Reporte Católico Laico

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La ausencia de libertad genera idolatría social

La ausencia de libertad genera idolatría social

RCL les invita a leer a Thomas Chacon.-

Para el economista austríaco Ludwig von Mises (1881-1973), “el rígido dogmatismo, característico de las sectas religiosas y del marxismo, provoca conflictos insolubles. Tal dogmatismo condena de antemano al disidente, tachándole de malhechor; niega la buena fe del contrincante, exigiendo de él sumisión incondicional”. Ser sumiso ante algo implica una idolatría porque conlleva ceder la independencia del yo individual y entregar la voluntad o libertad a algo o alguien exterior para obtener la fuerza de la que el yo individual adolece. Esto conduce a  la dominación de unos que se aprovechan de quienes tienen insignificancia individual, impotencia y sentimiento de inferioridad.

De acuerdo al psicólogo Erich Fromm (1900-1980), la sumisión acarrea autoritarismo de líderes con tendencias sádicas quienes someten a otros y no sólo mandan de forma autoritaria sobre los demás, sino que también los explotan; porque “el tirano goza del apoyo ideológico de determinado grupo para someter a los restantes, dispone de un círculo de partidarios que voluntariamente le obedecen por medio del chantaje lo cual proporciona el arma necesaria para someter a los demás; tal como sostiene Mises en su clásico Tratado de Acción Humana.

 Las explotaciones a los sumisos por parte de líderes tíranos, por lo general es llevadera en mensajes como: “Yo te mando porque sé qué es lo más conveniente para ti, y en tu propio interés deberías obedecerme sin ofrecer resistencia” o “Yo soy tan maravilloso y único, que tengo con razón el derecho de esperar obediencia de parte de los demás” o “Hice tanto por ti, que ahora tengo el derecho de exigirte todo lo que quiera porque sé que te conviene”; como fue el caso de la monarquías que hasta el Siglo XIX regulaban precios, establecían máximos de ganancias, protegían a los indigentes y controlaban la propiedad

Esa relación de un pueblo, que no ha alcanzado su ciudadanía, hacía sus gobernantes, es sostenida creyendo que la libertad está en quienes viven bajo un régimen que no concede a sus súbditos más derecho que el de obedecer.

Dicha relación enmarcada en sentimientos de sumisión, propios de la idolatría, acogen al autoritarismo; generando como consecuencia que las personas no hagan lo que quieran, no produzcan lo deseado, ni realicen intercambios voluntarios, y por ello se someten a las órdenes de esas fuerzas exteriores.

Lo anterior es posible cuando lo afectivo está por encima de lo reflexivo; de esa menara los liderazgos aspiran a ser predicadores y/o redentores con ofertas  para “reivindicar” la “condición popular” si solo si se desprecia a las clases altas.

De esta manera se genera un  Estado que asume el poder de decisión en toda relación para proteger al pueblo quitándoles libertades por medio de controles y regulaciones reflejados en expropiaciones, controles del tipo de interés, regulación del salario mínimo, de la contratación y el despido; negociaciones laborales colectivas centralizadas por el gobierno, costo obligatorio de la contratación, costo obligatorio del despido, regulación de la actividad empresarial, controles de precios y de ganancias, gran cantidad de requisitos administrativos, costos burocráticos, un sistema que promueve pagos suplementarios y sobornos, restricciones de obtención de licencias, altos costo del cumplimiento fiscal; entre otros. Todo ello por considerarse el único con  racionalidad económica.

Lo anterior es contrario al pensamiento de Benedicto XVI quien afirma en su tercera Encíclica que la “desregulación generalizada ha sido un fenómeno importante, no exento de aspectos positivos porque estimula la producción de nueva riqueza y el intercambio entre culturas diferentes”; la cual solo es posible con una educación en hogares y escuelas, y catequesis en las iglesias que supere la idolatría para conseguir el desarrollo de la libertad.  –

Datos del autor:

Thomas Chacon es profesor universitario, economista y coordinador del programa “Economía para niños” de Cedice