Reporte Católico Laico

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A María Magdalena

A María Magdalena
RCL les invita a leer a Alicia Álamo Bartolomé.-

Algunos pueden pensar que voy a decir una herejía, pero no, es simplemente una opinión que no va contra ningún dogma ni contra lo que apunta el Evangelio.

Siempre se dice que la primera persona a quien se le apareció Jesús resucitado fue a su Madre, pero yo no lo creo así, sino tal como lo registra el Evangelio, fue a María Magdalena. Aducen o deducen que tuvo que ser a la Virgen María, la que lo engendró y sufrió con él. Sin embargo, me parece que juzgan con una visión muy humana del exaltado amor maternal: que si madre sólo hay una, que si el Día de la Madre -cuyo valor es sobre todo comercial- y todos esos cumplidos elogios a la maternidad terrena, a veces hasta un poco empalagosos. Se olvidan de lo que tanto proclamó Cristo: vino a buscar no a los justos sino a los pecadores. Nadie más justo que la Inmaculada Concepción, nadie más pecador que María Magdalena de la que había echado siete demonios.

María seguramente supo de inmediato la resurrección de su Hijo, no necesitaba ver para creer. ¿Cómo no iba a sentirla cuando resucitaba su propia carne, su propia sangre? Como hombre, Cristo no tenía sino las de María, porque no tuvo padre humano, fue ella la que aportó todo para formar su cuerpo y con esta carne y esta sangre sufrió toda la pasión, la muerte, la resurrección, ¡y está en a Eucaristía! La Magdalena, que había transformado todo su sincero dolor por la multitud de sus pecados en un ardiente amor por su Maestro, que valerosamente con otras pocas mujeres no lo abandonó en su pasión y muerte, estaba desolada, ¡habían robado el cadáver de Jesús! Entonces creo que el Redentor obró acorde, coherente, con su predicación: se le apareció a la pecadora, plena de amor, antes que a la Inmaculada.

Por supuesto, es una opinión muy personal y lejos estoy de pensar que alguien la comparta conmigo, pero sírvanme estos dos párrafos anteriores para tratar otro punto relacionado con lo dicho: la exaltación del amor maternal. Me parece que se exagera hasta sacralizarlo, pienso  entonces en tantas madres negativas que hay en este mundo, unas, que destrozan la vida de sus hijos por sobreprotectoras, que nos lo dejan ser por sí mismos, no cortan esa suerte de cordón umbilical del alma y los manipulan con un amor posesivo que los castra humana y espiritualmente.

Otras, en un plano más bajo y maligno, prostituyen por dinero a sus propios hijos o los venden y, si no hubiera infierno, habría que crearlo para ellas. Y en un plano aún más abismal y aterrador, están las madres asesinas, que matan a sus hijos en su propio vientre, con el agravante de que gran parte de la sociedad lo aprueba y en varios países el aborto ya ni siquiera es delito y otros ya están en vías de legalizarlo, como un gran avance de la ley y la ciencia, cuando es sólo un colosal triunfo del demonio.

“No matarás”. El cuarto mandamiento del Decálogo está vigente, los abortistas lo quieren olvidar y cuántos de ellos se escandalizan por las corridas de toros. En este mundo al revés, estas dos mujeres que vieron a Jesús resucitado, sin importarnos quién lo vio primero, porque no es esencial, debemos acogernos porque las dos son ejemplo de la misericordia divina que tanta falta no hace a los mortales. A ambas les perdonaron todos los pecados, a una, antes de cometerlos para que fuera la perfecta Madre de Dios; a la otra, todos los cometidos, para que sirviera a los pecadores como acicate de esperanza.


 

alicia alamoAlicia Álamo. Periodista. Profesora fundadora de la Universidad Mtonteávila.

Publicado originalmente en: http://revistakerigmavenezuela.com