Reporte Católico Laico

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México: ¿Cómo guiar la Iglesia en la sofocante urbe?

México: ¿Cómo guiar la Iglesia en la sofocante urbe?

En diálogo con el nuevo arzobispo de la Ciudad de México, Carlos Aguiar Retes, sobre el inicio de su ministerio y los desafíos para la Iglesia que presenta la monstruosa megalópolis.

Ciudad de México y tiene un nuevo pastor. Se llama Carlos Aguiar Retes y es cardenal. El “tapado del Papa”, como lo señalaron los periodistas incluso antes de su nombramiento, el 7 de diciembre de 2017. Tras guiar las diócesis de Texcoco y Tlalnepantla, con más de 20 años de experiencia episcopal, apenas pocas semanas atrás asumió las riendas en la monstruosa megalópolis. De un ambicioso proyecto de reforma en su nueva diócesis a la tolerancia cero con los abusos sexuales contra menores, las expectativas del purpurado en esta entrevista.

 

¿Cómo han sido sus primeros días en la Arquidiócesis de México?

Elegí con mucha convicción la fecha de inicio de ministerio el 5 de febrero. Lo facilitó el anuncio público de mi nombramiento, que fue el 7 de diciembre, y el tener dos meses para tomar posesión de una nueva diócesis. Es la fiesta de San Felipe de Jesús, patrono de la Arquidiócesis de México, y el día de la Constitución del país.

 

¿Un gesto de diálogo…?

Si, un gesto de diálogo y de apertura, porque la Iglesia debe entrar en relación con las autoridades respectivas y, al mismo tiempo, el pedir la ayuda y la protección del primer santo mexicano. Así comenzamos con un buen paso.

 

Mucho antes de su designación lo señalaron como “el tapado del Papa”, por su cercanía con Francisco. ¿Cómo lo tomó?

Es verdad, sentía que sí estaba señalado por los medios y las expectativas, pero estaba convencido que no iba a ser. Por varias razones. Pensaba que el Papa me iba a dejar donde estaba por la necesidad de consolidar los procesos pastorales ya iniciados y porque él ha nombrado cardenales en diócesis no tradicionalmente sedes cardenalicias. Entonces pensé: Yo aquí me quedo. Estaba muy tranquilo. Para mí fue una gran sorpresa cuando el nuncio me llamó, 10 días antes del 7 de diciembre, y me dio la noticia. Le respondí: “Pero yo, ¿cómo?”. Él me respondió: “Pues sí…”. No lo pedí, ni lo busqué ni lo anhelé, por eso confío en la ayuda del espíritu de Dios.

 

¿Cómo se gobierna una de las diócesis más grandes del mundo?

Es un ejercicio muy importante llegar a la Ciudad de México. Para tener una Iglesia muy viva y coordinada debemos hacer un replanteamiento de las parroquias, que están organizadas habitualmente para una población pequeña. Así nacieron, son estructuras más para el campo rural, cuando el mundo vivía de otra manera. Pero no son efectivas para estas aglomeraciones, ya no funcionan las parroquias en sus estructuras como estaban diseñadas.

 

¿Cómo afrontar este problema?

El Concilio (Vaticano II) y el derecho canónico prevén una nueva estructura de parroquias in solidum: se conforma un equipo sacerdotal, se incorporan dos, tres o cuatro parroquias en una unidad pastoral y se levantan los límites territoriales que a veces generan conflictos entre los mismos sacerdotes y un deterioro para el servicio de los fieles.

 

¿Qué cambios provocaría este nuevo modelo?

Una estructura adecuada no solamente para la atención de los fieles y para la coordinación de los servicios pastorales. El beneficio mayor está en que busquemos que esas unidades pastorales se identifiquen con unidades sociales. Que todas las parroquias de la unidad sean las parroquias de los feligreses, esto nos va a permitir recuperar el sentido de pertenencia y de identidad eclesial.

 

¿Cómo afectaría a los sacerdotes?

La propuesta es que, en estas unidades pastorales, los párrocos ya no vivan en sus parroquias sino en casas comunes sacerdotales. Esto genera no sólo un ahorro económico, también garantiza una casa digna para ellos y, sobre todo, los sacerdotes pueden vivir en comunidad y no en soledad. Con la soledad muchas veces vienen las tentaciones, en cambio cuando estás acompañado con otros que dan la vida igual que tú, se comparten experiencias, dudas, situaciones, amistad, crece y además la seguridad. Todo confluye para bien, el arte es que cambiemos la mentalidad clerical que está en el modelo anterior.

 

¿No es un proyecto demasiado ambicioso?

No, es responder a las necesidades, saber que hay respuestas. No debemos decir: ¿Qué hago con todos estos problemas? Ya lo hicimos en las zonas más marginadas de Texcoco, donde fui obispo. Hubo resistencia inicial, pero hoy esas comunidades caminan muy bien. En Tlalnepantla estamos dejando nueve unidades pastorales, siete ya tienen una casa común. El cambio les cuesta más a los sacerdotes mayores, pero a los jóvenes los vamos a ir preparando en este nuevo modelo.

 

¿Qué desafíos identifica le presenta una megalópolis monstruosa como la Ciudad de México?

La gran ciudad tiene una enorme movilidad social. Más del 50 por ciento de la población gasta de dos a cuatro horas diarias para ir de casa al lugar de trabajo. Es un desgaste físico y emocional enorme. Eso afecta su relación en el matrimonio, en la familia y con la Iglesia. Más de 50 por ciento de la población. Además, la gran ciudad se ve sofocada por una espiral de consumismo, basada en el fenómeno del individualismo. Eso deja muchos marginados. Y luego, entre los católicos, el 80 por ciento de los fieles no tienen la formación suficiente para ser conscientes de su ser discípulos cristianos.

 

Apenas inició su ministerio afrontó una crisis tras la denuncia contra un sacerdote por un supuesto abuso sexual contra una menor. ¿Cuál es su compromiso al respecto?

Aprendí que lo mejor es la transparencia y dar testimonio claro de tolerancia cero. Lo había anunciado al momento de mi designación, pero no pensé que iba a tener necesidad de aplicar estos criterios tan rápidamente, es algo que no se puede ni prever ni programar. Ahora me queda plenamente confirmado que no debemos tener miedo a decir lo que pasa, porque eso nos ayudará a que cada vez sean menos los casos. La mejor ayuda que podemos tener es afrontar las situaciones y conducirnos conforme a la ley para hacer las denuncias.

 

En pocos días se cumplen cinco años de pontificado de Francisco, ¿cómo lo valora?

El Papa representa una nueva generación de gente que, sin haber estado dentro de las decisiones y reflexiones del Concilio Vaticano II, las ha asumido y las pone en práctica. Uno de estos ejes es que la Iglesia no sólo se sirva a sí misma y cuide de su institución, sino que cumpla su misión que es transformar la sociedad. Esto ya lo habían comenzado a hacer Juan Pablo II y Benedicto XVI con muchas resistencias, todavía quedan resabios de eso.

 

¿Cómo se explica todas estas resistencias, incluso las dirigidas hacia el Papa Francisco?

Cada quien tiene, por naturaleza, un enamoramiento de su propia ideología, es decir las maneras en que ha dado camino a sus propias convicciones. Cuando se ha caminado mucho tiempo de una determinada manera, sintiendo que he cumplido así mi ser cristiano, que me vengan a decir que ya no es así, que mi pensamiento no es exacto y que Dios quiere otra cosa, genera una crisis. De ahí surgen las resistencias.

 

¿Cómo afrontar esas resistencias?

Hay que reflexionar y encarar un cambio que no sólo es una conversión personal, también una conversión pastoral. Es reflejar en tu comunidad tu interpretación de la realidad y cuestionarte. El discípulo no es sólo un individuo, tú no te puedes dar sólo la respuesta sobre lo que Dios quiere, necesitas confrontar tú mirada con los otros que quieren seguir a Jesús. Esto es difícil y está en la raíz de las resistencias que son naturales. No deben asustarnos, se darán y se seguirán dando.