Reporte Católico Laico

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Todo trabajo es digno y útil

Todo trabajo es digno y útil

RCL les invita a leer a Juvenal Salcedo Cárdenas.-

Se nos ha enseñado que el trabajo es  un medio de santificación.

Se ha dicho  que el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios,  fue puesto  en la tierra para que la dominase. Está llamado a trabajar.

Según San Pablo el trabajo es un deber: “Si alguno no quiere trabajar  que tampoco coma (TS.3, TS4)”.

En la   Constitución de la antigua Unión Soviética, en su artículo primero, decía, como un gran avance de la  revolución: “el que no trabaje que no coma”, cuando siglos antes lo había dicho San Pablo.

El hombre está llamado a colaborar con su  creador  en su obra redentora, uniendo su trabajo al  del carpintero de Nazaret.

La creación no ha terminado (piensen  en los adelantos cibernéticos que  ni se soñaban hace unos cuantos años atrás).

Cada uno de nosotros a su tiempo  tiene una labor por hacer, que es personal, no de otro. Ese otro tiene otro trabajo, todo de acuerdo con  sus carismas y talentos. Que no se nos llame, al final de nuestra jornada, siervos inútiles,  infieles y perezosos. ¿Qué hiciste con el talento que te di?

La doctrina social de la Iglesia  exhorta  a la lucha  por  un trabajo  de acuerdo a las  aptitudes. Hay que apoyar  el desarrollo, animar  la cultura del trabajo.

En la Rerum Novarum se establece  la dignidad  del trabajo. Todo trabajo es digno y útil. Me acuerdo, como si fuera ayer, del primer tema de Sociología en quinto año de bachillerato: “Todos somos útiles. Cada uno  en su trabajo. ¿Qué sería de nosotros  si al levantarnos tuviéramos que ir a buscar agua  para bañarnos? Hay otros que ya trabajaron para que tengamos agua  en nuestras casas. ¿Si tuviéramos que trabajar haciendo pasta dental y cepillos? etc. e  iba desarrollando asunto por asunto para concluir  que el  trabajo de cada hombre es útil, desde el más insignificante, hasta el más grande. Decía que Robinson Crusoe en su isla  era sólo una novela, y así iba desarrollando el tema número 1: “Sociedad y trabajo”.

Los derechos que nacen   del  trabajo humano: derecho  al justo salario, seguridad del obrero, y su familia, están consagrados en la Laborem Exercens, No 8.

Todo trabajo es útil. A los científicos les dijo el Papa Juan Pablo II: “Se les pide que trabajen al servicio de toda la humanidad…”, y continúa: “el trabajo es un derecho-deber siguiendo el mandato de Dios: sometan la tierra”.

Cristo manda a sus discípulos  a trabajar.

El Papa Francisco dice que el trabajo nos ayuda a madurar  y a caminar  hacia nuestra realización como personas.

Para nosotros, los que nos decimos creyentes, el trabajo es medio de santificación. Dios me puso en este lugar  para santificarme.

Personalmente  me preguntaba, ya no: ¿para qué Dios me puso en el medio donde trabajé toda mi vida? Es un leprocomio, para ayudar a los leprosos. Dios me puso en medio de los delincuentes  para ayudarlos a curar  las heridas  de su lepra. Solo Dios sabe. Lo hace para bien (Romanos 8, 28).

Alguien apodó públicamente a una eminencia (Eminencia de verdad), de oligarca, y él nos comentó a mi esposa y a mí, riéndose a carcajadas: “Dígame este hijo de oligarca. Mi papá logró con su trabajo un médico, un ingeniero, y yo cura”. Él era taxista y se ganaba   su dinero con el sudor de… su frente.Todos los días sentado delante de un volante.

Todo trabajo es útil y bendecido por Dios. Muchos hemos visto como un vendedor, al recibir  el pago que hacemos por su mercancía, agarra el dinero  y  se santigua diciendo: Bendito sea Dios. Esta es mi primera venta.

Sí, todo trabajo es bendecido por Dios. ¿Quién soy yo para calificarlo?

En mi vida he leído muchas cosas bonitas sobre el trabajo: Don Bosco, el santo protector de la  los niños en peligro, vio un día a uno que no se atrevía a entrar en el grupo. Él lo  vio y le hizo señas que se acercara. Vino. Le preguntó: ¿Quieres unirte a los muchachos  en el juego de futbol? Yo no puedo jugar futbol porque me falta una pierna. Yo no sé hacer nada. No entro en el coro  porque no tengo voz, y así fue diciendo.

Don Bosco  le dijo: ¿Sabes silbar? Si, y silbó fuerte. Quédate. Me serás muy útil porque  cuando quiera llamar, tu silvas y ellos vendrán.

Todos  no servimos para todo, pero todos servimos para algo.

Vi un letrero jocoso que a veces ponen en los negocios: “¿Siente envidia por mi bonito negocio? Haga como yo: trabaje”.

Otro: “Al salir de mi negocio le deseo a Ud. el doble de lo que piense de él”. Luego: Que feliz ese señor (promesa: el doble). Ojala y quiebre  ese ladrón (promesa: el doble).

Leí algo que me hizo reflexionar hace muchos años: “Dios no hizo el trabajo como castigo  sino para que no pensáramos tanto en la tontería (en Venezuela usamos otro vocablo) que cometió  al perder el paraíso”. Y es verdad. Dios nos da siempre oportunidad. Esto me hizo recordar a mi papá que decía: “la ociosidad es la madre de todos los vicios”, por eso, él  nos tenía siempre trabajando. Igual hacia yo con mis hijos. Crecieron en el trabajo.  Estudiar era  su trabajo, luego estudiaban, menos en vacaciones que yo no aceptaba muchacho con un libro, a menos que fuera  de un juego o lectura para distraerse. En casa hacían el jardín, lavaban los carros, ayudaban a su mamá en la cocina, limpiando la casa, a pesar de que siempre tuvimos  una señora para esos menesteres. Hoy me dicen que  es la mejor herencia que les hemos  dejado.

Todo trabajo es digno  y útil. Laus Deo.

 Montreal, 10 de  abril 2018.

JUVENAL SALCEDO CARDENAS