Reporte Católico Laico

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Febres Cordero: “Hay una nueva forma de hacer política en América Latina”

Febres Cordero: “Hay una nueva forma de hacer política en América Latina”

La presidente del Concejo Nacional de Laicos analiza dos escenarios de la realidad latinoamericana: el social y el político. En este marco, la especialista describe aspectos que resultan de especial relevancia en cuanto a los panoramas económico, ético y educativo

Carlos Zapata | Reporte Católico Laico

 

Caracas.- Comprender el panorama latinoamericano implica analizar diversos escenarios ante la “compleja, difícil y cruda realidad que enfrenta el continente”; de manera especial, en las dos últimas décadas.

Un escenario político es el de la “democracia de ciudadanos”, el cual está relacionado con el discurso ideológico de los gobiernos de América Latina “y la concepción del poder y la política en la era de la globalización”. Lo plantea María Elena Febres Cordero, historiadora y profesora universitaria, primera mujer en presidir el Consejo de Laicos de Venezuela.

En conversación con Reporte Católico Laico, la académica sostiene que “hay una nueva forma de hacer política en nuestro continente: plantean los indicadores, que existe un mayor número de ciudadanos formados e informados en materia de democracia y participación”.

Sin embargo, “nuestro continente acusa  graves problemas de gobernabilidad que se expresan en un gran descontento social, innumerables protestas y demandas ciudadanas”. A ello se le debe agregar “el acelerado progreso de la violencia y la delincuencia, las dolorosas situaciones de emigración, el narcotráfico y la corrupción”.

Analiza este escenario desde tres dimensiones fundamentales: “La primera, el político debería mirar hacia el logro de un desarrollo humano integral, porque la finalidad de la política es el bien común; si no se entiende la política como un ejercicio para el bienestar, la democracia, la igualdad y equidad, enfrentaremos (altos) índices de  desigualdad, discriminación, inequidad y populismo social”.

“La segunda, en cuanto a las demandas: el ciudadano exige un mayor acceso a los servicios básicos para desmantelar las matrices de desigualdades sociales de nuestro continente, y a su vez, interpelar a los políticos que están al ‘frente’ de nuestros gobiernos para que respeten la dignidad, los valores de la democracia y entiendan que su papel se debe centrar en el bien común”.

“Protagonismo de los laicos”

Este ámbito, considera Febres, está relacionado directamente con el protagonismo de los laicos en América Latina, “pues nos corresponde trabajar por la democracia, el respeto a los derechos humanos y a los más altos valores universales”.

En este sentido, sostiene que el declive de las democracias en América Latina y la escasa confianza en las instituciones “nos interpelan de muchas maneras: ¿La educación en nuestra región se ha planteado categóricamente para formar verdaderos demócratas, o hemos descuidado la formación en valores en nuestro sistema educativo; acaso hemos olvidado también, la importancia de la familia como primera escuela?”.

Advierte además que en este momento político “se acentúa un peligroso control de los medios de comunicación impresos y digitales en varios gobiernos del continente”. Venezuela, sin duda, el primero de ellos.

El segundo escenario está relacionado con el diálogo social, pues sin él, entendido como “respeto a los diferentes grupos, partidos políticos y organizaciones en general, será muy complejo y difícil para la región responder adecuadamente a las cuestiones que preocupan a su gente: políticas sociales para desmarcar la matriz de desigualdades, el hambre o la pobreza”.

Los problemas sociales tienen su origen y raíz en el olvido de los principios, valores y exigencias cristianas, señala. Unido a ello, “el accionar de la Iglesia Católica en todos los ámbitos y esferas de la sociedad” es clave.

Otro aspecto de discusión que urge interpretar desde la perspectiva laboral es “cuáles son las necesidades de nuestro continente para que se constituya un proceso de equidad e institucionalidad: El desarrollo y progreso desde la perspectiva de la sustentabilidad, a los fines de responder a los niveles de satisfacción de vida de los latinoamericanos”.

“La pobreza es fruto del autoritarismo”

Hoy en día, los indicadores apuntan a una pobreza dura que se esconde en nuestro continente, caracterizada por carencia alimentaria, hambre, desocupación y desesperanza, como fruto del autoritarismo y populismo político y social, señala.

La segunda dimensión destaca la presencia de una matriz de desigualdad social con un alto grado de pesimismo económico de los ciudadanos ante las situaciones de la vida. Y la tercera dimensión está caracterizada por el fortalecimiento de la familia como eje y centro de la sociedad, de la vida, de la recuperación de la decencia y la verdad, del ejercicio de las virtudes cívicas.

En cuanto al escenario económico, señala que “no habrá equidad, si no hay una economía que luche hoy  en contra de la pobreza y la corrupción”. En el campo de lo educativo, acusa deudas en cuanto a políticas que deberían  adecuarse a las exigencias productivas, la competitividad local y global, y el progreso técnico.

En este marco, recuerda que “la educación católica ha desempeñado un papel fundamental y prioritario en la formación de las nuevas generaciones”. Amén de resaltar el papel que tiene la educación superior, las universidades y centros de formación “en el desarrollo científico y tecnológico de nuestro continente”.

Concluye Febres Cordero que los grandes problemas y realidades que vive América Latina “tienen en el escenario ético un eje transversal  que debe  expresarse en todas las políticas económicas, sociales y educativas”.

“El problema no es sólo económico, sino moral”

El problema, insiste, “no es sólo económico, lo es también moral, el cual debe ser atendido de manera prioritaria por el laicado, los movimientos eclesiales y organizaciones en general, para el rescate de los valores humanos universales, de los deberes y derechos civiles y políticos desde la perspectiva de equidad, justicia, verdad y libertad”.

En síntesis, podemos hablar de una cartografía de corrientes en nuestro continente, que se caracteriza por educar en nuevos sentidos civilizatorios, enunciado en siete corrientes: educar para promover una ética mundial; educar para la formación integral en valores: educar para  manejar los contextos de las realidades latinoamericanas desde la globalización y la sustentabilidad; educar para la complejidad; educar en la cultura global; educar para construir ciudadanía; y educar para la solidaridad intergeneracional”.