Reporte Católico Laico

/

50 años de País Portátil

50 años de País Portátil

Roberto Lovera De-Sola.-El pasado viernes (febrero 2 ,2018) fuimos convocados por Macky Arenas y Manuel Felipe Sierra, a su programa “La hora clave”, de Globovisión, para hacer memoria del momento que en que, en 1968, Adriano González León (1931-2008) recibió el premio Biblioteca Breve, por su novela País portátil, que entonces otorgaba la la editorial catalana Seix Barral. Fue este suceso más que singular dentro del contexto de la historia de la literatura venezolana.

 

1968

Para recordar aquello debemos comenzar por decir la importancia que tuvo el año 1968 en la historia. Fue el año de la Revolución de Mayo en París (mayo 29) y de la Primavera de Praga (abril 15): un gran cambio libertario en el primer caso; el inicio del comienzo del fin de la socialismo autoritario en el segundo.

 

EL BOOM

En tercer lugar, significó la presea ganada por González León un importante momento de las letras latinoamericanas que vivían inmersas en los que se llamó el boom de la novela latinoamericana, hecho que tan bien perfilan su crítico por excelencia, el uruguayo Emir Rodríguez Monegal (1921-1985) en un breve y preciso libro y también por uno de sus protagonistas, el novelista chileno José Donoso (1924-1996).

Y en cuarto lugar hay que señalar lo que señaló el galardón en el proceso de la literatura venezolana.

Consultar Carlos Fuentes: Los 68. París-Praga-México. México: Debate2005.174 p. donde estudia ambos episodios y también el mexicano de fines de aquel año.

En la sigificación del premio Biblioteca Breve para la literatura latinoamericana y, lo que no se señala como se debe, para las letras españolas porque si bien varios grandes hispaoamericanos lo obtuvieron, el peruano Mario Vargas Llosa (1936), por La ciudad y los perros (1962) lo que dio inicio al proceso del boom; el mexicano Vicente Leñero por Los albañiles (1963); en 1964 el cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) por sus Tres tristes tigres(1967) que obtuvo el premio con el título de Vista de un amanecer en el trópico(1974), más tarde reescrito y transformado en los Tres tristes tigres (1967) , siendo el tremendamente triste, melancólico, Vista de un amanecer en el trópico otra obra, inigualable como todas las de su autor, uno de los escritores del boom que en mejor estilo escribieron, fue un estilista perfecto: el también mexicano Carlos Fuentes (1928-2012) por Cambio de piel (1967); en 1970, si no se hubiera presentado el gran conflicto que hubo en la editorial Seix Barral debió obtenerlo José Donoso con otra obra maestra: El obsceno pájaro de la noche e incluso un año después por el peruano Alfredo Bryce Echenique(1939) por Un mundo para Julius, obra memorable y nunca superada por su autor, con la que se inició lo que se dio llamar al “post boom”.

También estamos obligados a referir la importancia que tuvo aquel galardón para la novela española, en las obras de Luis Goytisolo, Juan García Hortelano, José Manauel Caballero Bonald, Juan Marsé y Juan Benet. Y auque no obtuvo el premio es imposible dejar de mencionar a Juan Goytisolo por sus Señas de identidad, la obra española compañera del trabajo que de este lado del oceáno hicieron los narradores latinoamericanos. Tanto que al estudiar Carlos Fuentes aquel fenómeno dedicó un capítulo a Goytisolo(1931-2017), llegó a decir el azteca que el narrador hispano “a su vez significa el encuentro de la novela española con la que se escribe en Hispanoamérica” .

Y desde luego, es imposible negar que ya para 1962, fecha de La ciudad y los perros, ya las letras de nuestro continente vivían un vasto proceso de cambio, iniciado en 1935 con la publicación del primer libro de narraciones cortas de Jorge Luis Borges (1899-1986): Historia universal de la infamia.

Desde luego, como sucede en todos los procesos literarios, todo aquel gran cambio no sucedió a partir de 1962 sino que venía desarrollándose desde décadas antes, con momentos singulares en la novela, desde Las lanzas coloradas(1931) de Arturo Uslar Pietri(1906-2001), El pozo(1939) de Juan Carlos Onetti (1909-1994), El señor presidente(1946) de Miguel Ángel Asturias(1899-1974), El reino de este mundo(1949) de Alejo Carpentier(1903-1980), La hojarasca(1955), de Gabriel García Márquez(1927-2014), Pedro Páramo(1955), de Juan Rulfo(1918-1986), La región más transparente(1958) de Carlos Fuentes y Rayuela(1963) de Julio Cortázar(1914-1984) publicada meses después de La ciudad y los perros. Tal el proceso que se abrió en 1962. Hoy las obras del boom o de la nueva novela latinoamericana son las canónigas de nuestra literatura y constituyeron el tercer gran momento de las letras hispanoamericanas: iniciadas en 1823 cuando Andrés Bello (1781-1865) canto la autonomía de nuestra literatura el año anterior a la victoria de Sucre en Ayacucho, fin del proceso emancipador. A lo cual siguió el modernismo, iniciado con la publicación de Azul, de Rubén Darío (1867-1916), cerrado con la muerte del poeta nicaragüense.

EN VENEZUELA

Para llegar a lo logrado por País portátil debemos decir que los grandes premios internacionales logrados por nuestra literatura, ya en los días de su madurez, fueron: en 1920 Luis Manuel Urbaneja Alchelpoh (1873-1937) logró la primera presea internacional lograda por una novela venezolana con En este país; en 1924 lo logró Teresa de la Parra(1889-1936) en París con Ifigenia; en 1929 Rómulo Gallegos con Doña Bárbara; en 1931 Arturo Uslar Pietri con Las lanzas coloradas, en 1968 González León con País Portátil y en el 2008 Alberto Barrera Tiszka(1960) con La enfermedad.

Portada del libro

LA MADUREZ DE NUESTRA NOVELA

En verdad que la madurez plena de la novela venezolana se obtuvo en 1929 con Doña Bárbara, que sigue siendo la mayor novela venezolana de todos los tiempos, cada vez que la releemos lo volvemos a comprobar, un hálito de belleza la acompaña en cada página.

Hacia fines de los años cuarenta se hizo presente un nuevo momento, especialmente situado en El falso cuaderno de Narciso Espejo (1953) de Guillermo Meneses (1911-1978) y en Los pequeños seres (1959) de Salvador Garmendia.

Así a partir de 1958, año final de la dictadura prejimenista, se hizo presente un nuevo momento de nuestra novela, esta tuvo el año 1968 su momento cenital, año singular en el que se publicaron diez novelas, bien leído y examiadas por la crítica. Entre ellas es necesario destacar País portátil, La mala vida, de Salvador Garmedia, Alacranes, de Rodolfo Izaguirre y una obra poco considerada, mal leída aun, pese a su singularidad, La cola del huracán, de Victor Manuel Rivas (1909-1965), suerte de memoria imaginada del país que enterró a Gómez y un cuarto de siglo más tarde vio caer a Pérez Jiménez.

 

PAÍS PORTÁTIL

Antecedente de su primera novelas fueron tres libros de relatos de González León: Las hogueras más altas (1957), Asfalto infierno (1963) y Hombre que daba sed(1967) obras que fueron a dar como un río en País portátil.

En el proceso de creación de nuestra novela urbana, logró de la generación de 1958, obra de Garmedia, González León e Izaguirre, facilitar el nacimiento de nuestra auténtica novela urbana es uno de nuestros logros, en aquellos mismos tiempos de País portátil lo reconoció el crítico Domingo Miliani (1934-2002) .
En ese proceso es central una narración de González León: Asfalto infierno(1963) de cuyas líneas surgió la parte citadina de País portátil.

Por años trabajó González León en su novela. Trabajo activamente en ella. Una tarde llegó a la cafetería Frisco, entonces situada en Chacaíto. Y al irse dejó olvidada la carpeta en donde llevaba los originales en los que trabajaba. Los creyó perdidos pues no se acordaba donde los había dejado. Fue al volver otro día, semanas después, ya considerando todo el trabajo de escritura perdido, cuando el dueño de Frisco le devolvió las hojas sobre las cuales había estampado su bella obra, pronto l terminaría y se haría famosa.

También en este mismo período, gracias al doctor Marcel Roche (1915-2003), director del IVIC cuando este le facilitó una oficina en los Altos de Pipe para que trabara en su libro y lograra concluir su obra.

El libro, cuando estuvo acabado, fue enviado a la Editorial Seis Barral, la cual le otorgó el premio. La noticia de haber logrado el galardón la obtuvo González León estando en la casa de la periodista y poeta Miyó Vestrini (1938-1991) en compañía de su esposa Mary Ferrero y del ensayista e historiador Manuel Caballero (1931-2010). Pasaban ya las horas de aquella noche cuando Caballero decidió llamar a la redacción del diario El Nacional para saber si la noticia del premio, otorgado en Barcelona, había llegado a través del teletipo y quién era el ganador. Fue en ese momento en que dijo a González León en voz alta: “Ganaste el premio”. Así se supo en Caracas la noticia que al día siguiente divulgo la prensa.

El premio le fue entregado al novelista en Barcelona. Inmediata fue la edición del libro. En Caracas, cuando fue presentado, ya el libro iba por su segunda edición, impresa en Barcelona en enero de 1969. El volumen fue presentado en Caracas en febrero de ese año, en la sede del Ateneo de Caracas, por Orlando Araujo(1927-1987) quien leyó para hacerlo aquella tarde su estudio “De Las hogueras más altas a País portátil”, examen muy completo de la obra de González León, circuló primero multigrafiado y fue luego incorporado a su obra Narrativa venezolana contemporánea (1972), tan singular fue aquella exploración que toda la crítica hecha de la novela y de la obra del escritor ha dependido siempre de este análisis.

El día de la presentación de País portátil se puso en venta el libro. Una larga fila de lectores se formó para adquirirlo, entre los que estaban en la larga cola estaba el maestro Uslar Pietri, quien adquirió su ejemplar. Desde que él había ganado el premio “l mejor libro de mes”, en Madrid, con Las lanzas coloradas ninguna novela venezolana había obtenido una presea internacional.

 

PAÍS PORTÁTIL POR DETRO

La comprensión de País portátil requiere señalar que la entraña de la novela expresa a Venezuela entera, los dos polos de la vida de la nación, centrado en las idas y venidas de la violencia. La violencia caudillista del siglo XIX, cerrada en 1903, centrada en País portátil en las acciones de los caudillos trujillanos que tanta relevancia tuvieron en aquellas contiendas. Pero que en el caso de González León expresan el suceder de su tierra trujillana, medio que aparece desde su primer cuento relevante, a mediados de los años cincuenta, “En el lago” en donde a su orilla, en su tierra trujillada, se mira hacia el lago en donde, desde 1914, había aparecido el petróleo, el relato está en su primer libro, es de su revelación literaria, Las hogueras más altas (1957), la ficción que finalista del concurso de cuentos de El Nacional de 1956.

En País portátil la vida venezolana, la del pasado, la del presente en los años sesenta, se ofrece en contrapunteo, el mundo rural y el mundo urbano, ya que en este aspecto País portáil es una de las tres novelas que mostraron a través de nuestra literatura los rostros de la ciudad, de la metrópolis, en nuestra ficción, lo que podemos seguir tras los pasos de Andrés Barazarte, su protagonista, en su viaje final, con el cual se cierra el libro.

 

GALLEGOS EN GONZÁLEZ LEÓN

Debemos señalar para cerrar que por las venas del novelista González León corría la sangre narrativa del maestro Rómulo Gallegos (1884-1969), lo contrario era imposible. De otra forma no podía ser. Gallegos estaba vivo en País portátil, dentro de una cita intertextual, muy especialmente en este pasaje:

“!Esta es Venezuela compadre¡ Dicen, me tomo un whisky campaneado y después una arepita, sustancias del llanerazo, hombre cuatriboliai, más criollo que el pan de hallaquita y el valor y el sudor y el patrimonio y el olor y la herencia y la dignidad y el fruto esparcido de los libertadores por los anchos caminos de la patria toda horizontes como la esperanza toda caminos como la libertad, llanera venezolana, donde una raza buena se jode hasta decir ya pero no importa porque la gran nación del caribe, las más septentrional de la América del Sur, lo único que hace falta s aprender a aprovechar sus riquezas naturales y dejar la pereza, llamada manguareo, y entonces seremos la gran patria soñada por Bolívar, porque la verdadera gloria consiste en ser buenos y ser útiles”[1].

El suceso de País portátil debe entenderse en el contrapunteo entre pasado y presente, el suceso de la ciudad, en la parte que sucede en Caracas, en donde plenamente, como en las obras de Garmendia e Izaguirre, surge realmente la novela urbana venezolana que a nosotros había llegado tardíamente. Ya en América Latina se tenía la novela urbana desde décadas antes. En cambio, en Venezuela lo que se llamaba novela urbana eran a los libros que sólo registraban los sucesos de un pueblo grande. Y no podíamos tener novela urbana porque en 1935 Caracas tenia menos de 250.000 habitantes: Y no podíamos tener una novela urbana sin tener nuestro primer millón de habitantes, lo que no tuvo Caracas hasta el 1 de octubre de 1955. Y por ello fue que cuatro años más tarde pudimos tener nuestra primera novela urbana: Los pequeños seres, la segunda fue País portátil, la tercera Alacranes y de allí en adelante ya no hemos parado. De allí el gran valor en el que descansa País portátil.

Febrero 6,2018.

[1] Adriano González León: País portátil.2ª.ed. Barcelona; Seix Barral, 1969.278 p. La cita procede de la p.205-206.

Tags: , , ,