Reporte Católico Laico

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¡Que Sí! ¡Que No!

¡Que Sí! ¡Que No!

RCL les invita a leer a Bernado Moncada Cárdenas.-

«Que llueva, que llueva, / la vieja está en la cueva, / los pajaritos cantan, /  las nubes se levantan, / ¡Que sí! / ¡que no! / ¡Que caiga un chaparrón!»

Tradicional canción infantil.

Tic tac, Tic tac. Y pasaron las semanas. Estamos a escasos diez días de uno de esos momentos calificados como “hora de la verdad”. El albur que se juega es tan grande como la tragedia que engulle al país. La astucia animal del régimen ha logrado de nuevo poner en jaque a las fuerzas que declaran defender la democracia para Venezuela.

Hay dos propuestas para enfrentar la dictadura, pero ésta ha movido sus piezas de modo que ninguna de las dos convence completamente. A estas alturas del partido, hay quienes mantienen que ejercer el voto sólo contribuirá a hacer el juego a quien preside este desgobierno, legitimándolo y reforzando su posición con un proceso electoral completamente amañado, cuyos resultados están listos desde que se llamó ilegalmente a elecciones; hay quienes sostienen que la inmovilidad no es actitud y que es un gravísimo error dejar el campo libre al proyecto madurista; hay quienes ven además la oportunidad de plantarse en el panorama político como opción presidenciable (como todo dirigente venezolano quisiera); hay, sobre todo, una camarilla gobernante acosada por sus propios hechos delincuenciales, aferrada al poder con el despliegue de recursos que inimaginable cantidad de dinero procedente del narcotráfico y la corrupción puede pagar. Y en un tablero tan lleno de posibilidades, donde se juegan tan grandes premios y tan grandes pérdidas, a estas alturas no se perfila una estrategia triunfadora.

Silenciosamente, hay una multitud exasperada que puede estar dispuesta a dar sorpresas, que no se define expresamente en las encuestas, sino que está a la vista a dario, en la ensordecedora evidencia de las filas para recibir el mendrugo de que la supervivencia de la familia depende, lograr apretujarse en la escasa unidad de transporte público que queda, cobrar en efectivo la disminuida pensión del Seguro Social, o adquirir un cilindro de gas doméstico. Esa gigantesca lombriz sin fin en que las políticas populistas y de control social han comprimido el pueblo venezolano no es lo que parece, y el domingo 20 puede descomprimirse en votos que resuelvan la gran incógnita.

Mañana jueves, Fiesta de la Ascensión del Señor, la Iglesia lee en el mundo entero: “Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: —«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?»…” (Hch 1, 1-11), porque, aún después de haber vivido toda la Pascua con las sorprendentes presentaciones del Resucitado, y de haber recibido su última instrucción, los apóstoles todavía están paralizados por el desconcierto. No les basta haber visto cumplirse la inaudita promesa de la Resurrección, ni los signos inexplicables de una presencia sagrada, que además les ha encomendado su misión concretamente. Ante la historia que está por principiar y que irremisiblemente llega, callan inmóviles.

Hasta hoy, quienes han asumido el actual liderazgo político partidista venezolano dan muestras de encontrarse exactamente en esa actitud. Parecen aturdidos por la magnitud de los acontecimientos, cuando más que nunca la ciudadanía necesita escucharles pronunciarse con suficientes razones, y realísticamente, pues nuestra situación se agrava día a día. No parece importar “que caiga un chaparrón”, como dice la canción. En un laberinto de argumentos auto-defensivos, cada uno se afana por tener la razón, cuando debería afanarse por responder a los tremendos hechos que les exigen inmediata atención: “¡Que sí! ¡Que no!”, como si sólo fuesen niños que juegan, mientras el parque de diversiones se viene abajo. Están a simplemente a la espera.

Llegará el día de las votaciones, pues el hecho de que sea o no legítima su convocatoria no impedirá que se realicen. A diferencia de cuando se cometió el pasmoso error de la abstención en las elecciones legislativas 2010, los votantes acudirán a las urnas aunque una alianza opositora disminuida y desbaratada llame a quedarse en casa, pues la verdad es que, en las dificultades que le sofocan, el venezolano de a pie no está como para quedarse impasible cuando puede salir a manifestar su opinión de alguna manera y con alguna expectativa.

Es sensato decir que lo más importante es el día después, escenario aún por verse pero cuyas opciones debería estar prefiguradas, e hipotéticamente preparadas, en la mente de los venezolanos y sus dirigentes. Es la responsabilidad que nos queda, ya que, encerrados en el dilema tramposo de si votar o no votar, parece habérsenos olvidado la realidad del país y sus vicisitudes. Dejen votar a quien así lo decida, y prepárense activamente para lo que viene, en lugar de estar “plantados mirando al cielo”.

10.05.2018