Reporte Católico Laico

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El dolor y las penurias tienen rostro de mujer

El dolor y las penurias tienen rostro de mujer

RCL les invita a leer a Virginia Rivero Lozada;

La pregunta que nos hacemos ante la enorme crisis que nos agobia es:   ¿Qué podemos hacer las mujeres para contribuir a los cambios necesarios en nuestra sociedad? ¿Qué podemos hacer las madres, las trabajadoras, las profesionales las amas de casa para paliar esta horripilante crisis que está dejando sin futuro nuestros hijos?

Resulta cada día más imposible para una madre ocuparse de la alimentación de los niños pequeños y  de su cuidado diario como es debido; es un imposible sostener los costos de la merienda y la alimentación de los niños en la escuela; es un imposible cuidar de los ancianos; es un imposible trabajar y al mismo tiempo procurar la compra de los alimentos para el hogar dado las largas colas y la escasez.  Van a comenzar las clases y las familias están cada día más quebradas en su economía doméstica.  Es imposible afrontar el costo de los uniformes y útiles escolares para el año escolar que se inicia en unos dias. En todos los hogares hay una madre o una anciana llorando sus penurias. ¡En Venezuela el dolor y las penurias tienen rostro de mujer!

Estamos inmersos en una violación sistemática de nuestros derechos a  salud, alimentación,  educación;  y,  el derecho a una vida libre de violencia.  El Estado/ Gobierno,  se ha convertido en el negador y violador principal de estos derechos y su garantía no sólo dejó de ser progresiva,  sino que es regresiva.  Cada día menos salud, menos posibilidad de comprar alimentos, menos posibilidad de educar a los hijos; y cada día,  más violencia contra la mujer y la familia.

¿Cómo hacerle frente a esta calamidad?   Es urgente articular un movimiento nacional de mujeres que permita hacer oír las voces de la mitad social del país.  La única manera de enfrentar las adversidad y las violaciones a los derechos es organizando las mujeres en redes con la finalidad de exigir -en unidad-  las demandas de carácter social, político y económico que nos aquejan.  Iniciativas como la Red Naranja Venezuela dan un paso significativo en esta dirección y merecen todo el apoyo.

En su Encíclica Amoris Laetitia, el Papa Francisco habla de su admiración por el movimiento de las mujeres: “Vemos en el movimiento de las mujeres el trabajo del Espíritu para un reconocimiento más claro de la dignidad y los derechos de las mujeres”.  Sólo un gran movimiento nacional de mujeres podrá detener esta máquina estatal ineficiente y corrompida que nos devora y está trayendo desolación, ruina económica, pobreza material,  espiritual y muertes.

Un gran movimiento de mujeres a mediados del siglo XX  nos dio el derecho a voto como instrumento para conseguir los cambios propuestos por las mujeres.  Es indignante ver como en pleno siglo XXI tengamos que seguir luchando para exigir igualdad en la representación política y de oportunidades para optar a los cargos de elección popular.  Eso sumado a que estamos también inmersas en una lucha nacional por elecciones libres,  oportunas, universales, transparentes y secretas entre otras exigencias relacionadas con el derecho al voto y el derecho a elegir de los venezolanos.   Para nadie es un secreto que nuestro derecho humano a la democracia nos fue suprimido de un plumazo y que pasamos a vivir en dictadura con las nefastas consecuencias para el pueblo todo que eso significa.  Pero repito, las mujeres se llevan la peor parte en lo que a su condición social se refiere.

Desde la segunda mitad del siglo XX las mujeres iniciaron una lucha por lograr igualdad y equidad de género y se han venido insertando en la esfera social, política, cultural y económica de la sociedad de manera progresiva.   El “genio femenino” se viene expresando en toda la sociedad, no tan acelerado como esperamos pero en crecimiento constante.  En Venezuela, parece que esta marcha hacia la equidad se ha detenido y hemos dado marcha atrás en todos los campos.  Las mujeres hacen filas interminables para comprar alimentos, para conseguir una bombona de gas, para ser atendidas en un hospital; y es una lucha hasta para conseguir agua.   Es innegable que en Venezuela el dolor y la penuria tienen rostro de mujer. Eso está a la vista de todos.

Tenemos que luchar en unidad para que no se siga vulnerando  la dignidad de cientos de miles de mujeres a quienes se les ofrece una bolsa de comida a cambio de lealtad política.   No podemos seguir viendo mujeres sin la debida atención en los centros de salud por carencia de todos los insumos.  No es posible que tengamos que ver parturientas dando a luz sus bebes en los pasillos o en los jardines de un hospital.  No es posible que las madres no consigan leche ni pañales para los recién nacidos.   Aumenta la desnutrición y la mortalidad infantil;  Aumenta la mortalidad materna.  ¡Ya basta!

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 Foto:  Hospital Uyapar, Ciudad Guayana, Edo. Bolivar

La violencia contra las mujeres es el segundo delito más denunciado en el país pero sólo un tercio de los casos es tramitado en tribunales.   En cifras del Ministerio Público en el año 2015 los fiscales especializados en la materia imputaron a 23.190 personas y acusaron a 19.816 personas por violencia. Muy pocos están pagando esos delitos.   Estos números de Fiscalía están muy por debajo de las cifras reales de violencia que alcanzan a 8 de cada 10 mujeres teniendo en cuenta los 21 tipos de violencia especificados por las Naciones Unidas. Es decir, que sólo 2 de cada 10 mujeres en este país,  no ha sufrido violencia de género.

Razones sobran para trabajar unidas y en redes solidarias por un cambio político que restaure nuestros derechos,  traiga bienestar para nuestras familias y respeto a nuestra dignidad.  Por otro lado, la mujer cualquiera sea su condición o preparación, puede convertirse en el puente para unir a las partes separadas por el odio y la confrontación; el puente para la paz y la reconciliación;  el puente de la solidaridad entre hermanos.   El Papa Juan Pablo II fue perspicaz cuando dijo: “En efecto, es dándose a los otros en la vida diaria como la mujer descubre la vocación profunda de su vida; ella que quizá más aún que el hombre ve al hombre, porque lo ve con el corazón. Lo ve independientemente de los diversos sistemas ideológicos y políticos. Lo ve en su grandeza y en sus límites, y trata de acercarse a él y serle de ayuda. (…) (Juan Pablo II, “Carta a las Mujeres”, 1995)

En esta Venezuela desgarrada, dolida y arruinada las mujeres unidas y conformando redes de acción solidaria tenemos que luchar por nuestros derechos y al mismo tiempo,  tenemos la responsabilidad de construir puentes con aquellas mujeres que sufren y necesitan escuchar un mensaje alentador de vida y de esperanza en un país mejor.  Asimismo, animar en las mujeres el coraje  cívico necesario para rechazar ideologías que promueven el odio y la violencia; y, que nunca han servido ni van a servir para traer progreso y prosperidad a la humanidad.-