Reporte Católico Laico

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En El Tocuyo: Pidieron a San Antonio por la paz

En El Tocuyo: Pidieron a San Antonio por la paz

 

“Venezuela necesita paz, que los venezolanos volvamos a tratarnos como hermanos, no como enemigos, que todos aquellos que abandonaron el país, huyendo por sentirse perseguidos o por la situación, puedan regresar con tranquilidad; eso es lo que estamos pidiendo hoy a San Antonio”.

Esa fue la imploración que Justino Torrealba, un señor de la tercera edad, dirigió hoy al patrono de los tocuyanos en su día.

En peticiones como esa coincidió la gran cantidad de mujeres y hombres, jóvenes y adultos, que este martes 13, en una mañana lluviosa, acompañaron la imagen del santo de los negros, de los niños, de los desposeidos, en la tradicional procesión del 13 de junio.

En la capital del municipio Morán, la alegría comenzó antes del amanecer con el repique de campanas desde la iglesia San Francisco, seguido por las detonaciones de fuegos pirotécnicos.

Como todos los años, en una casa de Dios colmada de fieles, a primera hora de la mañana se celebró la misa especial a cargo del sacerdote Jesús Martínez, oficio religioso en el que se imploró por la recuperación de la paz en Venezuela.

Y, conforme ya también es tradicional, los sones del Tamunangue se dejaron escuchar en los instrumentos y voces de los grupos típicos tocuyanos encabezados por “El Pariente” Carlos Ernesto Yépez, junto a otros reconocidos golperos.

La multitud participante en el oficio religioso fue creciendo durante el recorrido por las dos principales avenidas de la ciudad, Fraternidad y Lisandro Alvarado.

En el recorrido, la romería ib a haciendo paradas frente a establecimientos comerciales donde dueños o empleados improvisaban altares con imágenes de San Antonio.

Allí, parejas jóvenes, adultas y hasta infantiles, bailaban algunos de los sones del Tamunangue, en especial La Batalla, con la que daban muestras de su dominio con el garrote encabullao.

Mujeres y niñas engalanaban el panorama con sus vestidos multicolores, mientras los varones lucían liquiliques blancos o marrones, otro símbolo de esa manifestación cultural con más de 400 años de tradición, con partida de nacimiento en El Tocuyo, de acuerdo al historiador Pedro Rodríguez Rojas.

En la calle 19 de la avenida Fraternidad, una familia se dediccaba a repartir pan entre la multitud, otro símbolo de la vida del santo, entregada a los demás.

Una vez en la avenida  Lisandro Alvarado, la alegría de voces e instrumentos cobraba mayor fuerza, pese a la tenue lluvia que por momentos caía sobre los acompañantes de la imagen del patrón, con el niño en brazos, un rosario colgando y un libro entre las manos.

También en esa arteria vial se multiplicaron los improvisados altares con la figura de San Antonio y se escuchaban sones tamunangueros, como, “Ah mi padre San Antonio, dónde está que no lo veo”, o, “Adorar adorar adorar a San Antonio..adorar adorar adorar, adorar a San Antonio”.

Como todos los años, la procesión tuvo su “toque” frente a la entrada principal de la alcaldía de Iribarren, donde su titular, Teódulo Medina, como buen devoto, no perdió la oportunidad para, con su pareja, también ejecutó en el baile uno de los sones.

De allí, nuevamente bajó la suave lluvia, que algunos de los presentes calificaron como “un regalo de Dios para refrescar algo la temperatura que ya comenzaba a caldearse”.

La estación principal del recorrido, como todos los años, estuvo en la plazoleta Pablo Rodríguez, “La Ñema”, nombre de uno de los fundadores de Los Golperos de El Tocuyo, fallecido.

Allí también se bailó y se cantó en honor al santo, antes de continuar el caminar hacia el asilo San Antonio, última parada de la procesión que debía concluir donde comenzó, la iglesia San Francisco, aunque terminado el aspecto religioso, la popular se extendería hasta la noche en varios puntos de la Ciudad Madre de Venezuela.

Hugo J. Boscán/El Impulso