Reporte Católico Laico

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El Padre Palmar, tercer sacerdote que sale al exilio desde Venezuela

El Padre Palmar, tercer sacerdote que sale al exilio desde Venezuela

Con el “Cura de barrio” crece el número de sacerdotes que se van exilio para “sobrevivir” y “denunciar” al Gobierno de Nicolás Maduro

“En nombre de Dios, estoy en esta tierra pisando libertad, venimos a luchar por Venezuela y venimos a luchar por todos los emigrantes del mundo entero. Después
de tantas torturas, de tanta persecución, de tanta miseria y calamidad estoy aquí para sanar la vida
, para sanar mi alma y sanar también a todos los venezolanos. Muchas gracias, que Dios los bendiga”.

Esas fueron las palabras del padre José de Jesús Palmar Morales (que el 1 de octubre de 2018 cumplirá 57 años de edad), apenas llegó la noche de este 12 de marzo a la ciudad de Miami (Estados Unidos), agradeciendo por su libertad ante los medios de comunicación, después de permanecer casi cuatro semanas en un centro de detención para emigrantes en Texas.

Los primeros curas exiliados

Palmar se convertía así, en el tercer sacerdote de origen venezolano que sale de su país en condición de exiliado, forzado a esa situación por las arremetidas en su contra por parte del gobierno de Nicolás Maduro. Hasta ahora solo tres sacerdotes de Venezuela se consideran exiliados. Uno de ellos es Pedro Freites Romero (Diócesis de Maturín), quien anunció su “exilio” en un mensaje dirigido al régimen socialista el 20 de abril de 2017.

Más recientemente, el presbítero Alexander Hernández, capellán del Cementerio del Este, en Caracas, quien habría abandonado a Venezuela luego de presidir los oficios religiosos los días 17 y 20 de enero de este año, para dar sepultura a las víctimas de la conocida “Masacre del Junquito”, donde también falleció el “policía rebelde” Oscar Pérez.

Iván Guerrero, el abogado que asistió a Palmar junto a la doctora Carmen Giménez, desde que ingresó al Puerto de Matamoros, explicó que el sacerdote no intentó entrar a Estados Unidos sin una visa. Por el contrario, “aplicó al asilo político y protección contra la tortura del régimen venezolano en un puente fronterizo como indica la ley”. “Cualquier otra información es completamente errónea”. El “proceso se está llevando en apego a la ley”.

Luego de algunas formalidades migratorias logró ser tomado en cuenta para un “proceso de invitación”, por parte de las autoridades de inmigración de los Estados Unidos, lo cual le abrirá la posibilidad de continuar con su ministerio sacerdotal, informó Guerrero.

La dolorosa travesía en México

El padre José de Jesús Palmar llegó a México el 12 de enero de 2018, y desde un principio comenzó a reunirse con los venezolanos residentes y con líderes democráticos del país azteca como el ex presidente Vicente Fox, entre otros. Incluso, en varias oportunidades se reunió públicamente en algunas plazas e importantes iglesias, destacando que su activismo estaría en función de “buscar la libertad de Venezuela”, según comentaba en redes sociales.

Pero el 20 de enero ocurre un hecho doloroso: Raúl Naranjo Posada –el mexicano que lo acogió y gestionaba un asilo humanitario- fue asesinado cerca de su vivienda, lo cual hizo temer por la vida del sacerdote venezolano. “Lamento informar que al amigo mexicano Raúl Naranjo que me hospedaba en México lo acaban de asesinar de varios disparos en la zona llamada Minaméxico cerca de su casa”, publicó en su cuenta de Twitter.

Al día siguiente anunció también en la misma red social del pajarito azul, lo siguiente: “Vamos hoy a dar sepultura cristiana al amigo mexicano (…) quien misericordiosamente gestionaba mi asilo humanitario y me hospedaba en su casa familiar en la ciudad de Toluca donde fue asesinado de varios disparos en la noche del pasado viernes”.

Después de este incidente, asumido por algunos periodistas como un hecho que buscaba eliminar físicamente al Padre Palmar, el religioso publica su último mensaje el 22 de enero, fecha en la que noticias no confirmadas comenzaron a decir que había tomado camino a la frontera con los Estados Unidos para solicitar asilo. Desde entonces no había información oficial sobre Palmar, y en las esferas de la iglesia venezolana todo se manejó con prudencia.

La tarde del miércoles 28 de febrero se conoció que estaba detenido en un centro de inmigrantes ilegales en Texas desde donde se inició todo el proceso legal que ahora lo lleva a “normalizar” su situación en el “exigente” país norteamericano. La hermana del sacerdote, María Palmar, confirmó que junto a varios abogados expertos en migración de USA, el religioso “tomó la decisión de realizar los trámites para ingresar a ese país”.

Indígena y cura de barrio

Así, el “mediático” sacerdote reapareció en las redes sociales, este martes 13 de marzo: “Gracias a Dios y a la Virgen de Guadalupe fui liberado y anoche llegué al aeropuerto de Miami. Estoy en tierra norteamericana país de libertad, democracia y paz. Mi primer tuit en condición de cura venezolano en el exilio. Dios les bendiga”.

Vengo a acompañar a todos los venezolanos. Soy uno más entre Ustedes (…) Vengo a trabajar, a orar y a luchar”, aseguró Palmar ante los medios que lo recibieron en Miami.

José de Jesús Palmar Morales está incardinado a la Arquidiócesis de Maracaibo (estado Zulia), donde ha cumplido su actividad desde que fue ordenado por el arzobispo Domingo Roa Pérez, el 14 de agosto de 1988. Por sus venas corre sangre indígena proveniente de la vía materna y la paterna. Su madre María Chiquinquirá, es de la etnia añú; y su padre, José Ramón Palmar, pertenece a la etnia wayúu. También ha estudiado comunicación social.

A la par de su sacerdocio y su especial devoción mariana, ha sido uno de los más notables opositores al régimen socialista en Venezuela, primero contra el gobierno del fallecido Hugo Chávez y luego contra Nicolás Maduro. De hecho, Palmar se describe como “un cura de barrio”, siendo, además, periodista y locutor. “Sacerdote Católico devoto de María Santísima. Primero mártir que arrodillado frente al narco madurismo castrista”.

De los demás sacerdotes exiliados se hablará en otra entrega…

Vía Aleteia