Reporte Católico Laico

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Séptima Palabra: “En tus manos encomiendo mi espíritu”

Séptima Palabra:  “En tus manos encomiendo mi espíritu”

 

 

Cruz de Cristo,

cuyos brazos

todo el mundo han acogido.

 

Cruz de Cristo,

cuya sangre

todo el mundo ha redimido.

 

Cruz de Cristo,

luz que brilla

en la noche del camino.

 

Cruz de Cristo,

cruz del hombre,

su bastón de peregrino.

 

Cruz de Cristo,

árbol de vida,

vida nuestra, don eximio.

 

Cruz de Cristo,

altar divino

de Dios-Hombre en sacrificio. Amén.

 

¡Vivir! Aprender a vivir la vida es abrirnos a Dios. Dios que ha vivido como humano nos hace sus hijos por su creación y por la redención. Pero podemos darle la espalda y, entonces, morir para siempre. Podemos cerrarle los brazos y secarnos como rama yerta. Jesús lo sabe. Por eso solo nos da su espalda para cargar con nuestro peso. Pone su cara para recibir los desprecios y humillaciones que nosotros merecemos. Pero nunca huye ni nos condena. Haz tú lo mismo. Abre las manos para dar, como Jesús, que permitió libremente que perforaran sus manos puras por las nuestras, que son pecadoras. Abre tus brazos para recibir al pobre y despreciado como Jesús recibió al ladrón, a Judas, a los fariseos, a la prostituta, a los leprosos y endemoniados… ¡A todos! Calma la sed de Jesús, su dolor, sus caídas en los Cristos de la calle, del trabajo, de la esquina. Jesús cae y lo ayuda el cireneo a levantarse. Anoche calló el indigente que duerme sobre el cartón. ¿Lo ayudas? Frío y espasmos siente Jesús en la Madera. Frío y temblores atraviesan las carnes de los venezolanos sin casa, ropa, ni medicinas. Dios desnudo, doliente y enfermo, no piensa en él, sino en ti. Es Jesús quien se esconde en la apariencia de tu hermano. Él te grita: ¡Ayúdame! Dios puede cambiarlo todo. Él te grita a la cara: ¡anda que te ayudo! Encomiéndate a mí y te salvaré a ti y a él. ¡A los dos! ¡Yo soy el Salvador del mundo! Y, aunque no lo parezca, porque voy vestido de sangre, salivazos y tierra, pronto esta oscuridad pasará y la lluvia bendita de la presencia de mi padre hará germinar la planta de mi cruz y la convertirá en Árbol florido de salvación. Ya lo hice con mi amigo Lázaro. Solo te pido fe, hijito – dice Jesús – y volveré a caminar eternamente para abrirte la senda de luz a la Casa de nuestro padre. Amén

William Rodríguez Campos

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