Reporte Católico Laico

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Luis Alberto Machado (IV): Apóstol de la inteligencia

Luis Alberto Machado (IV): Apóstol de la inteligencia

RCL les invita a leer a Luis Alberto Machado Sanz.-

1-Mi papá estudió la primaria en el colegio La Salle, de Tienda Honda a Mercedes. Para explicar lo que influyeron en mi papá los hermanos de La Salle, vamos a inspirarnos en unas palabras que dijera Andrés Caldera Pietri, sobre su padre, en el mismo sepelio de su padre, el Dr Rafael Caldera, ex presidente de la República, a quien tanto admiró mi papá y además trabajó con él como Secretario General de la Presidencia de la República, durante los 5 años de su primer gobierno. En dicho acto, Andrés Caldera dijo:

Si hay algo que lo distinguió desde muy joven fue su profunda fe en la Providencia.  No una fe “beatucona y rezandera” – como nos dijo a los graduandos del Colegio San Ignacio en el año 71 – sino una fe sólida y robusta, propiciada por sus maestros jesuitas, que no dio, en sus noventa y tres años de vida, tregua a la lucha ni lugar a la cobardía.  Su fe fue del mismo tamaño de la fortaleza de su carácter y de su tenacidad indoblegable.  (Andrés Caldera Pietri.  “Despedida de la familia”).

Inspirado en esto, podemos afirmar lo siguiente:

Si hay algo distinguió a mi papá desde muy joven, fue su profunda fe en la Providencia.  No una fe “beatucona y rezandera” sino una fe sólida y robusta, propiciada por sus maestros, los hermanos de la Salle, que no dio, en sus 84 años de vida, tregua a la lucha ni lugar a la cobardía.  Su fe fue del mismo tamaño de la fortaleza de su carácter y de su tenacidad indoblegable.

La secundaria la estudió en Staunton Military Academy, en el Estado de Virginia.

Esta academia militar, fue fundada en el año 1860. Tuvo 116 años de historia. Cerró en 1976. Mi papá llegó a los 14 años a Staunton, en el año 1946. Tanto el colegio La Salle, como la Academia Militar, le marcarían la vida: en el colegio La Salle, en la fe, y Staunton, en la disciplina. En Staunton, una vez fueron castigados a barrer un patio, con un cepillo de dientes. Esto por haber echado un sucio fuera de los pipotes de basura.

2-Tanto el colegio La Salle, como la Academia Militar, le marcarían la vida.  Como dijimos, en el colegio La Salle, en la fe, y en Staunton, en la disciplina.  En cuanto a su profunda fe en la Providencia, vamos a poner un solo ejemplo, entre muchos que se pudieran poner:

Una vez le pregunté que hasta dónde y hasta cuándo pensaba que podía llegar en su cruzada por hacer de este mundo, un lugar en que la gente aprendiera a pensar, pudiera desarrollar su inteligencia y por lo tanto, pudiera hacer de este mundo un lugar mejor para vivir y que todos pudiéramos ser  más felices. Me contestó:

Hasta que Dios me dé vida y salud“.

Ante tal respuesta, mis comentarios sobran.

3- Vamos en este punto, a desarrollar el concepto y la vivencia de la disciplina en mi papá:

En 1975, se dio, lo que en mi opinión, hasta ahora ha sido, la más apasionante Serie Mundial de baseball de todos los tiempos. Fue entre los Rojos de Cincinnati y los Medias Rojas de Boston. Mi papá y yo, vimos juntos dicha serie, a través de la televisión (como dato adicional, diré que mi papá era fanáticos de los Leones del Caracas).   

Por Cincinnati estaba la llamada Maquinaria Roja:

Johnny Bench, César Gerónimo, Tany Pérez: miembro del salón de la fama, Joe Morgan, Ken Griffey padre, George Foster y en mi opinión, una de las mejores combinaciones alrededor de la segunda base que se ha dado en todos los tiempos:

El venezolano David Concepción, shortstop y Pete Rose como segunda base.

El manager era Sparky Anderson.

Por los Medias Rojas, estaban el cátcher Carlton Fisk, el gran Carl Yastrzemski cuyo número 8 fuera retirado; Jim Rice, el novato Fred Lynn y el gran pitcher cubano, Luis Tiant, que ganó 2 de los 3 juegos que ganaron los Medias Rojas. Delio Amado León en otro momento, dijo que Luis Tiant lanzaba a tal velocidad, que lo que pichaba al “home” eran “aspirinas infantiles”.  El manager era Darrell Johnson.

El sexto partido, dentro de lo especial de dicha Serie Mundial, fue muy especial. Dice Kevin Cabral, comentarista de Baseball, lo siguiente:

El sexto partido es el más recordado de esa serie y uno de los mejores en la historia de Series Mundiales.  Boston perdía 6-3 en el octavo inning y la Maquinaria Roja estaba a cuatro outs del campeonato cuando apareció un dramático cuadrangular de tres carreras del emergente Bernie Carbo para igualar las acciones.

El partido se extendió a extrainnings hasta que en la conclusión del duodécimo capítulo Carlton Fisk conectó uno de los jonrones más famosos en Serie Mundial para dar la victoria a los locales y empatar la serie. El batazo de Fisk y sus movimientos para “ayudar” a la pelota a mantenerse fair tiene que ser la jugada más repetida en televisión de todos los tiempos (fin de la cita).

Al final ganaron los Rojos de Cincinnati, 4 juegos a 3, en otro inolvidable séptimo juego, que pudiéremos también comentar en otra oportunidad. Dicha Serie Mundial, es de los grandes disfrutes que tengo en mis recuerdos, de haber compartido con mi papá. Lo de la disciplina viene por lo siguiente:

El comentarista ha podido haber sido Delio Amado León o quizás Beto Perdomo recientemente fallecido. Dos grandes comentaristas del Baseball, a quienes deseamos que Dios tenga en su gloria.

No recuerdo el siguiente hecho con exactitud: en algún momento de dicha Serie Mundial, palabras más, palabras menos, el comentarista dijo lo siguiente:

Sparky Anderson, el manager del Cincinnati, le dijo a sus dirigidos que no permitiría ni barbas, ni bigotes, ni nada semejante. Que si el pelotero insistía, o se iba del equipo el jugador, o se iba él.

Cuando escuchamos aquello, le dije a mi papá que Sparky Anderson era un troglodita, un anticuado y un dictador.

Mi papá, palabras más, palabras menos, me contestó:

“No, eso es disciplina. La disciplina es una de las cosas más importante que puede haber en la vida. Nada se logra sin disciplina. Todo se logra con disciplina“.

Al momento me acordé de lo del cepillo de dientes en Staunton y también los dos lemas de la Banda de Guerra del colegio San Ignacio, a la que pertenecí y que decían lo siguiente:

Disciplina, honor y sacrificio.

La disciplina, como el honor, es indivisible; o se mantiene intacta o se pierde entera.

Es de notar que Sparky Anderson, es el único manager que hasta ahora ha ganado el campeonato de la MLB (Liga de Baseball Americana de las Grandes Ligas), tanto en la Liga Nacional (con ya dijimos, con los Rojos de Cincinnati, 1975), como en la Liga Americana (con los Tigres de Detroit, 1984).

4- La disciplina llevó a mi papá a leer todos los días La Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino. Leyó la Suma Teológica, aunque fuere un capítulo cada día, hasta que la terminó. Esta idea lo tomó del dicho romano:

Nulla dies sine linea: ningún día sin una línea“.

Esto de la lectura de todos los días, también lo hizo con la escritura, tal cual el dicho romano antes citado: escribió todos los días, aunque fuera una sola línea. Así hizo, por ejemplo, entre otros libros, con La Revolución de la Inteligencia y con El Derecho a ser Inteligente. Mi papá decía que el genio es un niño constante y la constancia implica disciplina. Por lo tanto, podíamos parafrasear la frase de mi papá, de la siguiente manera:

El genio es un niño disciplinado.

Vamos a citar el libro El Derecho a ser Inteligente:

“Cuando el cerebro se forma en el vientre materno, no hay allí ni una sola idea.

El hombre llega a la vida sin poseer ningún pensamiento y es incapaz de producirlos si no hay tenido alguna experiencia sensorial previa. 

”Nada existe en el intelecto que no haya existido antes en los sentidos”. 

Todas las ideas tienen su origen en los sentidos. 

Sin ellos, el intelecto es un ”papel en blanco’’. 

Nadie comienza a pensar espontáneamente; tampoco en el mundo de las ideas surge nada por generación espontánea. 

El cerebro tiene que aprender a dar significación a los estímulos que recibe. 

Podría ser definido como el órgano que aprende. 

Y antes de aprender no tiene ninguna inteligencia. 

Solo, una potencialidad en la que, en un principio, no hay nada sino eso: potencialidad.

Todo lo demás es adquirido. 

¿Cómo podría haber una inteligencia innata, si las ideas no lo son? 

Lo que es innato es la facultad, la aptitud, la capacidad que le permite a cualquier ser humano normal

llegar a ser inteligente. 

En el cerebro del hombre puede llegar a existir todo, pero, de antemano, de ese todo nada existe.

En ese “papel en el que no hay nada escrito” el hombre tiene capacidad de escribir. 

Pero ha de aprender a escribir. 

Está facultado genéticamente para hablar, pero no nace con el lenguaje, sino con la capacidad para adquirirlo.

Tiene un aparato fonético, que le permite aprender a hablar. 

Educar es “sacar fuera” lo que cada persona lleva por dentro. 

Y lo que se lleva por dentro no son sino posibilidades. 

Cuando a una persona se le enseña a hablar no se le “sacan las palabras”. 

Lo que brota desde la intimidad del ser, es una facultad que, mediante la enseñanza, entra en ejercicio. 

La existencia de ese cerebro se debe exclusivamente a la naturaleza. 

En este orden, lo que posea un hombre normal por razones hereditarias, eso mismo lo poseen todos los hombres normales. 

De allí en adelante: lo que se puede hacer con ese cerebro, eso ya es fruto de la experiencia, de la voluntad y del aprendizaje. 

Heredamos la facultad de desarrollarnos, pero el desarrollo mismo es obra nuestra. 

El carácter y las normas y actitudes morales no se heredan. 

Los conocimientos y las ideas tampoco. 

En circunstancias cada vez mejores, en cada generación es necesario empezar de nuevo. Fin de la cita. El derecho a ser inteligente. Editorial Seix Barral. Barcelona, España. 1978. 

6-Del principio antes mencionado de Santo Tomás de Aquino, ”nada existe en el intelecto que no haya existido antes en los sentidos’, partió mi papá para concluir que el camino a la inteligencia son los sentidos, que la inteligencia no se hereda sino que se desarrolla a lo largo de la vida, que no es innata, sino que es aprendible y desarrollable. 

7-Santo Tomás de Aquino también dijo que el alma tiene 3 potencias:

Memoria

Inteligencia

Voluntad.

No solo la inteligencia es desarrollable a través de los sentidos, también lo son la voluntad y la memoria. Fijémonos en la cantidad de ejercicios que se hacen para educar la voluntad. Por ejemplo, en los retiros que hice en el colegio San Ignacio, había ratos de silencio. El tener que guardar silencio cuando se quiere hablar, genera fuerza de voluntad, genera auto control, etc.

8-En cuanto a la enseñanza de memoria, el mismísimo libro La Revolución de la Inteligencia, comienza hablando sobre dicho tema. En efecto:

Era todavía un niño cuando mis padres me llevaron al teatro para que contemplara un mago, quien, con toda clase de ingenios, asombraba, día tras día, a un público heterogéneo que pugnaba por verlo. Recuerdo de lo que más me impresionó fue un alarde de memorización, que justificaba por sí solo la fama que rodeaba a aquel hombre excepcional. 

A solicitud suya le íbamos entregando palabras, y a cada una, sucesivamente, le asignaba un número, después de unos segundos de visible concentración. Llegamos hasta cincuenta. Después lo ametrallamos con números y palabras; no se equivocó ni una vez. “Camello”, decía alguno y el mago contestaba: “Cuarenta y cinco”; “Treinta y siete”; gritaba otro desde las localidades más lejanas, y el mago respondía con la misma rapidez: “San Francisco”. Estaba seguro de que no se trataba de ningún truco: me había correspondido pronunciar una de esas palabras que, envueltas después en números, volaban por aquel escenario, convertido en deslumbrante caja de misterios. 

Al día siguiente traté de repetir aquella hazaña, con sólo diez palabras y no pude. Años después, la lectura de un libro, creo que sobre el arte de hablar en público, me permitió, con el entrenamiento de unas semanas, jugar hasta con cien palabras, cantidad que no fue mayor porque algún límite era necesario establecer. Utilicé uno de tantos métodos nemotécnicos, basados todos ellos en el establecimiento de una relación – cuanto más extravagante, mejor – entre una cosa ya perfectamente recordada y otra nueva que se quiere recordar. Escogí cien lugares situados, en orden sucesivo, en el trayecto – que conocía perfectamente – del autobús que me conducía cada mañana a la universidad, y a cada uno de ellos le asigné su número respectivo: uno, dos, tres y así hasta cien. 

Una vez que fije muy bien en mi memoria la relación lugar-número, sólo restaba establecer, en su momento, una nueva relación, ahora la relación lugar-palabra: los conceptos que debían ser recordados los “ubicaba” en su lugar correspondiente. Cuando alguien señalaba: “Veintitrés”, yo ya sabía que este número se había convertido en el edificio del correo y me preguntaba: “Qué fue lo que yo coloqué en ese edificio”; de inmediato surgía la respuesta. Y si lo nombrado era la palabra “Nabucodonosor”, contestaba a esa pregunta: “¿Dónde puse a este ilustre personaje?”.

Desde entonces no he vuelto a hacer este ejercicio; estoy seguro de que en este preciso momento no podría realizarlo satisfactoriamente, por una simple razón: falta de práctica. Pero él me ha permitido pensar con frecuencia: cuántas veces nos deslumbramos ante el fuego que vemos desde lejos, en la oscuridad de nuestra falta de conocimiento sobre su artificio, y, entre tanto, la verdad es la de que aquello puede ser realizado por cualquiera. Por cualquiera que conozca el sistema y pacientemente lo ejercite, claro está. Consideramos como de casi imposible realización algunos asuntos, que después de aprendida una fórmula, algunas veces sencilla, se nos presentan sin ninguna dificultad. Y algo así sucede con todos los órdenes de la realización de una obra artística o científica, no importa cuál fuere su grado de complejidad. 

Nadie puede decir si puede o no puede hacer una cosa, hasta tanto no sepa exactamente cómo se hace esa cosa. Y cuando llega a saberlo, ya la puede hacer. Fin de la cita. La Revolución De La Inteligencia. Editorial Seix Barral. Barcelona, España, 1975.

9- Lo que en el punto anterior mi papá describe, era algo que como bien lo dice, lo vio ”de chiquito”. Mi papá nació en Caracas, en la parroquia La Pastora, el 21 de enero de 1932, día de Santa Inés, virgen y mártir. Me imagino que el episodio del teatro, de una suerte de circo, en que se hizo ”el show de la memoria”, ha debido de haber sido a principio de los años 40.

Mi papá habla de un ”mago”, de una deslumbrante ”caja de misterios”, etc. Obviamente que para aquel momento, era una suerte de espectáculo circense, tales como mujeres elefantes, acróbatas que hacen saltos mortales y otros que montan bicicletas de una sola rueda, payasos llorones, tigres y leones enjaulados, elefantes que se montan sobre elefantes, monos que montan motocicletas y que después las tiran en una suerte de piscina para luego aplaudir la travesura, saliendo luego los domadores a perseguirlos, para que luego escapen los monitos produciendo las carcajadas de todos: niños y adultos incluidos, etc.

Luego mi papá dice ”años después, la lectura de un libro, creo que sobre el arte de hablar en público…”. Ese libro fue Como Hablar Bien en Público e Influir en Los Hombres de Negocios”, de Dale Carnegie. 

Con el tiempo, ”el show de la memoria”, dejó de ser un espectáculo circense y se convirtió en una técnica enseñable, para tener una super memoria, tal cual lo muestran Dale Carnegie y muchos otros. 

Lo mismo pasa con la inteligencia: si se puede tener una super memoria, de la misma manera se puede tener una super inteligencia, en ambos casos mediante técnicas de enseñanza sistemática y aprendibles. 

10-El mismo principio de Santo Tomás de Aquino, ‘‘nada existe en el intelecto que no haya existido antes en los sentidos”, lo sepamos o no, también aplica a lo que se ha llamado la “Inteligencia Emocional”. Hay un dicho popular que lo define muy bien:

Ojos que no ven, corazón que no siente”.

Es decir, antes de sentir, hay primero que ver u oír, porque si no ves o no oyes, no puedes sentir. Por lo tanto, te sentirás bien o mal, de acuerdo a lo que anteriormente, viste o no viste, oíste o no oíste.

Lo anterior implica, que así como sucede con la inteligencia, el camino a los sentimientos también está en los sentidos (en 1979, Peter Salovey, rector de la muy prestigiosa Universidad de Yale, empezó con la teoría de la “Inteligencia Emocional”. Posteriormente, Daniel Goleman, siguió por ese mismo camino. Lo hizo en los años 1995-96, con sus muy influyentes artículos de prensa y con su libro “Inteligencia Emocional”).

E incluso, el mismo principio de Santo Tomas de Aquino, también se aplica al conductismo. El padre del conductismo es William James, prominente psicólogo de Harvard (1842-1910).

William James dice que “no lloramos porque estamos tristes sino que estamos tristes porque lloramos”. Es decir, según William James, la acción no sigue al sentimiento, sino que el sentimiento sigue a la acción. Por lo tanto, para cambiar la tristeza por alegría, no debemos de concentrarnos en la tristeza sino en el llanto, lo cual implica que si queremos dejar de estar tristes para pasar a estar alegres, como por arte de magia nos sentiremos alegres si dejamos de llorar y comenzamos a reír.

Ahora bien, hay que entrar por los sentidos, para por ejemplo poder manipular el sentimiento tristeza y cambiarlo por el de alegría. Lo que nos hace llorar o nos hace reír, es algo que previamente vimos, escuchamos, olimos, degustamos o palpamos.

B. F. Skinner fue seguidor de William James, tanto en el conductismo como en la facultad de psicología de la universidad de Harvard (B. F. Skinner: 1904-1990).  B.F. Skinner dijo que ”no cabe duda de que el proyecto en su totalidad, será considerado como uno de los grandes experimentos sociales de este siglo”.

11- Leyendo el libro Camino, de San Josemaria Escrivá, encontré el punto número 978:

“Venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum” —venid detrás de mí, y os haré pescadores de hombres. —No sin misterio emplea el Señor estas palabras: a los hombres —como a los peces— hay que cogerlos por la cabeza.

¡Qué hondura evangélica tiene el “apostolado de la inteligencia”!

La idea del “apostolado de la inteligencia”, a mi papá, le gustó mucho. Eso hizo que no mucho tiempo después me dijera que su prédica del Evangelio consistía en la primera obra de misericordia espiritual que consiste en “enseñar al que no sabe” (hacer que se aprendiera a desarrollar la inteligencia). 

12-La siguiente oración para pedir inteligencia es Santo Tomás de Aquino. Se la había enseñado el ex presidente Rafael Caldera y mi papá me la enseño a mí:

“¡Oh inefable Creador nuestro, que con los tesoros de tu sabiduría formaste tres jerarquías de ángeles y las colocaste con orden admirable en el empíreo cielo, y distribuiste las partes de todo el universo con suma elegancia!

Tú, Señor, que eres la verdadera fuente de luz y de sabiduría y el soberano principio de todo, dígnate infundir sobre las tinieblas de mi entendimiento el rayo de tu claridad, removiendo las dos clases de tinieblas en que he nacido: el pecado y la ignorancia.

Tú, que haces elocuentes la lengua de los infantes, instruye mi lengua y difunde en mi labios la gracias de tu bendición.  Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y abundancia para hablar.  Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar.

¡Oh Señor!, que vives y reinas, verdadero Dios y hombre, por los siglos de los siglos.  Amén”.

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Luis Alberto Machado Sanz

@caballitonoble

machadosanz@gmail.com 

Abogado