Reporte Católico Laico

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A casi una década de su expulsión por Chávez, Vivanco arrecia lucha por DDHH en Venezuela

A casi una década de su expulsión por Chávez,  Vivanco arrecia lucha por DDHH en Venezuela

Diez años se cumplen este 2018 de la expulsión del director de Human Right Watch de Venezuela por parte de Hugo Chávez. Las razones que dieron inicio a la “pelea casada” entre el entonces Canciller y ahora presidente Maduro siguen más vigentes que nunca. Lo único seguro bajo el actual régimen es una total indefensión en la sufrida nación sudamericana.

 

Carlos Zapata | Reporte Católico Laico

 

Caracas.- La lucha es frontal y sin medias tintas, tras una histórica pelea que acumula casi una década y se volvió más que personal entre el defensor de los derechos humanos y el gobierno del entonces presidente Hugo Chávez, quien ya incluía entre sus más visibles figuras al “heredero” en el poder: el por ahora mandatario Nicolás Maduro.

En septiembre de 2008 el Gobierno de Venezuela expulsó del país al director para América de la ONG “Human Rights Watch (HRW)”, José Miguel Vivanco, después de que éste presentara un informe crítico sobre la situación de las libertades públicas en la nación durante los diez años de mandato del presidente Chávez.

El entonces ministro de Relaciones Exteriores, Nicolás Maduro, advertía tras la expulsión: “¡Ya basta, hasta aquí llegaron!: Todo aquel que pretenda inmiscuirse en los ‘asuntos internos venezolanos’ recibirá el mismo tratamiento que Vivanco”.

Dejaba claro el canciller que las violaciones a los derechos humanos eran un asunto interno y cualquier opinión al respecto sería calificada por la línea comunicacional del Estado como “injerencista”. Apenas horas previas era notificado el chileno acerca de la medida de expulsión y de ipso facto conducido al  aeropuerto internacional Simón Bolívar, donde habría tomado vuelo hacia Sao Paulo (Brasil) junto a su colega en HRW, el estadounidense Daniel Wilkinson.

Desde entonces los choques no han tenido respiro y se han intensificado en forma y en fondo, a lo largo de los últimos años. No en vano, Vivanco le dedicó a la nación sudamericana su primer tuit del año; más directamente, al “dictador” Nicolás, al plegarse a la definición del también activista Marino Delgado, quien afirmó que la “dictadura de Maduro es una fábrica de pobres”.

Dos de sus primeros 5 trinos se destinaron al mismo tema. En el siguiente recordó que durante el año 2017 el gobernante sudamericano “aplastó brutalmente toda crítica” en el país. Y a renglón seguido dejó claro que la suya es la posición también del organismo, el cual advirtió sin cortapisas que continúan las “violaciones ‘sistemáticas’ de DDHH”. ¡A toda revolución!

Abusos sistemáticos

Las fuerzas de seguridad de Venezuela abusaron sistemáticamente de los manifestantes opositores detenidos durante los meses de disturbios políticos que causaron docenas de víctimas mortales a principios del año, denunció internacionalmente el organismo.

Aunque los reportes de HRW no son nuevos ni presentan mayores novedades, coinciden ampliamente con lo denunciado por buena parte de las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos en el mundo. Y la denuncia es tan sistemática, como la perseverancia del funcionario en sus trinos alertando a la comunidad internacional.

Ya al cierre del año, la institución alertaba los abusos contras los miles de detenidos que en el marco de los más de 4 meses de encendidas protestas en las calles fueron “víctimas de golpizas, abusos sexuales” o recibieron “descargas eléctricas” en lo que, según un reporte del grupo en defensa de los derechos humanos con sede en Nueva York, muestra un nivel de represión “nunca visto en Venezuela en la historia reciente”.

“Los abusos despiadados y generalizados contra opositores del gobierno de Venezuela, incluyendo atroces casos de tortura, y la absoluta impunidad de los atacantes sugiere una responsabilidad gubernamental al más alto nivel”, alertaba a finales de noviembre José Miguel Vivanco, según da cuenta un parte de la agencia de noticias AP.

Citado por la misma fuente, el director para América de HRW habría dicho que no se trata de “casos aislados o excesos ocasionales”, sino de una acción sistemática proveniente en buena parte de “oficiales corruptos”.

El 2017 fue un año particularmente complejo para Venezuela, caracterizado por la toma de las calles, que terminaron tiñéndose con la sangre de no pocas personas, la gran mayoría de ellos: jovencitos que a duras penas llegaban a la mayoría de edad.

“Cientos de miles venezolanos tomaron las calles en abril”, recuerda la misma AP, tras el fallo del Tribunal Supremo que, controlado por el gobierno, despojó a la Asamblea Nacional de sus últimos poderes. Pese a que el controvertido fallo fue rápidamente revertido después de un aluvión de críticas internacionales, las protestas casi diarias aumentaron en un ambiente de profunda disconformidad con el gobierno de Maduro.

Un año de muertos

El año cerró con los más de 150 fallecidos (en protestas), de los que supo incluso el Papa Francisco, quien sostuvo un encuentro –también excepcional- con directivos de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), que como órgano colegiado ratificó estar en línea con el sucesor de San Pedro en su afanosa búsqueda de soluciones para la nación sudamericana.

En aquella ocasión, los prelados le llevarían también al Pontífice un peculiar informe de Cáritas, la institución social de la Iglesia, que ya en aquella fecha desnudaba una “crisis humanitaria” muy lejos de apaciguarse, toda vez que cada día afecta con mayor impacto a los niños menores de 5 años de edad, “asesinados” de hambre, por muchos considerada intencional.

Por ahora, Nicolás Maduro sigue en el poder, Vivanco sigue trinando y el Papa sigue rezando con profunda “preocupación” por Venezuela… Mientras, la población suplica a Dios un cambio urgente que devuelva garantías elementales a una nación que cerró con escasez de alimentos y medicinas y 2700% de hiperinflación. Suplican contar nuevamente con la garantía de los más básicos, elementales e irrenunciables derechos humanos a la vida y a la salud.-