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Cardenal Urosa: “Cumplen una función muy bella los ‘eméritos’ en la Iglesia”

Cardenal Urosa: “Cumplen una función  muy bella los ‘eméritos’ en la Iglesia”

Urosa y el paso a emérito tras su renuncia como cardenal primado de Caracas.

Aunque está prevista en rigurosos estatutos, la renuncia de un obispo genera especulaciones; máxime cuando se trata de un cardenal primado, o cuando ocupa la sede principal de una nación estratégica. El caso recuerda la renuncia de Benedicto XVI y su pase a emérito, el “simple trabajador de la viña del Señor”, cuyas acciones siguen sin dejar al mundo indiferente.

 

Carlos Zapata | Reporte Católico Laico

 

Caracas.- El 11 de febrero del año 2013 un anuncio de Benedicto XVI conmocionó al mundo: nada menos que su renuncia al Pontificado, que lo convirtió en el primer Pontífice del último milenio en hacerlo, introduciendo además la excepcional particularidad de la coexistencia simultánea de un Papa activo y un Papa emérito, ambos legítimos y ambos en funciones.

Diversas hipótesis se vertieron sobre las razones que habrían conducido a esa particular decisión, considerada también por muchos como una clara demostración de humildad. Confirmado por el mismo Joseph Ratzinger, quien saldría al paso por medio de declaraciones a su biógrafo y amigo, Peter Seewald, con quien escribiera años antes el Best Seller “La sal de la Tierra” y tiempo después sus “Últimas conversaciones”.

El papel del Papa emérito

El extraordinario Pontífice, aunque dijo que se mantendría “oculto del mundo” lleva adelante una función menos visible pero igual de extraordinaria y conserva la condición de ser aún el más importante teólogo del planeta.

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Ratzinger, quien tiene licencia como piloto de helicóptero, es un profundo enamorado de los gatos, al punto de haber adoptado uno que había hallado abandonado en las calles de Roma. Su condición de pianista la combina con un gusto exquisito por la música de Mozart, Beethoven y Bach. Y en su condición de emérito aprovecha para escribir, leer y estudiar.

Si bien su renuncia tomó por sorpresa al mundo, ya cuando se acercaba a los 75 años de edad, en su condición de Cardenal había pedido en no pocas ocasiones al Papa Juan Pablo II un permiso para retirarse de su trabajo como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de Fe. Ahora se sabe que anhelaba convertirse en bibliotecario, o dedicarse a otro trabajo que le diera mayor tiempo para leer y escribir libros, pero el Pontífice rechazó sus peticiones.

Una norma de la Iglesia

No en vano, la Iglesia Católica establece a través del Código de Derecho Canónico la renuncia de sus obispos, independientemente de si son o no cardenales, una vez que alcanzan el llamado “límite de edad” de 75 años. Esto le da al Papa la libertad de renovar posiciones o de mantener activos por un tiempo más a los sucesores de los apóstoles.

En todo caso, la función de un obispo que se “jubila”, no es la de retiro; o al menos, no absoluto, sino la de asesoría, toda vez que cuentan con una extraordinaria riqueza en cuanto a su experiencia y su condición de servicio.

En el mundo hay cada vez un número más grande de obispos eméritos, pues representan en la actualidad cerca de una cuarta parte del total de prelados en el mundo. De allí que su opinión sea cada vez más observada, debido a su particular peso y relevancia.

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En el caso venezolano, la nación sudamericana acaba de estrenar junta directiva del Episcopado, con la particularidad de incorporar a dos obispos bastante jóvenes al cuadro de mando, algo que refleja tanto la renovación como el ingreso de una nueva generación de prelados, quienes sin embargo, seguirán siendo guiados por el soplo del Espíritu y asesorados por la extraordinaria experiencia de los “obispos mayores”.

Se acerca el tiempo de paso también a eméritos de varios obispos de particular relevancia en el país. Uno de ellos es el cardenal Jorge Urosa Savino, quien ha ejercido desde el 5 de noviembre de 2005 la máxima conducción del Arzobispado de Caracas, emblemática entre otras razones por ser la capital del país, donde se supone se concentra el mayor “poder” de la nación.

De acuerdo con el canon 401.1 del Código de Derecho Canónico, “al obispo diocesano que haya cumplido setenta y cinco años de edad se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias”.

La renuncia de Urosa

Cumpliendo con esa rigurosa norma de la Iglesia, el prelado criollo presentó su renuncia el 28 de agosto del año 2017. Muchas especulaciones han surgido al respecto, especialmente en cuanto a quién será el sucesor, una condición no exenta de altísima exposición mediática; así como de una muy compleja responsabilidad.

Pero independientemente de ello, es un hecho que los cardenales no se detienen en su servicio a la Iglesia. No en vano, el color de su vestimenta le recuerda al mundo que no sólo son colaboradores directos del Papa, sino que están dispuestos al martirio por Cristo, lo que implica dar su vida, tiñendo con su sangre si es necesario, a favor de la fe; así como de los principios y verdades irrenunciables de la Iglesia Católica.

Esto fue lo que contestó el cardenal venezolano, Jorge Urosa Savino, en conversación con Reporte Católico Laico, con respecto a los obispos eméritos y los destinos de la Iglesia en Venezuela, que según el Papa Francisco vive la peor y más dramática “crisis humanitaria” de toda su historia…

¿Qué opinión le merece la nueva directiva de la Conferencia Episcopal Venezolana?, la cual regirá los destinos de la Iglesia durante los próximos tres años

Estoy muy contento con la elección que hemos hecho de la directiva. Es una directiva de gente de mucha experiencia, especialmente el presidente (José Luis Azuaje) y el primer vicepresidente (Raúl Biord) y de mucha preparación, además de una gran capacidad de trabajo por la Iglesia y por Venezuela De manera que es una cosa muy buena lo que se ha hecho aquí en la Conferencia Episcopal.

¿Cómo debemos interpretar la incorporación de obispos tan jóvenes en edad como Raúl Biord?

Bueno, monseñor Biord es un hombre muy preparado. Viene de haber sido durante cuatro años de obispo y de haber sido el vicario general de los padres salesianos en Venezuela; de manera que tiene una gran experiencia y una gran capacidad. Eso es sumamente positivo para la conducción de las líneas generales de la Conferencia Episcopal Venezolana.

En Venezuela hay cada vez más un número mayor de obispos en condición de eméritos. Ahora tenemos también en el mundo la gracia de contar con Su Santidad Benedicto XVI como Papa emérito ¿Cómo se ve usted en el futuro en calidad de emérito?

-Bueno, simple y llanamente realizando una función distinta a la que uno desarrolla. Los obispos eméritos son personas que han dado su vida por la Iglesia, trabajando al frente de una diócesis en concreto, con una gran generosidad, y conservan una gran experiencia; y eso, por su puesto, hace que tengan un papel muy importante como asesores, como orientadores. De manera que es una función muy bella la que tienen los obispos eméritos.

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