Reporte Católico Laico

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Cuando me case, yo lo cambio

Cuando me case, yo lo cambio

RCL les invita a leer a Juvenal Salcedo Cárdenas.-

La Amoris Laetitia  tiene  tal y tan grande riqueza sobre la familia, que   debemos aplicárnosla  y  ayudar  a otros, en la medida de nuestras posibilidades.

En   algunas clases sobre orientación matrimonial, donde hemos sido charlistas, hemos oído a damas que dicen: “cuando me case yo lo cambio”. Les digo: Mijita, bájate de esa nube  y ven aquí a la realidad, como dice la canción. Nadie cambia  a nadie. Ese otro puede cambiar bajo orientación, pero el orientador, es eso: orientador. El capitán de la nave es el que busca orientación. El maneja   su vida (la nave). El orientador es el co-piloto.

El “yo lo cambio” de las damas, también existe en los  caballeros: Yo la cambio. Se aplica la misma medicina.

En nuestra familia Salcedo Valladares  el “Yo  la cambio…” fue de parte mía. Nunca oí entre nuestros íntimos amigos que Ligia dijera: Yo lo cambio.

Nosotros tuvimos la Gracia de Dios de tener a alguien que sabía muchísimo  sobre formación para el matrimonio  y orientación matrimonial. Hoy va camino de los altares.

Nuestra familia Salcedo  Valladares es  una familia musical, que no de músicos, sino que nos gusta a todos la música y la disfrutamos mucho.

La doña canta, sobre  todo boleros, pero además, en cada acontecimiento que nos sucede  siempre tiene una canción  a la mano, que se le ocurre en el momento. Yo también canto (en el baño).

Les traigo una anécdota  musical en este crecimiento en el matrimonio. Al  comienzo de nuestro noviazgo coordinamos  que yo pasaba  buscándola a tal hora para ir al teatro. Llegué y no estaba lista y tuve que esperar. Al  salir  le dije: la próxima vez si no estás lista  no vamos para  ninguna parte. Me contestó: no me amenace.

Al día siguiente  como estaba brava,  yo tenía que ceder. Le llevé  de regalo  un disco con una canción ranchera  que se llama “No me amenace”. La oímos, nos reímos  y hasta allí llego la  desavenencia, la calentera (en Venezuela tiene otro nombre).

Cada situación en nuestras vidas tiene una canción. No voy a abundar.

Esta introducción es porque yo me decía: “Al casarme yo la cambio”. Tuve que bajarme de esa nube. Mis amigos ante  esta situación me dijeron: Mire “Señor marido musical”, ¿cuál fue la canción en esta oportunidad? Les contesté: Estaba de moda una canción de Juan Vicente Torrealba  llamada “La potranca zaina”. Debo ir traduciendo la canción porque  es del ambiente rural, bucólico. Los citadinos no entienden ese lenguaje. No tienen porqué entenderlo.

La potranca es la yegua  joven, virgen, el  potro o potranco es el caballo joven. Zaina es de color castaño oscuro.

J.V.T, llanero, veía  a su novia como una potranca zaina. Dirán: ¡que galán!, la compara con un animal. No. El amor es muy amplio. Hay que amar  a la naturaleza: árboles, minerales (que bonito es un rubí, una esmeralda, un diamante, etc.). ¡Que bello es un cafetal! un cañaveral, un bosque de pinos. Piensen  en  aquel que  ama a los perros y su variedad. Los amantes de los pájaros, el ganado caprino, lanar, vacuno, caballar, etc.

Pudiera alguien decir: ¡Que  bella es mi novia!  Es  una esmeralda, es una perla, es una orquídea, etc. ¡Que bella es mi novia!  Es como  una potranca zaina.

Mi novia, la que “yo cambio cuando nos casemos” (¡!) era como una potranca zaina.

Dice la canción: “les contaré señores/la historia muy bonita/de linda potranquita con ojos soñadores/colita de caballo/ andar pasitrotero/ de crines muy hermosas/ corría por los esteros/ Era una potranca muy singular/ no conocía el amor/ no conocía corral/ no conocía  bozal/ solo quería vivir/ por el palmar/era la potra zaina/ la flor de la llanura/ caballos y potrones/sufrían por su hermosura/ paseando en las  sabanas/ en las noche de luna/ coqueta  se miraba/ su sombra  en la laguna/  la potranca  al fin se descuidó / y un día primaveral/ a orillas del palmar / en mi lazo cayó/ la zaina así perdió su libertad”.

Mi novia era linda, y es. Mi doña me asesora en cuanto a la potranca, y me  dice: le voy a robar la inspiración a Simón Díaz de “Caballo viejo”, para decir: Yo no soy la potranca, soy  la “yegua vieja”. Nos reímos.

Era mi potranca Zaina (mi novia) de ojos  soñadores, colita de caballo (se usaba en ese entonces) y era de un andar muy elegante. Si conocen a los caballos de paso verán   que elegantes son al trotar. Cuanto más  una potranca de “andar pasitrotero”. Pues  esta  es  mi “Yegua vieja”.

Cuando joven universitaria era de andar muy elegante. ¡Muérete que hasta fué  candidata por la Facultad de Economía a reina de la UCV! ¿Qué tal?    Mal gusto que tenía este galán.

Era una potranca que  no conocía corral. En el llano, el corral es un lugar amplio donde se encierra el ganado vacuno o caballar. Quizás es más conocido “el corral de chivos” con el mismo fin.

Era economista muy joven y tampoco conocía bozal. Solo quería vivir libre. Así era mi potranca zaina.

Hay potrancas  bonitas, pero gafas, decimos. La mía no.

La potranca zaina se descuidó y en mi lazo cayó. Ella dice: ¿quién enlazó a quién? Perdió su libertad… ¿quién? ¿ella o el potro?

Nadie cambia a nadie. ¡Bájense de esa nube (ellos y ellas)! Nosotros nos bajamos hace cuarentinueve años.

Los dos deben dialogar y si se asesoran con especialistas, hacerlo con humildad.

La  Amoris Laetitia  nos da herramientas, pero  si nos creemos la última  pepsicola del desierto  no estamos   en capacidad de asumir la responsabilidad de  la unión conyugal.

Del número 205 en  adelante nos orienta con la preparación para el matrimonio.  Hay “…que  ayudar a descubrir el valor y riqueza  del matrimonio…buscando el mejor contexto  para la maduración y educación de los hijos.

Hay “…necesidad  de programas especiales para  la preparación del  matrimonio (206).No debemos  saturar con demasiados temas. Formación general (208) pero “…momentos personalizados…”.“…el mejor curso es desde su nacimiento en familia…Aprovechar los recursos  sociales…un ejemplo sencillo…el Día de San Valentín”.

En el número 209 nos dice que “…el noviazgo es  para conocer la posibilidad de incompatibilidades o riesgos…No exponerse  a un fracaso” “…la mera atracción  mutua  no será suficiente”. “….posibilidades  reales de estabilidad”.

Hay luces humanas y luces divinas. Que se esté claro que  “cuando me case yo lo cambio” no es posible, es anular la personalidad del otro. Los cónyuges no se excluyen, se complementan. El uno para el otro.

En los cursos  de formación les digo  que complementariedad (completar)  es  como la llave y la cerradura. Una sin la otra no cumple  ninguna función. ¿Una llave sola?  ¡Pobre llave! Una cerradura sola ¡Pobre cerradura! ¿Las dos? ¡Milagro del amor! ¿He dicho algo?

Olvídense  del “yo lo cambio, yo la cambio”.

Una verdad, también de la Amoris Laetitia, que podríamos desarrollar oportunamente  es: lo que si lo hace cambiar  uno  son los hijos .LAUS DEO.

Montreal, 10 de Septiembre 2017

 

JUVENAL SALCEDO CARDENAS.