Reporte Católico Laico

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Una luz de esperanza para la mujer rural

Una luz de esperanza para la mujer rural

RCL les invita a leer a Virginia Rivero.-

Hace unas semanas en la ciudad de Nueva York concluyó la reunión más importante de las Naciones Unidas sobre Igualdad de Género y Derechos de la Mujer. En esta ocasión los Estados miembros de la ONU establecieron el compromiso de lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y niñas que viven en zonas rurales. Estas mujeres viven en los campos olvidadas y pasando dificultades que la mujer de las ciudades y urbes desconocen. La injusticia y la discriminación campean en lo atinente a una buena alimentación, la nutrición, la tierra, el agua, la salud, los alimentos, el trabajo. Las mujeres rurales en su gran mayoría viven en la pobreza y con altas tasas de violencia. Durante décadas han vivido marginadas y excluidas. Por eso celebramos este compromiso de los Estados de adoptar medidas concretas para atender las mujeres rurales.

Según cifras de la misma ONU, 1600 millones de personas viven en la pobreza y cerca del 80 % de las que viven en condiciones de extrema pobreza residen en zonas rurales. Son mujeres sin oportunidades para una educación de calidad, servicios de salud propios de su condición femenina, acceso a la tierra, a créditos e insumos agrícolas y ni hablar de acceso a la justicia y a su protección social. En esta oportunidad, la ONU estableció medidas concretas a tomar para superar la pobreza, salvaguardar los derechos de la mujer rural, mejorar su calidad de vida y su resiliencia. No será posible una lucha efectiva contra el hambre en el mundo y contra la inseguridad alimentaria sino se incorpora la mujer rural en esta lucha como sujeto activo y se promueve su dignidad y desarrollo integral.

La Resolución adoptada por la ONU, fija una Hoja de Ruta que define los pasos a seguir por los diversos gobiernos, la sociedad civil y los grupos de mujeres para promover la materialización de los derechos de las mujeres rurales y atender sus necesidades. La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, y Secretaria de la CSW, Phumzile Mlambo-Ngcuka, declaró: “El acuerdo alcanzado por la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) acerca de las medidas encaminadas a lograr la igualdad sustantiva de las mujeres y niñas de las zonas rurales constituye un avance decisivo. En estas dos semanas de diálogo con la Comisión, las propias mujeres y niñas han dejado claro lo que quieren: desde su derecho a poseer tierras hasta su necesidad de disponer de infraestructuras o el derecho a decidir sobre sus cuerpos y vidas. Para que estas medidas surtan el cambio deseado es preciso un trabajo constante por parte de todos los implicados, desde los gobiernos hasta la sociedad civil. Las propias mujeres rurales deben contar con el derecho a dar a conocer sus opiniones en todas las consultas y a ser escuchadas; asimismo, debe incluirse a las delegaciones de jóvenes en todos los niveles”

La Comisión también recalcó que las mujeres y las niñas rurales son esenciales para el desarrollo sostenible y que es preciso dar prioridad al cumplimiento de sus derechos y a su empoderamiento. En las Conclusiones Convenidas figuran una serie de medidas y recomendaciones concretas como por ejemplo:
Aprobar reformas para eliminar las leyes y normas discriminatorias con el fin de que las mujeres puedan acceder en igualdad de condiciones que los hombres a los recursos económicos y productivos, incluidos la tierra y los recursos naturales, la propiedad y los derechos de sucesión.

Apresurarse en afianzar los entornos educativos en todos los niveles, lo que incluye acabar con las brechas de género en la enseñanza secundaria y superior en las zonas rurales.

Proporcionar servicios sociales de calidad, así como servicios de cuidados, a fin de disminuir la proporción desigual de cuidados no remunerados y de trabajo doméstico que realizan las mujeres y niñas en las zonas rurales.
Garantizar que las mujeres rurales tengan acceso a empleos decentes con igual remuneración por un trabajo de igual valor, y que participen en pie de igualdad en todas las decisiones, tanto en sus hogares como en los foros comunitarios.

Mejorar el acceso a infraestructuras y tecnologías esenciales, que por lo general benefician a las mujeres rurales en última instancia, brindando un acceso al agua potable, a cocinas no contaminantes, así como a instalaciones de saneamiento y dispositivos de conectividad, entre otros.
Aumentar las inversiones a fin de garantizar su seguridad alimentaria y su nutrición y aumentar la inclusión financiera y el acceso de las agricultoras a servicios financieros.

Prestar servicios sanitarios de carácter universal y atender las necesidades de las mujeres y niñas rurales a fin de que puedan gozar de una salud sexual y reproductiva y controlarla.
Acelerar la labor de lucha contra todas las formas de violencia contra las mujeres, incluidas las prácticas nocivas como el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina.

Estas líneas estratégicas de acción deben no sólo darse a conocer a todas las mujeres sino ponerse en práctica y traducirse en políticas públicas eficientes y efectivas. He aquí un reto para las ONG’ s que trabajan en asuntos de la mujer y activistas de derechos humanos. De lo contrario, esto no pasará de unas buenas intenciones de las miles de mujeres reunidas en la ONU en representación de gobiernos, ONG y otros organismos internacionales.