Reporte Católico Laico

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Jesús y la Revisión de la Historia

Jesús y la Revisión de la Historia

RCL les invita a  leer a Casey Chalk, escritor tailandés, editor del sitio web ecuménico Llamado a la Comunión.-
La indignación por los monumentos a personajes históricos está empezando a convertirse en una especie de histeria ciega. En Estados Unidos, los muertos confederados, los ex jueces de la Corte Suprema, Cristóbal Colón e incluso el médico del siglo XIX conocido como el “padre de la ginecología” están en la mira. En Alemania, algunos han pedido eliminar las estatuas de Martín Lutero debido a su antisemitismo. Implícito en todo esto hay una cierta ingenuidad y presunción: si hubiéramos estado en aquel entonces, no habríamos cometido esas ofensas. Las palabras de Jesús a los escribas y fariseos, sin embargo, son un remedio para ese tipo de pensamiento simplista y santurrón.

Los escribas y los fariseos, la élite religiosa del judaísmo del primer siglo, se creían herederos de antepasados ​​virtuosos. Jesús habla directamente a esta presunción:

    
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque usteds edifican las tumbas de los profetas y adornan los monumentos de los justos, diciendo: “Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos participado con ellos en derramar la sangre de los profetas”. Así, ustedes son testigos contra sí mismos, de que son hijos de aquellos que asesinaron a los profetas. Llenen, entonces, la medida de sus padres. ¡Serpientes, nidos de víboras! ¿Cómo van a escapar de ser sentenciados al infierno? (Mateo 23: 29-33)

Los escribas y los fariseos, en su santurronería, afirman que si hubieran vivido entonces, nunca habrían hecho tales obras perversas.

Lo mismo ocurre con nuestra propia generación. Juzgamos a las generaciones pasadas con un aire de autosatisfacción sobre nuestro momento iluminado actual, claramente el más virtuoso de todos los que lo precedieron. Las generaciones anteriores, y ciertamente los responsables del descubrimiento, la fundación y la pronta preservación de nuestra nación, eran ignorantes, supersticiosos e inmorales. Somos científicos, realistas y sabios. Vemos películas sobre injusticias raciales o sociales como Selma o 12 Years a Slave y raramente nos imaginamos que somos tan capaces de prejuicios o mal moral.

La verdad es que si hubiéramos sido enfrentados con los mismos desafíos que nuestros antepasados, la mayoría de nosotros probablemente habría cometido los mismos errores. Es la tendencia humana natural, tratar de encajar con el grupo, ir con la corriente, conformarse y evitar el riesgo de persecución u ostracismo. Pocas personas en cualquier generación adoptan el imperativo moral correcto; precisamente, porque las consecuencias son generalmente tan terribles. Aquellos que lo hacen son justamente considerados santos por la Iglesia. Esta es precisamente la razón por la cual los profetas del Antiguo Testamento siempre estuvieron en minoría en contra de una mayoría lenta y egoísta.

Pero Jesús tiene aún más advertencias para los santurrones:
 
    Por tanto, os envío profetas, sabios y escribas, a algunos de los cuales mataréis y crucificaréis, y azotaréis en vuestras sinagogas y perseguiréis de pueblo en pueblo, para que sobre vosotros venga toda la sangre justa derramada en la tierra, de la sangre del inocente Abel a la sangre de Zacarías el hijo de Barachi′ah, a quien matasteis entre el santuario y el altar. Verdaderamente, les digo que todo esto vendrá sobre esta generación. (Mateo 23: 34-36)

Mientras más rechacemos una evaluación honesta y justa de nosotros mismos y de nuestro momento, es más probable que cometamos el mismo tipo de injusticia y maldad que detestamos en otros y en el pasado. La santurronería genera una incapacidad para ver la verdad sobre nosotros mismos o nuestra cultura. ¿Es de extrañar que las voces radicales que piden la eliminación de cada figura histórica teñida de racismo o sexismo sean esencialmente las mismas que defienden el aborto y la eutanasia?

Jesús termina esta serie de advertencias con un lamento sobre Jerusalén, en un tono más triste, que enojado y acusador:

    
¡Jerusalén, Jerusalén, matando a los profetas y apedreando a los que te son enviados! ¡Cuántas veces habría querido juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus pollos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí, que tu casa está abandonada y desolada. Porque te digo que no volverás a verme hasta que digas: “Bienaventurado el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23: 37-39).

Estados Unidos, y el mundo entero, no necesitan más escarnio santurrón para con las figuras de nuestro pasado. Necesitamos introspección honesta, arrepentimiento y caridad. Introspección y arrepentimiento por las partes malvadas no solo de nuestro pasado, sino de nuestro presente. Caridad que se acerca a nuestra herencia, defectuosa como esta sea, con un poco más de humildad.

Un pueblo ciego a una evaluación honesta y caritativa de su historia -y el papel de Dios en y a través de personas imperfectas y pecadoras- seguramente será tan ciego a su trabajo en el presente. Además, nuestro actual hechizo, de derribar monumentos y renombrar festividades, que se está convirtiendo rápidamente en un movimiento ideológico más amplio, es, en última instancia, más divisivo que unificador y reconciliador. Como Jesús y nuestro decimosexto presidente advirtieron, una casa que se divide contra sí misma no perdurará.
Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de: https://www.thecatholicthing.org/2017/11/12/jesus-and-historical-revisionism/
 
Sobre el autor; Últimos artículos
Casey Chalk es un escritor que vive en Tailandia, editor del sitio web ecuménico Llamado a la Comunión, y estudiante en la Escuela de Postgrado de Teología de Notre Dame en Christendom College. También ha escrito sobre la comunidad de solicitantes de asilo paquistaníes, en Bangkok, para el New Oxford ReviewEthika Politika.
Domingo, 12 de noviembre de 2017