Reporte Católico Laico

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“Recordar que somos misioneros siempre”

“Recordar que somos misioneros siempre”

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO 

24 DE JULIO DE 2016

COMENTARIO A LA SEGUNDA LECTURA

(Col 2, 12-14)

 

En este decimoséptimo domingo del tiempo litúrgico ordinario, continuamos la lectura de la carta a los Colosenses. Hoy el tema central es el bautismo, por el cual morimos al hombre viejo marcado por el pecado, y resucitamos a una vida nueva en Cristo. Pablo no quiere que los colosenses se crean obligados a hacerse circuncidar y a vivir según la Ley de Moisés. Porque él, que estaba circuncidado y había vivido según la Ley, sabía por experiencia que eso no lo había salvado.

 

No basta quitarse un trocito de piel por la circuncisión. Es necesario desprenderse de todo el hombre viejo. Es decir, morir a la mezquindad, al egoísmo, a la codicia, a la excesiva confianza en sí mismo, todo esto en que cunde el pecado. De esto es lo que debemos desprendernos en nuestra vida. Hay un gesto que para los cristianos reemplaza la circuncisión: el bautismo. Uno ahoga al pecador que lleva en sí y sale del agua, “resucita”, con Cristo. Claro está que dicha muerte y resurrección se cumple definitivamente si uno vive y muere en conformidad con lo que representa el bautismo.

 

Por el bautismo participamos del Misterio Pascual de nuestro Señor Jesucristo. Pascual viene de paso: el paso de la muerte a la vida. Nuestro Señor murió en la cruz, pero resucitó, venciendo a la muerte. En el bautismo participamos de este gran Misterio. Es el morir con Cristo al hombre viejo para resucitar con Él a una vida nueva. Vivir nuestro bautismo es vivir en una constante conversión. Siempre estamos necesitados de cambiar, de mejorar, de corregir cosas que sabemos no están bien en nuestra vida, para ser cada día mejores cristianos, mejores hijos de Dios. Esto es vivir nuestro bautismo.

 

No basta con recibir el sacramento del bautismo. Es necesario resucitar con Cristo. Hoy tenemos en América un 90 por ciento de bautizados; pero, de hecho, el bautismo no cambia cosa alguna en su vida. El cristiano, por regla general, no pertenece a ninguna comunidad renovadora. Le hace falta todavía el despertar, el cambio profundo: fue bautizado, pero no resucitó.

 

Es necesario que los católicos asumamos un papel más protagónico en nuestra fe. Recordar que somos misioneros siempre. Donde quiera que nos encontremos hay una oportunidad para dar testimonio de nuestra fe, sobre todo con nuestro buen ejemplo. Somos embajadores de Jesucristo, y por tanto, constructores de la paz, que tiene como base la justicia entre los hombres. El cristiano está llamado a ser levadura en medio del mundo, transformándolo totalmente desde el Evangelio. Es la misión que el Señor nos ha encomendado: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio. Pidamos a Dios la gracia de vivir fielmente nuestro bautismo hasta el fin. Amén.

 

Pbro. Juan Carlos Benítez E.

Parroquia San José de Chacao.