Reporte Católico Laico

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Dejar lo que nos estorba

Dejar lo que nos estorba

La Carta a los Hebreos nos invita a despojarnos de todo aquello que no nos sirva y más bien nos estorba. Lo que nos estorba nmo son las cosas que puedan darnos fastidio en la vida cotidiana, sino el pecado, el cual nos ata y nos separa de Dios. Por tanto, hace derivar nuestras sendas hacia la perdición. Los pecados constituyen un pesadísimo fardo que impide una movilidad hacia la perfección de la vida cristiana. Sólo así se podrá correr y caminar con perseverancia. Esta es una de las virtudes preferidas de los primeros cristianos: porque perseveraron pudieron vencer las tentaciones y no sentir miedo incluso ante el martirio. Porque perseveraron nos dejarn la herencia de la fe…. Es lo que debemos hacer de manera permanente: perseverar. Para ello, hay que estar ligeros de equipaje y dejar, pues, lo que nos estorba, el pecado.

 

El autor de la Carta a los Hebnreos, por otro lado nos presenta cómo podemos ir siempre adelante:”fija la mirada en Jesús, autor y consumador de nuestra fe”. Allí está la clave. Poner la mirada en Cristo Jesús, pero con el sentido de entrar en comunión con Él. No se trata de una simple mirada de reojo, o para verlo: se trata de optar por Él, quien es el autor y consumador de la fe de cada uno de nosotros los creyentes. La garantía que Él mismo nos ofrece es su entrega redentora en la Cruz.

 

El mismo autor sagrado nos invita a meditar y asumir el ejemplo del Señor cuya consecuencia es también clara: “y no se cansen ni pierdan el ánimo, porque todavía no han llegado a derramar su sangre en la lucha contra el pecado”. Es una posibilidad cierta la del martirio. Pero sabiendo en quién se pone la confianza se podrá vencer toda tentación de desaliento y desánimo. Hoy se suele decir que la gran tentación propuesta por el demonio es la del desaliento, la del fastidio por las cosas de la fe, la del desánimo. Pero con la mirada puesta en Cristo y en la opción por Él, no sólo se tendrá perseverancia, sino que también habrá fortaleza en las pruebas.

 

Un ejemplo lejano pero premonitorio lo encontramos en Jeremías. Por su predicación molestó la aparente tranquilidad y confianza de los jefes y sacerdotes del pueblo de Dios. Muchas veces le manifestaron su desacuerdo y lo reclamaron y lo metieron en un pozo seco para que en él muriera. Eso le sucedió a otros profetas y al mismo Jesús. Sin embargo, quienes así actuaban no se direon cuenta del fuego que había venido a encender el Maestro: un fuego que consumía el mal y servía de purificación a los fieles creyentes y hombres de buena voluntad.

 

En el mudno de hoy es importante saber encender el fuego de Cristo. Para hacerlo no podemos andar con pesos que nos estorben, los pecados; no vaya a ser que se nos encienda nuestra existencia con el fuego devorador del mal. Si estamos liberados del pecado, nos toca vivir en perseverancia, la del amor y la de la Palabra de Dios. Eso nunca nos estorbará.

Monseñor Mario Moronta

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.