Reporte Católico Laico

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4 Rectores Eméritos de la ULA se dirigen a la opinión pública

4 Rectores Eméritos de la ULA se dirigen a la opinión pública

El día del trabajador universitario quienes suscribimos, exrectores de la Universidad de Los Andes, hemos querido hacer del conocimiento público algunas de las reflexiones cuya principal motivación es la grave situación de crisis que en todos los órdenes confronta la sociedad venezolana en general y la universitaria en particular.

Desde la cualidad de Rectores Eméritos de la Universidad de Los Andes, condición que hemos tratado de honrar en nuestras actividades públicas y privadas como un obligante mandato moral que nos compromete no solo con la Institución a la que servimos sino también con el país, la región y la sociedad que los constituyen, estimamos oportuno en esta hora compartir, las siguientes reflexiones sobre el país y sobre la Universidad.

 

Al finalizar el primer trimestre de 2017 no podemos menos que deplorar el sombrío panorama social que ofrece Venezuela. Millones de compatriotas, en general con una sólida formación universitaria y la gran mayoría jóvenes, están abandonando el país. La nación está aislada y en estado de sospecha internacional para la comunidad democrática mundial. El Estado deshilachado institucionalmente. La economía nacional destruida y la pobreza convertida, otra vez, en el centro del drama de casi toda nuestra población, que bajo la forma de opción de progreso, en el pasado alentó el orgullo de millones de venezolanos y hoy, sencillamente, ha dejado de ser una esperanza para todos.

 

En la Venezuela actual hay obreros y trabajadores del campo pero no hay clase obrera ni clase campesina. Las pujantes clases medias de hace algún tiempo, estimuladas por la formación universitaria y la actividad de medianos y pequeños empresarios rurales y de la ciudad, están en trance de desaparecer asfixiadas por un empobrecimiento aniquilador. En la estructura actual de la vida social del país solo se ve en estos momentos a una burguesía que emerge a la sombra del enriquecimiento que le permite el ejercicio del poder, a los que se alimentan de la corrupción. El narcotráfico se anuncia y se denuncia junto con los efectos letales del crimen y la delincuencia organizada como la nueva peste a la que se enfrenta inerte nuestra sociedad.

 

Guardando las distancias, Venezuela está en trance de quedar, al término de estos primeros veinte años del siglo XXI, en situación parecida a aquella cuando concluyó nuestra guerra de independencia, como girones de una República en riesgo de desaparecer y de volver a vivir las mismas o parecidas aventuras que vivió nuestra sociedad en el siglo XIX, cuando la ley del fusil era la única brújula del naciente Estado. En medio de todo esto la clase política presenta un cuadro de conflictos y fracturas sin guía precisa para sus acciones y tiene que conformarse con registrar el creciente número de venezolanos que toma distancia de ellos. Solo vemos como un signo de difícil calificación que entre quienes tienen la mayor cuota de responsabilidad en el cuadro lamentable actual de la República pareciera comenzar a sentirse una reacción que podría servir para superar el cuello de botella político en que nos encontramos y al propio tiempo reivindicar, así sea parcialmente, las graves lesiones materiales y morales que ha sufrido el prestigio de la institución.

 

La Universidad venezolana en medio de las precarias condiciones actuales, junto con la intelectualidad más lúcida del país e instituciones respetadas como la Iglesia, tienen el reto de llenar el vacío que ha dejado la crisis del liderazgo nacional. No obstante, bajo la condición desde la cual hablamos solo queremos ahora hacer referencia a la Universidad.

 

La Universidad ha ejercido en Venezuela y en la América Latina el liderazgo intelectual de nuestras naciones en los momentos estelares de su historia. La naturaleza de la Universidad la ha puesto a la vanguardia de las transformaciones más importantes y trascendentes del país. La Universidad para poder cumplir, otra vez, la misión que le está exigiendo hoy la historia, tiene que hacer un esfuerzo para sacudirse las rémoras que entraban y perturban el desempeño de sus funciones naturales.

 

La Universidad siempre ha tenido la tarea innata de ser un espejo en el que pueda mirarse con legítimo orgullo nuestra sociedad. Nos entristece tener que reconocer que en estos momentos, esta tarea no se cumple cabalmente como consecuencia del deterioro institucional que se ha visto incentivado por una abierta política de acoso, para tratar de evitar que cumpla con su ineludible deber de ser conciencia crítica del país en ejercicio pleno de la autonomía consagrada en la Constitución. Sin embargo, a pesar de ese acoso institucional al que es sometida desde el poder y de la consecuente pérdida del rumbo interior de su trabajo, expresamos nuestro respeto hacia aquellos universitarios que sobreponiéndose a las adversas condiciones, estudian, dan clases, producen ciencia, cumplen con sus obligaciones de apoyo a la actividad académica y se niegan a formar parte del conglomerado que en estampida busca horizontes fuera de Venezuela que hoy la Universidad no puede ofrecerles. Pero sobre todo, a pesar de su aparente o real desorganización, confiamos en los jóvenes. Sin que en estricto sentido haya necesidad de recordarlo, cien años después de la Reforma de Córdoba, que comenzó la reforma universitaria en América Latina sigue siendo una verdad, que las excepciones no pueden desmentir, lo que afirmaron entonces los líderes estudiantiles: “la juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando”.

 

Seguramente en nuestras gestiones rectorales se cometieron errores de los que somos responsables, pero honestamente creemos que nadie podrá señalarnos deslealtades a los principios universitarios ni a la decencia ciudadana. Por esta convicción reiteramos la voluntad de ser firmes en una lucha que será difícil, que tendrá muchos riesgos y que probablemente tomará más tiempo del que todos deseamos. La reconstrucción de la República no necesita otro salvador sino disciplina, mucho trabajo, paciencia colectiva y solidaridad siempre presente con los que más han sufrido.

 

Nuestro reconocimiento y solidaridad para quienes defienden la institucionalidad y hacemos un llamado a todos los universitarios a brindarles su apoyo y no distraer esfuerzos en discusiones intrascendentes, a redoblar esfuerzos para cumplir con nuestra misión y denunciar y rechazar en forma contundente a quienes pretendan utilizar la institución universitaria en beneficio propio o de una determinada parcialidad y hacer causa común con todos quienes estén dispuestos a superar la crisis institucional de la Universidad y del país.

 

Mérida, marzo de 2017,

 

José Mendoza Angulo

Nelson López Rodríguez

Miguel Rodríguez Villenave

Genry Vargas Contreras