Reporte Católico Laico

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Myriam López de Valdivieso. In memoriam

Myriam López de Valdivieso. In memoriam

RCL les invita a leer a Horacio Biord Castillo.-

Entre las figuras emblemáticas de aquella, en cierto sentido, “vieja” Universidad Católica Andrés Bello sobresale Myriam López de Valdivieso, fallecida en Caracas la noche del sábado 05 de mayo de 2018. Después de la Dra. Maritza Barrios Yaselli, fue la segunda mujer en acceder al vicerrectorado académico de la universidad, cargo que ocupó por algo más de doce años entre abril de 1994 y diciembre de 2006.

Myriam egresó de la escuela de Letras en 1970 y, siendo ya estudiante avanzada de la carrera, actuó como asistente de cátedra del Dr. Efarín Subero en Literatura Hispanoamericana, materia que luego ella daría durante largos años. Myriam y su entrañable amiga la Dra. Lyll Barceló Sifontes, directora que fue de la escuela de Letras entre 1977 y 1981, su “nagual” como ellas solían tratarse cariñosamente, fueron las discípulas dilectas del Dr. Subero, sus auxiliares de investigación y herederas intelectuales del enorme y poco divulgado aporte de Subero a la UCAB. Myriam y Lyll solían recordar con picardía sus andanzas juveniles, los viajes a Ciudad Bolívar en las vacaciones, a la casa de los Barceló, y tantas aventuras vividas como estudiantes de Letras que cimentaron por décadas una amistad sincera.

Entre 1973 y 1976 Myriam hizo la maestría en Literatura Latinoamericana en el Instituto Pedagógico de Caracas. Más tarde, viajaría al Reino Unido donde hizo un diplomado en Políticas del desarrollo entre 1976 y 1978 y una maestría en Planificación social entre 1977 y 1979 en la Universidad de Gales, en Swansea.

Finalmente en 1987 obtuvo su doctorado en Educación por la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez. Además de desempeñarse como planificadora educativa en la Oficina Sectorial de Planificación y Presupuesto del Ministerio de Educación durante las décadas de 1970 y 1980, Myriam dictaba diversos cursos en la UCAB y dirigía trabajos de grado motivando altamente a sus tesistas de pre y postgrado. Luego fue nombrada directora de los postgrados del área de Humanidades y Educación de la UCAB y más tarde vicerrectora académica, cargos ejercidos con gran responsabilidad y sentido de lealtad a la institución, al rector (Dr. Luis Ugalde Olalde, s. j.) y a los miembros todos de la UCAB, individualmente considerados, con afabilidad y modo accesible. Las pretensiones de cualquier tipo, las arrogancias y las distancias odiosas le fueron, para perpetua memoria y ejemplo de los ucabistas, ajenas a su corazón y a su actitud.

Tras concluir su mandato como vicerrectora, en junio de 2009 Myriam se incorporó al Centro de Investigaciones Educativas – TEBAS de la Universidad Central de Venezuela en calidad de investigadora y luego en marzo de 2013 sería nombrada directora general del Instituto Universitario Pedagógico Monseñor Rafael Arias Blanco (IUPMAB), cargo que desempeñó hasta el último día de su vida con el mismo cariño y eficacia que sus anteriores posiciones directivas en la UCAB. Se debe destacar su compromiso, como laica con un alto grado de preparación, con las obras educativas que la Iglesia Católica en conjunto desarrolla en el país. Particularmente recuerdo su apoyo decidido y entusiasta a los diferentes programas de voluntariado de la UCAB en beneficio de los más necesitados, de esas periferias cualesquiera que sean, de tantas personas que peregrinan unas y otras caminan bajo la misericordiosa mirada del Amor Divino.

Foto: UCAB

 

Nunca fui su alumno directo, pero ella siempre, desde los ya lejanos días de mi tránsito por la Escuela de Letras como estudiante de pregrado entre 1979 y 1984, me trató como si lo hubiera sido. Me distinguió con su cariño y amistad, extensivos a mi hermano, Mons. Raúl Biord Castillo, hoy obispo de La Guaira, en especial cuando se encargó de la dirección del núcleo de la UCAB en Los Teques (obra que Myriam siempre respaldó con generosidad, consciente de su importancia académica y social, sin celos ni estrabismos institucionales), y a mi hermana María Eugenia, también egresada y profesora de la UCAB. Durante el año académico 2010-2011 me tocó suceder brevemente a Myriam en su cátedra amada de Literatura Latinoamericana I (nuevo nombre de la antigua de Literatura Hispanoamericana) y su magisterio se me abría en cada autor, en cada libro, en cada movimiento, en cada reto didascálico por menor que fuera.

La última vez que hablé con Myriam, creo, fue en una oportunidad hará dos años en la que me llamó para rectificar las señas de mi hermano. Aún resuenan en mis oídos sus palabras cariñosas, su agradecimiento, su cortés despedida. Nadie me hubiera podido decir que era, en efecto, la última vez que la oiría. Su talante amable, su desparpajo para popularizar el tratamiento cálido y sin barreras de “mi amor” (junto a su plural “mis amores”) será un recuerdo perenne, una forma de romper los vanos encumbramientos que, como diría, la sublime sor Juana Inés de la Cruz terminan siendo polvo, sombra, nada.

El mejor elogio de Myriam, sin embargo, lo hizo una persona muy sencilla, ajena a los ajetreos intelectuales, cuyo nombre lamentablemente no registré. El 17 de febrero de 2017 participé en un coloquio sobre Indigenismo en Venezuela en el siglo XX, en el marco del VI Encuentro Nacional de Indígenas y Misioneros, promovido por la Asociación Venezolana de Educación Católica, en la sede de la Asociación de Promoción de la Educación Popular (APEP), en las mismas hermosas y acogedoras instalaciones donde funciona el Instituto Universitario Pedagógico Monseñor Rafael Arias Blanco en Caricuao. A la salida del evento recogí en mi carro a un vigilante que se dirigía a La Rinconada a tomar el ferrocarril para los Valles del Tuy, donde vivía. Conversando de mil temas durante el trayecto, caímos en el relativo a su jefa, la directora general de la institución, mi profesora Myriam López de Valdivieso. ¡Qué palabras tan hermosas! ¡Qué alabanza tan pura! ¡Qué sentido elegíaco, desde esta triste perspectiva desde la que ahora escribo, le podría atribuir a la visión de aquel caballero sobre la directora del IUPMRAB! Pensaba en todo ello cuando la Academia Venezolana de la Lengua, en sesión del 7 de mayo, guardó un minuto de silencio en homenaje a la Dra. López de Valdivieso.

Que la paz que hoy rodea a Myriam en el bullicioso silencio musical de las esferas más perfumadas, junto al revuelo de tronos y serafines, nos alcance y reconforte en estos momentos de tanta angustia para Venezuela. Gracias (por) siempre, Myriam. Gracias.

Horacio Biord Castillo
Escritor, investigador y profesor universitario
Contacto y comentarios: hbiordrcl@gmail.com