Reporte Católico Laico

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“Reconsiderando” Humanae Vitae

“Reconsiderando” Humanae Vitae

RCL les invita a leer a Randall Smith.-

Un amigo me cuenta de un sacerdote católico anciano con quien solía compartir una oficina. El hombre hablaba con frecuencia como si todavía fuera 1969 y no hubiera pasado nada desde entonces en la Iglesia.

Se dice que algunas personas planean una reunión en Roma para “reconsiderar” la encíclica de Pablo VI, de 1968, Humanae Vitae. Esto es interesante, pero también un poco extraño. Considérese cuán extraño parecería si alguien sugiriera una reunión en Roma para “reconsiderar” la encíclica de 1891 del Papa León XIII, Rerum Novarum. Lo primero que podríamos decir es que ha corrido mucha agua debajo del puente desde entonces, incluyendo la encíclica de 1931 de Pio XI Quadragesimo Anno, la encíclica Mater et Magistra de Juan XXIII de 1961, la carta apostólica Octogesima Adveniens de Paulo VI, de 1971, y la encíclica Laborem Exercensand, de 1981, de Juan Pablo II y la encíclica Centesimus Annus, de 1991, en el centésimo aniversario.

Uno no podría “reconsiderar” muy bien la Rerum Novarum, como doctrina de la Iglesia, sin considerar todos los desarrollos oficiales posteriores respecto de dicha enseñanza.
La segunda cosa que uno se vería inclinado a preguntar, especialmente después de tantos comentarios, es cómo podría alguien “reconsiderar” la enseñanza de la Rerum Novarum. ¿No sería esto como “reconsiderar” el Concilio de Nicea? Ese barco ya partió.

No estoy afirmando que la enseñanza de Humanae Vitae tenga la misma formalidad que Nicea. Pero quizás sería una mejor comparación preguntar cómo verían los católicos liberales que un grupo en Roma anunciara que habría una “reconsideración” de la enseñanza sobre la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas en Nostra Aetate, con la implicación de que podría haber una reversión efectiva.

Me imagino que dirían lo que acabo de decir: Primero, que ese barco ya partió; es una enseñanza firme; y, segundo, que ha habido muchos comentarios papales desde la publicación de ese documento. Me imagino que incluso podrían señalar los numerosos lugares donde el Papa Juan Pablo II la menciona como la enseñanza definitiva de la Iglesia.

¿Cómo podría nadie considerar Humanae Vitae sin considerar el desarrollo de esa enseñanza por parte de Juan Pablo II en su larga serie de discursos de los miércoles, que conforman su “Teología del Cuerpo”? ¿Qué hay de los muchos otros lugares en los que la menciona? Permítanme citar solo algunos de su “Carta a las familias” de 1994:

En particular, la paternidad responsable y la maternidad conciernen directamente al momento en que un hombre y una mujer, uniéndose “en una sola carne”, pueden convertirse en padres. Ese es un momento de especial valor tanto para su relación interpersonal como para su servicio a la vida: pueden convertirse en padre y madre, comunicando la vida a un nuevo ser humano. Las dos dimensiones de la unión conyugal, la unitiva y la procreativa, no pueden ser separadas artificialmente sin dañar la verdad más profunda del acto conyugal mismo. Esta es la enseñanza constante de la Iglesia, y los “signos de los tiempos” que vemos hoy están proporcionando nuevas razones para reafirmar enérgicamente esa enseñanza.

Ese tema ha sido extensamente tratado en los documentos del Concilio Vaticano II, la Encíclica Humanae Vitae, las “Propositiones” del Sínodo de los Obispos de 1980, la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, y en otras declaraciones, hasta la Instrucción Donum Vitae de la Congregación para la Doctrina de la Fe. La Iglesia enseña la verdad moral sobre la paternidad y la maternidad responsables y la protege de los puntos de vista erróneos y las tendencias que se extienden hoy en día. ¿Por qué continúa la Iglesia haciendo eso? ¿No tiene conocimiento de los problemas planteados por quienes la aconsejan para que haga concesiones en esta área y que incluso intentan persuadirla con presiones indebidas, incluso amenazas?

El Magisterio de la Iglesia a menudo es criticado por estar retrasado respecto de los tiempos, y cerrado a los impulsos del espíritu de los tiempos modernos, y por promover un curso de acción que es dañino para la humanidad y, de hecho, para la Iglesia misma. Manteniéndose obstinadamente en sus propias posiciones, se dice, la Iglesia terminará perdiendo popularidad; y cada vez más creyentes se apartarán de ella. Pero, ¿cómo puede sostenerse que la Iglesia, especialmente el Colegio de Obispos en comunión con el Papa, es insensible a tan graves y apremiantes preguntas? Fueron precisamente estas cuestiones extremadamente importantes las que llevaron al Papa Pablo VI a publicar la Encíclica Humanae Vitae.
Más tarde, en esa misma carta, Juan Pablo II elogia a aquellos que luchan por defender esa enseñanza, diciendo: “Estoy pensando en particular en los pastores y los muchos eruditos, teólogos, filósofos, escritores y periodistas que han resistido la poderosa tendencia cultural a la conformidad, y están valientemente dispuestos a ‘nadar contra la corriente'”.

Tales palabras, expresadas en términos definitivos, repetidas una y otra vez, no solo aquí, sino en otros documentos, sugieren una enseñanza irreformable. Puede “reconsiderarse” solo de la manera en que se puede reconsiderar cualquier enseñanza oficial: reiterándola y volviendo a enfatizarla. No podría revertirse más de lo que podría revertirse la enseñanza de la Inmaculada Concepción de María. Mi pregunta es, simplemente, si aquellos que reconsiderarán Humanae Vitae darán fuerza a los nadadores, o intentarán ahogarlos en la marea.

Pero, por lo que más quieran, hablen de Humanae Vitae. Es un documento que vale la pena leer y volver a leer. En mi opinión, las adiciones que el Papa Juan Pablo II le hizo son a veces incluso mejores que el original. Pero probablemente necesiten más que unos pocos días para hablar sobre ello. Permítanme sugerir reuniones constantes durante dos o tres años. De lo contrario, se parecerán a esos estudiantes que se toman un fin de semana para leer la Ilíada y luego dicen: “Sí, la leí”. De alguna manera, lo dudo.
Y si la discuten como si nada se hubiera escrito sobre ella desde 1968, sonarán como el sacerdote anciano con el que mi amigo compartía oficina: trillado, cansado, aburrido y anticuado; popular con cierto Boomer católico que pensaba que el Concilio Vaticano “no había ido lo suficientemente lejos”, pero absolutamente irrelevante para los jóvenes agnósticos escépticos, y los bautizados no creyentes a los que doy clases todos los días.

Sobre el Autor
Randall B. Smith es profesor de Teología en la Universidad de St. Thomas en Houston. Su libro más reciente, Reading the Sermons of Thomas Aquinas: A Beginner’s Guide ([Leyendo los sermones de Tomás de Aquino: Una guía para principiantes]), ya está disponible en Amazon y en Emmaus Academic Press.

 

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de: The Catholic Thing