Reporte Católico Laico

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José María Zavala desvela dos impactantes resurrecciones por intercesión del Padre Pío

José María Zavala desvela dos impactantes resurrecciones por intercesión del Padre Pío

Este martes 12 de marzo se pone a la venta El Santo. La revolución del Padre Pío (Temas de Hoy), la nueva aportación del escritor y periodista José María Zavala al conocimiento de San Pío de Pietrelcina (1887-1968), en el siglo Francesco Forgione. Según Javier Sierra, Premio Planeta 2017, Zavala consigue en este texto contagiar al lector “su fascinación por uno de los grandes hombres del siglo XX”. Junto a nuevos testimonios y documentos inéditos descubiertos por Zavala en el convento capuchino donde vivió casi toda su vida religiosa, el libro incluye 150 fotografías desconocidas del santo.

Este año se conmemoran los cincuenta años de su fallecimiento y el centenario de la aparición de sus estigmas en manos, pies y costado. Con ese motivo el próximo sábado el Papa se desplazará a Pietrelcina, donde nació, y a San Giovanni Rotondo, centro de peregrinación mundial aún en vida del santo, y donde fundó el hospital Alivio del Sufrimiento, su obra no directamente espiritual más característica.

Allí será donde, el próximo 29 de marzo, Zavala presente su libro en presencia del director del hospital, Domenico Crupi, de su director de Comunicación, Giulio Siena, y del obispo de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo, Michele Castoro.


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Por cortesía del autor y de la editorial, ReL ofrece a sus lectores en primicia dos hechos extraordinarios recogidos en él: sendas resurrecciones obtenidas por intercesión del Padre Pío, cuyo relato recogemos directamente del texto de Zavala.

PADRE PÍO: DOS RESURRECCIONES POR INTERCESIÓN DE “EL SANTO”
La medalla azul
Durante mi estancia en San Giovanni Rotondo, aproveché para visitar de nuevo en su casa a la viuda de Giuseppe Sala, el médico personal del Padre Pío.

Ana María Sala –apellidada Ghisleri, de soltera– es ya una anciana nonagenaria, en el ocaso de su vida. Su longevidad se la debe al Padre Pío. Todavía hoy recuerda, impactada, el accidente de automóvil que marcó un antes y un después en su atareada existencia de madre de familia numerosa.

Corría el verano de 1965…

–Acompañé entonces a mi marido a Nápoles –recuerda ella–, donde Giuseppe debía pronunciar una conferencia sobre cardiología. Me hacía ilusión, siempre que podía, escaparme con él aunque fuera unas horas porque su absorbente trabajo nos impedía estar juntos en el hogar durante el día. La conferencia se alargó más de lo previsto y tuvimos que regresar demasiado tarde a San Giovanni Rotondo. Pronto se nos hizo de noche. Era una noche oscura, sin apenas luna. Giuseppe conducía muy deprisa, deseoso de llegar a casa cuanto antes. Viajábamos a bordo de nuestro Citroën DS plateado, grande y espacioso por dentro cuando, de repente, Giuseppe se salió de la carretera en una curva cerrada, empotrándose contra una enorme cosechadora.

–¡Dios mío! –exclamo–. El golpe debió de ser terrible…

–Todavía me duele –bromea Ana María, gesticulando con los brazos, como si el mundo entero estuviese a punto de caérsele de nuevo encima. ¿Ha visto alguna vez una trilladora? –pregunta.

–Sí, claro –asiento–. Aunque sea de ciudad, recuerdo haberla contemplado a mi paso por algún pueblo.

–Pues aquella era de un tamaño descomunal. Por la propia inercia del choque, todo el mecanismo de transporte y almacenaje, incluida la parte de la cabina, se desplomó sobre el lado derecho del coche. Quedé atrapada en el asiento del copiloto sin poder moverme. Lo que sucedió a continuación debió contármelo ya Giuseppe…

–¿Perdió el conocimiento?

–Estaba muerta.

–¿Cómo dice?

–Lo que oye: acababa de fallecer. Giuseppe se apresuró a auscultarme con su estetoscopio y comprobó, descorazonado, que ya no respiraba ni tenía pulso.

Ante él yacía el cadáver sanguinolento de su mujer, atrapado entre un amasijo de hierros, sin que el médico del Padre Pío pudiese hacer ya nada por ella. Su impotencia le hizo golpear a Giuseppe las piedras a puntapiés y gritar con rabia y lágrimas en los ojos: “¡Padre Pío, cómo has dejado que sucediera esto! ¡Me prometiste que Ana María y yo estaríamos juntos hasta la vejez con nuestros siete hijos! ¡Y ahora qué hago yo…!”.


El Padre Pío junto a su médico y amigo, el doctor Giuseppe Sala.
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