Reporte Católico Laico

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¿Cómo quieres que te respeten?

¿Cómo quieres que te respeten?

RCL les invita a leer a Ligia Valladares de Salcedo.-

En un acto de campaña, el candidato a la reelección ha dicho, públicamente, al que pareciera que fue su principal oponente, una expresión soez, vulgar, vil y despreciable, que ya se la habíamos escuchado a su antecesor en algunas ocasiones. Resumiendo la idea con imágenes, dijo “en un supuesto negado que fulano gane, le voy a obligar a que enrolle ese cartón y se lo meta…en el bolsillo de atrás”. Sus acólitos lo aplaudieron llenos de satisfacción por tamaña “proeza”.

Las famosas “transmisiones en cadena nacional”, en tantos años de tener el dominio absoluto de casi todos los medios de comunicación y durante tantas horas diarias, penetrando los hogares con sus “exquisitas enseñanzas”, han producido su efecto nefasto. Los presidentes de estos últimos veinte años no han tenido respeto y consideración por las personas, e inclusive las de su entorno. Como ejemplo hemos visto y oído desde nombrar a un fulano para un importantísimo cargo, y humillar a sus colaboradores que han caído en desgracia, así como también dar instrucciones muy bien entendibles de cómo los jueces competentes deben condenar a ciertas personas que, a “juicio” del primer mandatario, han cometido delito, ordenando cómo deben ser las sentencias porque ellos, los presidentes, ya los han juzgado en su muy peculiar manera de “hacer justicia por sus propias manos”.

El respeto no existe ni en el vocabulario ni en la acción del revolucionario. La violación sistemática de la Constitución Nacional, y de todos los Derechos Humanos y Sociales, el establecimiento de normas legales con carácter le Ley que, a través de mecanismos, también violatorios del ordenamiento jurídico, autorizan al Ejecutivo Nacional a adoptar medidas de Emergencia Económica y por supuesto políticas; la administración del erario público al margen de lo que las disposiciones legales establecen; la violación de los derechos políticos de los venezolanos, así como de las autoridades elegidas legítimamente, creando “parapetos” administrativos paralelos y autónomos y … un gran etcétera, son demostraciones del irrespeto a todos los ciudadanos.

La cabeza del Estado debe ser lo que es en una familia el padre o la madre, según sea el caso. Se educa principalmente con el ejemplo, pero también con las palabras, que son las saetas lanzadas a los receptores de la información, llenas de armonía, sabiduría, inteligencia y buenas intenciones. No es una forma de educar cuando transmites mensajes cargados de odio, resentimiento, discriminación y tantas cosas más.

Los mensajes recibidos por la población han exacerbado sus más bajas pasiones y hemos sufrido, en estos largos años, una de las peores transformaciones del ser humano, la destrucción de su estructura moral y ética, que hacen cada día más difícil la convivencia ciudadana.

Algunos ciudadanos, hoy día, tratan a los demás con descortesía, agresivamente, sin escrúpulos; si pueden aprovecharse de ellos son sus amigos, de lo contrario, los ignoran o son sus enemigos. Los mensajes que han llovido en tantos años han surtido su efecto. Desde robar cuando se tiene hambre, hasta matar a los que te estorban. Actúan según la falsa premisa que lo que te has ganado con muchos años de trabajo y esfuerzo honrado, no es tuyo, porque tú le has quitado las oportunidades a los más necesitados; en su concepto, “te robaste” lo que a ellos les correspondía sin siquiera trabajar (cada ladrón juzga por su condición).

Pareciera que en vez de un país vivimos en un circo. En la personalidad y conducta de los actores principales, además de su ignorancia, se observa carencia de educación y formación familiar. Sólo en la familia se enseña el respeto que se les debe a las demás personas, sean de la condición social que fuera. Sentimos ante tanto irrespeto que a los venezolanos no nos tienen consideración y mucho menos estima.

Cada vez que alguien se dirige a los altos funcionarios con palabras fuertes, estos responden que no respetan la dignidad del cargo que desempeñan. Es verdad. Ciertos cargos tienen una dignidad propia, pero quienes les hacen honor a esa dignidad son las personas con cualidades para honrarla. Los cargos vacíos no tienen valor en sí mismos, lo que les da la vida es la persona que los ocupa. Por muy importante que sea una actividad pública, si los funcionarios con sus actos, lenguaje y acciones no se corresponden con la dignidad, confianza, respeto e importancia del ser humano, causan un daño social inconmensurable.

La pregunta que nos hacemos ¿cómo pretendes que te respeten, si tú nunca nos has respetado?

¿Cómo quieren que los respetemos? Si ellos con su ejemplo reiterado de ofender y menospreciar a los ciudadanos

Montréal; 20 de mayo de 2018