Reporte Católico Laico

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Obispo deplora profanación de sepulturas en Margarita tras calificarla de abominable

Obispo deplora profanación de sepulturas en Margarita tras calificarla de abominable

Carlos Zapata | Reporte Católico Laico.-

Caracas.- El obispo de Margarita, monseñor Fernando Castro, denunció la profanación de la sepultura de un sacerdote de Pampatar y reprobó “rotundamente” el hecho, al considerar que se trata de “una grave ofensa a Dios, al difunto y a sus familiares”.

A través de un comunicado enviado a la redacción de Reporte Católico Laico, el prelado advirtió que si la “abominable acción se hiciera para rituales religiosos” constituiría además una “práctica inhumana, porque atenta gravemente al honor y el respeto a Dios, al respeto a la dignidad humana y a la convivencia social”.

Detalló que el 2 de noviembre, en el cementerio municipal de Pampatar fue profanada la sepultura del presbítero Gabriel Isaza Botero, quien sirvió a la Iglesia de Margarita durante gran parte de su vida sacerdotal hasta su fallecimiento durante el mes de agosto.

Además, agregó monseñor Castro, “con la sepultura de los que han fallecido, ‘la Iglesia confirma su fe en la resurrección de la carne, y pone de relieve la alta dignidad del cuerpo humano como parte integrante de la persona con la cual el cuerpo comparte la historia”.

Sostuvo que la Iglesia alaba y motiva la piadosa costumbre de enterrar a los muertos, como una obra de misericordia particularmente arraigada en el pueblo cristiano. Y deploró lo ocurrido, no sin antes agradecer el apoyo de las autoridades locales, a quienes exhortó a cuidar con esmero estos lugares santos tan ligados a la fe y a las familias.

También expresó especial gratitud a las innumerables personas que se acercaron a prestar su colaboración y llamó a aprovechar el mes de noviembre, “dedicado especialmente a los fieles difuntos para orar por ellos, que es también una obra de misericordia”.

De acuerdo con el obispo de Margarita, recibirán indulgencia plenaria quienes realicen la visita piadosa a los cementerios siempre que se sigan “las condiciones acostumbradas”.

Según el Código de Derecho Canónico, con las exequias eclesiales, la Iglesia obtiene para los difuntos la ayuda espiritual y honra sus cuerpos, a la vez que proporciona a los vivos el consuelo de la esperanza.

La Santa Sede sostiene que la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados responde adecuadamente a la compasión y el respeto debido a los cuerpos de los fieles difuntos, que mediante el Bautismo se han convertido en templo del Espíritu Santo y de los cuales, «como herramientas y vasos, se ha servido piadosamente el Espíritu para llevar a cabo muchas obras buenas».

“Desde el principio, los cristianos han deseado que sus difuntos fueran objeto de oraciones y recuerdo de parte de la comunidad cristiana”. Por ello, indica la Instrucción emanada en agosto de 2016 por la Congregación para Doctrina de la Fe, “sus tumbas se convirtieron en lugares de oración, recuerdo y reflexión. Los fieles difuntos son parte de la Iglesia, que cree en la comunión «de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia».

Según el Diccionario de la Real Academia Española, profanar proviene del vocablo latino: profanāre y en su primera acepción lo define como “tratar algo sagrado sin el debido respeto”.

Este delito está previsto en el Código de Derecho Canónico, según el cual “quien profana una cosa sagrada, mueble o inmueble, debe ser castigado con una pena justa” (c. 1376). Y está contenido en el Código Penal de Venezuela, en los siguientes artículos:

Artículo 170. Cualquiera que en los lugares destinados al culto, o en los cementerios, deteriore, desperfeccione o afee los monumentos, pinturas, piedras, lápidas, inscripciones o túmulos, será castigado con arresto de uno a seis meses o multa de ciento cincuenta unidades tributarias (150 U.T.) a un mil quinientas unidades tributarias (1.500 U.T.).

Artículo 171. Cualquiera que cometa actos de profanación en el cadáver o en las cenizas de una persona y cualquiera que con un fin injurioso, o simplemente ilícito, sustrajere, fraudulentamente, el todo o parte de los despojos o restos mismos, o de alguna manera viole un túmulo o urna cineraria, será castigado con prisión de seis meses a tres años.

Artículo 172. Cualquiera que fuera de los casos antes indicados, profanare total o parcialmente, el cadáver de alguna persona, lo exhumare, sustrajere o se apoderare de sus restos, será castigado con prisión de tres a quince meses. Si el hecho se ha cometido por el administrador o celador de un cementerio o lugar de sepulturas, o por persona a la cual se hubiere confiado la guarda del cadáver o de los restos, la pena se aumentará en una tercera parte en el primer caso, y en una cuarta parte en el segundo.

La Iglesia enseña que “gracias a la Resurrección de Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo”, toda vez que la visión cristiana de la muerte se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia: “La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina; se transforma: y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”. (Instrucción sobre sepultura de difuntos, 15-VIII-2016, 2&3).

Y a través del Catecismo sostiene que: 1012 La visión cristiana de la muerte (cf. 1 Ts 4, 13-14) se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia: «La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo. (Misal  Romano,  Prefacio de difuntos).