Reporte Católico Laico

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Testamento y herencia de Cecilio Acosta

Testamento y herencia de Cecilio Acosta

RCL les invita a leer a Horacio Biord Castillo.-

Cecilio Acosta, nacido en San Diego de Los Altos el 1° de febrero de 1818, murió en Caracas, en su casa de Miseria a Velásquez, N° 103, el 8 de julio de 1881, sumido en una gran pobreza material, pero inmensamente rico en conocimientos y actitudes éticas que ayudaron a alumbrar y orientar los pasos de la convulsa Venezuela de la segunda mitad del siglo XIX.

Solo una figura como Acosta podía oponerse de manera férrea a un dictador como Antonio Guzmán Blanco y su visión autocrática, megalómana y autoritaria del poder. Lección viva de dignidad y sapiencia, Acosta fue un faro destellante en una Venezuela agónica que sobrevivió a los embates de la incivilidad como estilo de gobierno. Con su obra y su trayectoria, permitió la subsistencia de la institucionalidad más allá de las coyunturas personalistas de los gobernantes, lo que con frecuencia olvidan los déspotas que ejercen el poder asumiendo como eterna su proyección y la duración de sus proyectos políticos.

Acosta llegó a ser miembro correspondiente de la Real Academia Española el 4 de mayo de 1869, académico honorario de la Academia de Bellas Letras de Chile el 14 de junio de 1873 y miembro honorario de la Academia Colombiana de la Lengua el 21 de septiembre de 1877. Le faltaron dos años apenas para haber integrado la Academia Venezolana de la Lengua, instalada en Caracas el 26 de julio de 1883. Seguramente hubiera sido llamado a formar parte de sus fundadores, a pesar de haber sido un férreo opositor de Guzmán Blanco, creador y primer presidente de dicha corporación. No en balde el retrato de Acosta aún señorea la sala de sesiones, junto al de Guzmán, como en una ironía de la historia. Estos nombramientos y homenajes de España, Chile y Colombia a la figura señera de Cecilio Acosta son testimonio fehaciente de su importancia y de su fama, que había trascendido las fronteras venezolanas.

El 25 de junio de 1881, trece días antes de morir, Acosta hace testamento (publicado en el libro “16 estudios sobre Cecilio Acosta en el centenario de su muerte”, coeditado en Los Teques por el Ateneo de Los Teques y la Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos en 1982, pp. 265-266). Como se encabezaban los testamentos de la época, declara que “me hallo enfermo, pero en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, y creyendo, como creo, en un solo Dios y en todos los misterios que cree y confiesa la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana”.

Declara en la primera disposición “que los únicos bienes que tengo y me pertenecen son de la casa donde he vivido, situada en la parroquia Santa Rosalía de esta ciudad, los pocos muebles que en ella constan, y algunos libros que he podido comprar con mis escasos recursos”. Señala asimismo, en la segunda disposición, que “como no tengo ningún dinero, es mi voluntad que a mi fallecimiento se tome a préstamo por mis herederos la suma que se necesite para mi entierro y funeral”. Nombra como albaceas testamentarios a Nicolás D. Delgado y al presbítero doctor Daniel Vizcaya y como herederos universales a su hermano Pablo Acosta y a su cuñada, la esposa de este, Benigna Ortiz de Acosta, padres del eminente médico Pablo Acosta Ortiz, miembro fundador de la Academia Nacional de Medicina. Finalmente, luego de anular cualquier otra disposición para darle fuerza al testamento, ruega al licenciado Vicente del Castillo que firme por él dado que se encuentra impedido de hacerlo por la enfermedad.

Es la voluntad postrera de un hombre que tiene poco que legar en materia de riquezas o dinero, de propiedades o joyas, pero que posee las gemas inestimables de la sabiduría y la tranquilidad de conciencia, un ejemplo imperecedero para la Venezuela civilista y republicana, para la mejor tradición democrática y, obviamente, un tesoro para los Altos mirandinos y el estado Miranda todo. Su nombre toca la campana que nos recuerda la supremacía del intelecto y los valores espirituales sobre la fuerza bruta y aniquiladora del poder y sus oscuros tentáculos y nos convoca a una Venezuela perfectible e inclusiva.

 

Horacio Biord Castillo

Contacto y comentarios: hbiordrcl@gmail.com

 

Artículo publicado en la columna “Voces de la Academia”. Diario La Región. Los Teques, 24 de septiembre de 2017, p. 5.