Reporte Católico Laico

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Homilía del Arzobispo de Caracas: Misa de acción de gracias por la Beatificación del Padre Luis Ormieres

Homilía del Arzobispo de Caracas: Misa de acción de gracias por la Beatificación del Padre Luis Ormieres

Homilía en la Misa de acción de gracias por la Beatificación del Padre Luis Ormieres,  Domingo del Buen Pastor y  Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, 7 de mayo de 2017, Catedral Metropolitana de Caracas ,  +Jorge Urosa Savino, Cardenal Arzobispo de Caracas.

Este IV domingo de Pascua, llamado del Buen Pastor, celebramos en la Iglesia universal la  54ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Instituida por el Beato Paulo VI,  esta Jornada quiere impulsar en todos los fieles católicos  la conciencia de la necesidad de las vocaciones al sacerdocio y  la vida consagrada, y promover el trabajo y la oración para suscitarlas en toda la Iglesia.

Hoy en nuestra Santa Iglesia Catedral tenemos un motivo adicional de alegría: damos también gracias  a Dios por la beatificación del Padre Luis Ormieres, efectuada el pasado 22 de abril en Oviedo, España. El P. Ormières, de origen francés, fue un insigne  sacerdote diocesano de insignes virtudes, fundador de la benemérita congregación de Hermanas del Ángel de la Guarda, a las que felicitamos de todo corazón.

CRISTO, EL BUEN PASTOR

En esta solemne ocasión, nuestra mirada se dirige en primer lugar a Cristo, el Buen Pastor. Con gozo agradecemos  al Padre celestial por habernos enviado a su Hijo único, Jesucristo,  para que ofreciéndose en la cruz por su amor y por amor a la humanidad, obtuviera la redención de nuestros pecados.  El, triunfador de la muerte, se presentó a sí mismo ante nosotros como  el buen pastor  que da la vida por sus ovejas (Cfr. Jn 10, 11),  como la puerta por la que debemos pasar para llegar a los verdes pastos del reino de los cielos (Cfr. Jn 10,8-9), como aquél que vino para que tengamos vida y vida abundante (Cfr.Jn 10,10). Jesús es el Buen Pastor que ofrece su vida como  sacrificio de la nueva alianza, como el sumo sacerdote del Nuevo Testamento, que obtiene para nosotros la remisión de nuestros pecados y la posibilidad de tener una vida nueva, como hijos adoptivos de Dios.

En el marco de este aspecto de la vida y obra de Cristo, la Iglesia entera pide al Señor que nos conceda abundantes vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Necesitamos muchos sacerdotes que sean, como Cristo, buenos pastores que den la vida por sus ovejas.  Necesitamos muchos hombres y mujeres  consagrados a Dios y a la Iglesia  que entreguen  sus vidas por el pueblo, para que éste tenga vida, la vida misma de Dios que recibimos en el bautismo, y para que pueda también, vivir una vida apacible, abundante, y feliz.

En Caracas y en toda Venezuela esta fecha marca el inicio de la Campaña Vocacional, hasta el Domingo de Pentecostés. Durante estas semanas estamos invitados a realizar diversas actividades orientadas a suscitar en los muchachos e nuestras parroquias y colegios, el interés por la vida sacerdotal, y por la vida consagrada, y a orientarlos a consolidar la vocación que Dios haya podido inspirarles.

EL BEATO LUIS ORMIÈRES EJEMPLO DE ENTREGA A DIOS

Este año, en esta  Jornada de Oración por las Vocaciones Consagradas, celebramos también  esta acción de gracias por la beatificación del Beato Padre Luis Ormières,  un insigne sacerdote francés recientemente elevado a los altares. El,  imitando a Jesús, fue realmente un  buen pastor como Nuestro Señor Jesucristo. Hoy,  a través de la benemérita congregación que él fundara, las Hermanas del Ángel de la Guarda, sigue presente en el mundo, para proyectar la luz de Cristo, la luz de la vida, para que los niños y jóvenes de las escuelas y parroquias donde las Hermanas  del Santo Ángel realizan su labor apostólica, tengan vida y vida abundante. Gracias a Dios ellas también están con nosotros en Venezuela desde 1950, y realizan actividades pastorales y religiosas en 11 comunidades distintas, 4 de ellas en Caracas. Así perpetúan ellas la vida y obra del P. Ormières en nuestra Patria.

El nuevo Beato nació en Francia el 14 de julio 1809, en plena época de la post-revolución francesa. Recibió la ordenación sacerdotal a la edad de 24 años. Sacerdote diocesano, trabajó intensamente, con gran dedicación y abnegación en varias parroquias muy difíciles, incluso una donde había epidemia de peste, a la cual se ofreció a ir, dándonos  ejemplo a nosotros, los seminaristas, sacerdotes y Obispos de la Iglesia. Para él, el servicio a los demás estaba por encima de cualquier otro interés y también del riesgo de su misma vida como lo demostró en su entrega a los afectados por las epidemias en Camus (1838 y 1845).

Fue  un hombre de acción y de fidelidad que respondió al llamado de Dios, siguiendo con decisión su vocación al ministerio sacerdotal para ser buen pastor como Nuestro Señor Jesucristo. Se consagró a  atender a la educación de los niños de las montañas del sur de Francia, que carecían  de cultura y formación cristiana; de ahí su esfuerzo por conseguir  religiosas que junto con él se entregaran generosamente a esta causa. En 1839 fundó la primera Escuela, con tres religiosas que más tarde dieron origen a  la  Congregación de las Hermanas del Ángel de la Guarda. Vivió su vocación de educador con esmerada atención a la formación de los niños más desfavorecidos, pues estaba persuadido de que donde están los pobres allí debe estar la Iglesia. Fue un hombre de gran personalidad e iniciativas oportunas y eficaces, totalmente consagrado al Señor, con un gran deseo de evangelizar. Expresaba su anhelo en una de sus máximas: “Formar verdaderos discípulos de Jesucristo es nuestro único fin”. Murió en fama de santidad, rodeado del afecto de los suyos,  en 1890.

El padre Ormières dio al Señor  una  respuesta pronta y generosa que también contagiaba  a las religiosas del Ángel de la Guarda a ser “verdaderos ángeles custodios del prójimo necesitados de guía y de consuelo, con una actitud de sencillez humilde y confiada en el Señor, de generosidad en el servicio, de disponibilidad al anuncio del Reino de Dios mediante el testimonio coherente del Evangelio” (Cardenal Angelo Amato, Homilía en la beatificación del P. Ormières).

CONCLUSION.   Celebrar hoy en Caracas la beatificación del Padre Ormières nos invita a imitarlo como buen pastor que da la vida por sus ovejas. Con generosidad, sin medirse, con entrega sacrificada por el bien de las almas. Así debemos ser los sacerdotes y los consagrados en nuestra Venezuela de hoy. Demos, pues,  gracias a Dios por el beato Luis Ormières, sacerdote diocesano, y por sus hijas espirituales,  las Hermanas del Ángel de la Guarda.  Como Arzobispo de Caracas les agradezco de todo  corazón, queridas hermanas,  el trabajo pastoral y el testimonio de vida consagrada a Dios entre los pobres, camino de  felicidad, que dan Ustedes en nuestra querida ciudad.

Amadísimos hermanos todos: pidamos insistentemente al Señor que nos conceda en nuestra patria y en Caracas abundantes vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Y que nos sostenga, conforte y nos de perseverancia  a quienes en medio de tantas dificultades hacemos presente al Señor en medio de nuestro pueblo.

Pongamos estas intenciones en las manos amorosas de la Santísima Virgen de Coromoto, nuestra dulce patrona. Amén.