Reporte Católico Laico

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Ordenado el nuevo Obispo de la Diócesis de Guasdualito, Mons. Pablo Modesto González Pérez

Ordenado el nuevo Obispo de la Diócesis de Guasdualito, Mons. Pablo Modesto González Pérez

El sábado 06 de febrero se llevó a cabo la ordenación episcopal del presbítero Pablo Modesto González Pérez, quien fue nombrado por el Papa Francisco en los primeros días del mes de diciembre de 2015, como el primer Obispo de la recién creada Diócesis de Guasdualito.

La ordenación episcopal se realizó a las diez de la mañana en el auditorio del Colegio “Mater Dei” de La Morita, en San Antonio de Los Altos y la celebración fue presidida por el Obispo de la Diócesis de San Cristóbal, monseñor Mario Moronta, contándose también con la presencia de arzobispos, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y fieles en general.

El lema escogido por el nuevo Obispo González reza: “Del pueblo para el pueblo”. Entre sus intenciones de ser buen pastor, indicó el nuevo Obispo que quería consagrarse al ministerio episcopal hasta la muerte, además de trabajar incansablemente en la predicación del evangelio y por conservar íntegro el depósito de la fe, así como mantener la unión con el orden de los obispos, bajo la autoridad del Papa Francisco, sucesor de Pedro. Indicó también que con la ayuda de los párrocos y de todos los agentes pastorales, se dedicará a cuidar a la feligresía de los pueblos del Alto Apure y de Barinas que el Señor le ha confiado, para dirigirlos por el camino de la salvación, procurando cuanto exige su condición de hijos e hijas de Dios. Señaló de igual modo su deseo de “ser signo de la comprensión, bondad y misericordia de Dios con los pobres, los emigrantes los refugiados y extraviados”. Manifestó abiertamente su deseo de querer ser un buen pastor para todos, en especial para los sacerdotes, consagrados y consagradas, misioneros y misioneras, para los padres y madres de familia y para todos aquellos miembros que quieran construir Iglesia. Finalmente expresó que: “quiere ser un hombre orante, intercesor de las necesidades de las diócesis y de todos los venezolanos, orando por los jóvenes y los ancianos; por los enfermos y los probados en el dolor; por los creyentes en Jesús y por quienes lo buscan de todo corazón”.

La primera celebración eucarística como Obispo de monseñor González por su parte, se efectuó el domingo 07 de febrero en la parroquia San Antonio de Padua, ubicada en el casco central de San Antonio de Los Altos, templo en el que fue bautizado y ordenado sacerdote.

Monseñor Pablo Modesto González realizará la toma de posesión de la nueva Diócesis de Guasdualito, el próximo 13 de febrero, fecha en que la feligresía y el presbiterio de esta nueva Iglesia Local estarán recibiendo a su primer Obispo, en compañía de numerosos prelados, sacerdotes, religiosos y religiosas de varias de la diócesis vecinas, así como de las autoridades civiles, militares y personalidades de esta región llanera.

A continuación el texto íntegro de la homilía de monseñor Mario Moronta pronunciada durante la Ordenación Episcopal del presbítero Pablo Modesto González.

 

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HOMILÍA de la ORDENACIÓN EPISCOPAL

+ PABLO MODESTO GONZALEZ PEREZ

PRIMER OBISPO DE GUASDUALITO

SAN ANTONIO DE LOS ALTOS, 6 DE FEBRERO 2016.

 Desde los inicios de la Historia de la humanidad, Dios hizo la promesa de enviar un Salvador para liberar al ser humano del pecado y de sus consecuencias. El objetivo final, además de restaurar una comunión resquebrajada, era ofrecerle la salvación. Ésta se inscribe en el marco de lo enunciado por el autor sagrado cuando anunciaba la creación del hombre y de la mujer a “imagen y semejanza” del mismo Dios Creador. A lo largo de los primeros tiempos, con la voz de los profetas se fue anunciando la llegada de un Mesías Salvador. Éste vendría de parte de Dios para restaurar la comunión con Dios, perdida a causa del pecado. En efecto, los profetas fueron delineando la figura de ese enviado de parte del Altísimo y cómo instauraría un Reino de sacerdotes y una raza elegida.

En la plenitud de los tiempos, se hizo realidad esa promesa y se superaron las expectativas. El Hijo de Dios se encarnó y comenzó a dar cumplimiento al designio de Dios: que todos los seres humanos pudieran entrar en comunión con Él y acceder a una nueva situación que culminaría con la salvación al final de los tiempos. Una consecuencia inédita en la historia de Israel e insólita, a la vez, la vemos reflejada en la enseñanza del Prólogo de Juan: Jesús, Palabra hecha carne le dio a los seres humanos la capacidad de llegar a ser hijos del Padre (Cf. Jn 1,12). Se superaba todo lo anhelado por la humanidad, pues abría las puertas de una transformación radical de todo ser humano.

Además de las múltiples y variadas imágenes con las cuales podemos presentar a Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, apelamos hoy a dos, de las cuales hacen referencia la Liturgia de la Iglesia. Estas imágenes nos permitirán, además, reflexionar sobre el acontecimiento sacramental y eclesial que celebramos en esta mañana bonita. Reconocemos a Jesús, el Señor y Salvador como APÓSTOL Y OBISPO.

Jesús es APÓSTOL. Es decir enviado por el Padre con una misión y así cumplir su voluntad salvífica. Es necesario destacar un hecho importante: el Hijo, Dios humanado, es enviado para una Misión. Toda su vida, acciones y dichos, hablan de ese envío y esa Misión. El mismo es la Palabra que da a conocer al Padre Dios y su designio de Salvación. Es una Misión llena de amor. Amor de quien la inicia y amor de quien la realiza. Así nos lo deja ver Juan cuando afirma: “Tanto amó a Dios al mundo que envió a su Hijo para salvarlo”… Y, el cumplimiento de esa Misión se hace por amor: “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos”, afirmará también Jesús.

En el ejercicio de su misión y apostolado, el Señor se nos presenta como el OBISPO por excelencia. No nos dejemos engañar por el mero significado etimológico de la palabra EPISKOPÓS. Este vocablo se traduce como “quien supervisa”, quien guía y se preocupa de algún encargo, comunidad e institución. La fuerza de esta palabra es mayor. Obispo no se reduce a una simple tarea, sino a una acción existencial. Aunque la encontramos en la Liturgia también referida al Señor, la mejor manera de entenderla nos la brinda Él mismo cuando se auto-presenta como el BUEN PASTOR. Se trata de un ícono (imagen) capaz de hacernos entender que Obispo es algo más que un supervisor, aunque pueda realizar esa tarea por su preocupación por la grey. Es quien guía, pero con un compromiso de cercanía hacia las ovejas de su rebaño. Cristo es el Obispo por excelencia, pues es el Buen Pastor que conoce a sus ovejas, es conocido por ellas, las llama por su nombre, las cuida, las guarda en el redil, las lleva a pastos seguros, es capaz de dar su vida por ellas, va en búsqueda de la extraviada y también se preocupa para que todas las ovejas constituyan un solo rebaño bajo una sola guía. El Buen Pastor, como nos lo repite continuamente el Papa Francisco, siempre tendrá “olor a ovejas”. La expresión radical será el ofrecimiento de su propia vida por la salvación de las ovejas.

Para asegurar en el tiempo la realización y conmemoración de su obra de salvación, el mismo Señor elige a unos cuantos. Son tomados de entre sus discípulos, sin condiciones y sin requisitos o privilegios: eran pescadores, trabajadores, cobradores de impuestos… Gente sencilla. Los constituye APÓSTOLES Y OBISPOS. Es decir, los asocia a su Misión y les contagia la fuerza de la misma al enviarlos a anunciar el evangelio y edificar su Reino “hasta los confines de la tierra”. Los forma y prepara, les da la fuerza de su Espíritu que adquiere plenitud el día de Pentecostés. A la vez, los configura a Sí, al consagrarlos en la Verdad para ser como Él Buenos Pastores: con este encargo predicarán, fundarán comunidades y guiarán al nuevo pueblo de Dios en comunión, bajo la guía de Pedro.

Los discípulos elegidos por el Señor para esta función son consagrados. Entienden cuál es su responsabilidad. De allí, la decisión de ir desde Jerusalén como “testigos del Resucitado” a buscar las ovejas para el redil de la Iglesia. Van fundando Iglesias locales las cuales crecen, se fortalecen por su enseñanza, la fracción del Pan, la comunión y la oración. El libro de los Hechos nos brindan señales de cómo fue creciendo la Iglesia, gracias a esos APÓSTOLES-OBISPOS. Estos, a la vez, iban dejando sucesores a fin de continuar extendiendo el Reino de Dios, para el crecimiento de la Iglesia y hacer cierta y real la evangelización. La Historia de la Iglesia nos habla de ello.

Hoy nos encontramos con un hecho prodigioso y hermoso. Uno de los nuestros ha sido elegido para convertirse en APÓSTOL-OBISPO, sucesor de aquellos primeros Apóstoles, para actuar en comunión con el sucesor de Pedro y los otros hermanos Obispos. Es llamado de entre nosotros para iniciar una nueva Iglesia, la de Guasdualito, de la cual deberá ser Pastor Bueno; en la cual ha de presentarse comoAPÓSTOL DE JESUCRISTO, como Testigo de su Resurrección.

Es un hombre sencillo, en la madurez de su juventud sacerdotal. Nacido en una familia bendecida por Dios: sus padres Modesto y Solángel, a él y a sus otros hermanos, le brindaron no sólo un hogar lleno de amor y solicitud paternal, sino también la fuerza de una fe alimentada por la oración, la Palabra de Dios y la Eucaristía, el apostolado y la alegría. La sencillez y pobreza de su hogar no fueron nunca obstáculos para él y sus hermanos: crecieron amamantados por la leche de una confianza plena en Dios.

El nuevo sucesor de los Apóstoles y Obispo, llamado a animar la nueva Iglesia de Guasdualito como Pastor Bueno, Pablo Modesto, es un hombre del pueblo. Desde sus orígenes y en sus diversos compromisos como sacerdote miembro de la Congregación Salesiana: La Dolorita con sus innumerables barrios, Los Teques y El Boquete en Valencia, así como su último encargo en Carrasquero, en medio de los wayú, nos dan testimonio cierto de esta cualidad. Es un hombre sin distingos, con un amor preferencial por los más pequeños y pobres, con espíritu juvenil y alegre, con claridad de horizontes pastorales y con sentido de comunión eclesial. Este hombre ha sido llamado por Francisco a ser APÓSTOL Y OBISPO.

Como Apóstol se asocia a Cristo, el enviado por el Padre, para ser especial cooperador en su Misión de anunciar el Evangelio y edificar el Reino de Justicia y Paz. Ha sido enviado a fundar una nueva Iglesia local, la diócesis de Guasdualito. A ella llegará como los Apóstoles, como Pedro, Andrés, Pablo… con su cayado y unas alforjas llenas de la gracia de Dios. Llegará como el enviado a construir el amor, a edificar la paz, a continuar la obra de Cristo. Como lo supo asumir Él mismo, la garantía que poseerá es la unción del Espíritu quien le manda a anunciar el evangelio a los pobres, a dar vista a los ciegos, a dar libertad a los cautivos, a liberar a los oprimidos, a hacer luminoso el tiempo de gracia de Dios para ti y los tuyos.

Como Obispo, deberá ser reconocido cual Pastor bueno, capaz de conocer la grey y dejarse conocer por ella, dedicado a oír sus clamores y hacer sentir su propia voz, eco de la de Dios. La gente deberá sentir otra garantía: su entrega, capaz de dar la vida por ellos. Esto implica estar en sintonía con Dios y con la grey. Como lo afirmaba el Obispo martirizado, Siervo de Dios, Juan Angelelli, en una expresión también repetida por Francisco, deberá tener un oído puesto en Dios y otro en el pueblo. En Dios para escuchar lo que deberá transmitirle continuamente a su gente; en el pueblo para escuchar lo que éste quiere hacerle sentir a Dios. Esto hará realidad la otra condición propia de un Obispo: ser Pontífice, creador y cuidador de puentes entre Dios y la humanidad. Así fue también el ministerio y obra de Cristo. Eso sí, debe tener plena conciencia de algo que muy poca gente sabe y entiende: el puente une las dos orillas, la de Dios y la del pueblo… pero el pavimento de ese puente es la propia existencia: recibirá las pisadas, a veces suaves, a veces pesadas, de todos aquellos a quienes llevará al encuentro con Dios.

QUERIDO HERMANO:

Quienes te conocemos estamos seguros de que, con la gracia de Dios y la fuerza continua de su espíritu, tu lema episcopal concretizará esa doble condición de APÓSTOL OBISPO, como Pastor Bueno y Pontífice: “Del pueblo y para el pueblo”. Es una hermosa manera de traducir el texto de Hebreos: “Un hombre tomado de entre los hombres y puesto en medio de ellos para las cosas que son de Dios” (Heb 5,1). Eres del pueblo: siempre lo has sido y demostrado. Vas a ser servidor y testigo en medio de un pueblo que te espera con ilusión. Sabemos que te mantendrás firme pues sabemos en quién has puesto tu confianza y seguridad. Sé que le darás a esta nueva Iglesia local de Guasdualito lo mejor de ti y harás sentir en todos los creyentes, laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas, el “gusto espiritual de ser pueblo”. En ti han de encontrar el hombre que, a tiempo y destiempo, predicas, atiendes, ríes y lloras con la gente… Es decir encontrarán el fiel reflejo del verdadero APÓSTOL Y OBISPO, Jesús el Señor.

Dentro de unos instantes por la imposición de las manos, por encargo del Papa Francisco, y con la oración consecratoria, serás transformado en APÓSTOL Y OBISPO. Sobre tu cabeza recibirás el Libro de los Evangelios para llenarte de la sabiduría del Maestro, para protegerte y para hacerte Testigo del Resucitado. Lo serás porque Dios ha confiado en ti una obra especial y buena. Que el horizonte de tu vida, alegre, sencilla y apostólica, siga siendo el del Reino.

María, Auxilio de los Cristianos, te acompañará con su maternal protección. También Juan Bosco, el santo de los jóvenes, inspiración de tu ministerio, estará pendiente de ti. Y, por supuesto, la oración confiada de un hombre santo como lo fue en vida, tu padre, el recordado y querido Modesto, resonará en el cielo por ti.

El ejemplo de tu mamá y la cercanía de tus hermanos y demás familiares estarán siempre contigo, la comunión de tus hermanos obispos y presbíteros serán tu apoyo, y la ilusión de tu nueva Iglesia se convertirá en esperanza, grande como la llanura apureña, al recibirte y sentir que eres de ellos y para ellos, del pueblo y para el puebloAMÉN.

+MARIO MORONTA R., OBISPO DE SAN CRISTÓBAL.

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Prensa DiócesisSC

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