar más en el Magisterio para la clase media y, con humildad, agradeció al periodista su “bella corrección”.

 

 

El Papa:  “Creo que usted me dice una cosa que debo hacer. Debo profundizar más en este magisterio”…

 

El pontífice se extendió en el comentario agregando su percepción de que la clase media se hace cada vez más pequeña: “La polarización es cada vez mayor. Por eso tal vez no me he dado cuenta”. Del mismo modo, recordó que “el número de pobres es inmenso y además son el corazón del Evangelio. Siempre hablo del Evangelio y no es que sea sociólogo”. Agradeciendo de nuevo al periodista la pregunta, concluyó “creo que usted me dice una cosa que debo hacer. Debo profundizar más en este magisterio. Se lo agradezco mucho”.

 

En Venezuela tenemos un patético reflejo de la verdadera doliente de este fracaso, la casi desaparecida clase media. La clase media es siempre la víctima de cuanto régimen persiga la movilidad ascendente en la escala social, pues es la única que la pretende y la consigue a punta de esfuerzo y persistencia. La democracia se propuso y logró generar una clase profesional que ascendió -desde la depauperada ranchería que heredamos de las dictaduras, en desproporción con el pudiente entorno social y financiero que rodeaba al poder-  gracias al acceso a la educación y la creación de fuentes de trabajo.

 

Hoy hemos retrocedido dramáticamente a causa de la demencial capacidad de destrucción que marca la dinámica económica de este país. Tierra arrasada, empresas confiscadas, moneda perdida, industrias acabadas, corrupción rampante, escuelas y universidades acosadas y el talento en fuga. La destrucción de la clase media es un objetivo pues tiene capacidad de respuesta, esa que aparece con el conocimiento. Le duele lo que le quitan y es un dolor distinto al dolor del pobre.  Un país es su clase media. Si no hay clase media tenemos feudos o conucos, pero no país.

 

Este proyecto desmembra el país a punta de ranchificación, la cual llega a su máxima expresión con el imperio de la escasez que bachaqueriza la economía. El “rebusque” bachaquero es el polo opuesto a la clase media.  Un diabólico mecanismo para excluir y desmoralizar  a la clase media. Una distorsión que deja ver la perversión. Este es un gobierno para los bachaqueros. Los que arrasan con  anaqueles, cavas y camiones  y a las tres cuadras venden  cuadriplicando el precio, igualando a todos en el lagar de la especulación amparada por quienes mandan. Las colas son el humillante descrédito de la renta petrolera.  El gobierno despoja a la clase media y privilegia a los bachaqueros, al tiempo que atornilla a los pobres en su pobreza y apuesta por la dependencia mendicante del mendrugo de un Estado exhausto después del saqueo y por la rendición incondicional de toda objeción.

 

Sólo ganan los nuevos ricos,  la nueva clase encumbrada, la del negocio protegido y fortuna fácil que repta por los intersticios del anillo más cercano a “los potentes” que tanto fustiga el Papa Francisco.-

 

Redacción RCL