Reporte Católico Laico

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La humanidad, como realmente es

La humanidad, como realmente es

RCL les invita a leer a James V. Schall, S.J.-

 

Cristo no vino a llamar al justo sino al injusto (Lucas 5.32). Se nos ordena amablemente que seamos “perfectos”, como nuestro Padre celestial es perfecto (Mateo 5:48); pero no es fácil. De hecho, por nosotros mismos, no es posible. No somos dioses. Se nos dice que debemos “arrepentirnos” y ser bautizados (Hechos 2:38). La suposición es que cada uno tiene algo que reconocer, de lo que debe arrepentirse, si supiera exactamente cómo y, más importante aún, elegir hacerlo.

 

El cristianismo, al menos inicialmente, no es una religión que se dirige al perfecto, sino al imperfecto. Esto no significa que no sepa de lo perfecto. Pero ninguno de los miembros individuales de la humanidad es simplemente perfecto. Somos libres, por así decirlo, de ser imperfectos, sin, al mismo tiempo, ser alentados a pecar en el uso de esa libertad.

 

Recientemente, me encontré con la siguiente frase de Joseph Ratzinger (3 de junio de 1977). Para poder “citar” a alguien, Mons. Robert Sokolowski a menudo nos dice: que es poder incluir en nuestros propios pensamientos lo que encontramos en la mente de los demás. Podemos ser, por así decirlo, más que nuestro limitado rango de pensamiento; pero debemos reconocer lo que nos pertenece y lo que proviene de otro. Es para eso, para lo que tenemos las notas a pie de página.

 

Ratzinger escribió: “La exigencia irrealista de que todo lo que la Iglesia enseña se viva por completo y en su plenitud no toma en cuenta a la humanidad como realmente es“. Tal pasaje recuerda la advertencia de Aquino de que la mejora en nosotros mismos o en nuestro entorno se produce “gradualmente.” Si Dios hubiera esperado que pudiéramos transformarnos completamente, al oír o ver una sola vez lo que es bueno, nos habría hecho ángeles, en vez de hombres. Está bien ser un ser humano. No es “fácil”, pero está bien.

Retrato de Machiavelli por Antonio Maria Crespi, c. 1600 [Biblioteca Ambrosiana, Milán]

Ratzinger continúa: “Existe en cada hombre una cierta tensión entre lo que la Iglesia reconoce como lo que el cristiano debe ser, y hacer, y lo que el cristiano promedio normalmente logra”. Tal pasaje está muy cerca del hombre común de Chesterton. Este enfoque no significa que no necesitemos llorar lo suficiente cuando veamos nuestros fracasos como lo que son. De hecho, nuestra capacidad de reflexionar sobre nosotros mismos nos permite reconocer y restablecer el orden correcto de lo que se ha desviado debido a nuestra propia causalidad.

 

“La humanidad tal como es en realidad”: esta es una frase muy provocativa. Podemos contrastarlo con “la humanidad como debería ser” o “la humanidad como nunca se pretendió que fuere”. David Warren dijo en algún lugar que, si Dios hubiera querido que todo el mundo fuera cristiano, ya habría sucedido.

 

De nuevo, está bien vivir en el mundo que se nos ha dado. Pero podemos rechazarlo también. Así, podemos ver el mundo como si no tuviésemos ninguna responsabilidad por el desastre. Otros son responsables, no nosotros. Dios es el culpable. Él creó el mundo para que fuere de esta manera. Pudo haber enviado una banda de ángeles para ayudarnos en momentos de necesidad, pero no lo hizo. Él quería ver lo que hacíamos de nosotros mismos si nos dejaban hacerlo.

 

Dios tiene, por así decirlo, una apuesta metafísica con la humanidad, a saber, que la comprensión de Dios de lo que el hombre es y debe ser, como lo indican la razón y la revelación, es mucho mejor que cualquier otra alternativa que se le ocurra al hombre. Ahora estamos viviendo en la era de las alternativas que el hombre ha soñado, por así decirlo.

 

La humanidad como realmente es” ahora incluye las desviaciones y aberraciones manifiestas en la vida humana. La importancia de la advertencia de Ratzinger era contrarrestar un cierto utopismo que habría desgarrado al mundo por la más mínima imperfección. La Iglesia misma está atrapada entre su obligación de enseñar lo que es verdadero y su sentido del realismo sobre qué grado de perfección podemos esperar del tipo de seres normales que somos.

 

El lado alto de esta tensión está en esperar demasiado; mientras que el lado bajo, en esperar demasiado poco; de manera que el cruzar la línea entre el bien y el mal sea abordado en nombre del hombre tal como él es. Juzgamos al hombre no por lo que debe hacer, sino por lo que “hace”, —palabras hechas famosas por Maquiavelo, aunque él tiene muchos amigos.

 

¿Qué nos causa más dificultades?, ¿esperar demasiado de nosotros o esperar muy poco? La pregunta puede debatirse. A veces, sospecho que es el pedir demasiado. Sin embargo, es precisamente de aquellos de quienes se espera mucho, de quienes tomamos nuestros modelos. La humanidad, tal y como es ella en realidad, incluye a Sócrates y Cristo, sin quienes no sería fácil llamarnos seres humanos, de la manera en la que  realmente lo somos.

Martes, 10 de abril de 2018

Tomado/traducido, por Jorge Pardo Febres-Cordero, de: https://www.thecatholicthing.org/2018/04/10/humanity-as-it-actually-is/

Acerca del autor; artículos más recientes:

James V. Schall, S.J. sirvió por treinta y cinco años como profesor en la universidad de Georgetown. Es uno de los escritores católicos más prolíficos en Los Estados Unidos. Entre sus libros recientes están The Mind that is Catholic (La Mente que es Católica), The Modern Age (La Edad Moderna), Political Philosophy and Revelation: A Catholic Reading (Filosofía Política y Revelación: Una Lectura Católica), Reasonable Pleasures (Placeres Razonables), Docilitas: On Teaching and Being Taught (Docilitas: Sobre enseñar y ser enseñado) y Catholicism and Intelligence (Catolicismo e Inteligencia).