Reporte Católico Laico

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El Cardenal Porras saluda a Caracas: “Que no sean la desilusión paralizante ni la inercia las que nos aplasten y desanimen”

El Cardenal Porras saluda a Caracas: “Que no sean la desilusión paralizante ni la inercia las que nos aplasten y desanimen”

El Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo se dirige al pueblo de Caracas como nuevo Administrador Apostólico de la Arquidiócesis.-

“A todos los que habitan en la Arquidiócesis de Caracas, salud y bendición.

Con motivo del nombramiento que ha hecho el Papa Francisco, designándome Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, quiero hacerles llegar mi primer saludo y bendición, poniéndome en las manos del Señor al servicio de las angustias y los gozos, de las esperanzas y anhelos de quienes residen en nuestra región capital. Vengo con el encargo de compartir el trabajo episcopal de Caracas y de Mérida, con la misión de recobrar y acrecentar “la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas” (EN, 80; EG 10).

 

No me siento del todo extraño en la capital. Aquí nací, en el seno de una familia que forjó mi primera identidad cultural y recibí los primeros rudimentos de la fe; fue aquí donde encontré el llamado gratuito del Señor a seguirlo en la vocación sacerdotal. De la mano de Mons. Hortensio Antonio Carrillo, Párroco de Santa Teresa, aprendí a ser monaguillo y él fue el instrumento para entrar al Seminario. En el Colegio Fray Luis de León estudié e hice la primera comunión de manos del querido Padre Hilario Briones, agustino, de quien guardo el mejor de los recuerdos por sus sabias enseñanzas y su entrañable amistad.

 

Me encomiendo a Mons. Rafael Arias Blanco quien me confirió los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, me recibió en el Seminario Interdiocesano, y me impuso la sotana. Igualmente me encomiendo a los Arzobispos y Cardenales José Humberto Quintero Parra y José Alí Lebrún Moratinos, maestros en el ejercicio ministerial, ejemplo de virtudes quienes me trasmitieron su rica experiencia de cristianos cabales. Con el Cardenal Ignacio Velasco compartimos experiencias episcopales. Y aquí tengo compañeros y alumnos en el clero. Sucedo al Cardenal Jorge Urosa Savino, compañero y hermano desde el Seminario. Juntos cursamos la filosofía y compartimos responsabilidades como superiores en los Seminarios caraqueños, y por más de tres décadas hemos llevado juntos las responsabilidades episcopales. El Señor y la Virgen lo sigan bendiciendo con creces.

 

No traigo ningún plan preconcebido, pues lo primero que quiero hacer es escuchar y atender los clamores , necesidades y expectativas de un pueblo sumido dramáticamente en la honda crisis que padece el país; oír a los agentes pastorales, sacerdotes, religioso(a) s y laicos, que han llevado y llevan el trabajo evangelizador, de asistencia social y promoción humana; y estar atento a las muchas urgencias y propuestas de instituciones públicas y privadas, cuyas opiniones representan y tienen eco en la ciudad y en el país.

 

Habrá oportunidad para encontrarnos y buscar juntos respuestas y salidas que ayuden a nuestras gentes a sentir la mano amiga y fraterna que no tiene otro objeto sino el respeto y promoción de los valores y derechos humanos acordes con nuestra dignidad y la vigencia del Bien Común.

 

Para ello contamos con la apertura a la acción del Espíritu Santo que nos hace evangelizadores con espíritu. El amor de Jesús nos mueve y sentimos el inmenso deseo de comunicarlo a creyentes, incrédulos y hasta a quienes se sienten lejanos o ausentes de los postulados cristianos, pero son personas con profunda sensibilidad y coherencia humanizadoras.

 

La preocupación por los nuevos rostros de la pobreza, que acosan a buena parte de nuestra gente, nos llevará a dinamizar una pastoral misionera y misericordiosa en la que la tradicional generosidad de nuestra gente nos hace constatar el permanente milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

 

El mandato evangélico y la exigencia del Papa Francisco nos impulsan a ser una Iglesia “en salida”. Salir de la propia comodidad, personal y comunitariamente, es el mejor ingrediente para que crezca la fe, se potencie la esperanza y se multiplique el servicio de la caridad y atención al prójimo. Que no sean la desilusión paralizante ni la inercia las que nos aplasten y desanimen. Por el contrario, las dificultades son oportunidad valiosa para desatar los entuertos que los propios humanos armamos. Es la ocasión apremiante para la búsqueda mancomunada y desinteresada del bienestar material y espiritual con el que todos soñamos.

 

Estoy seguro que contaré con la ayuda y el impulso de la dinámica pastoral caraqueña. La presencia eclesial en las zonas populares y al servicio de los más desamparados y ancianos,  en la educación a todos los niveles, en los muchos servicios de atención social, son la mejor muestra de una Iglesia viva.

 

En la vida consagrada tanto masculina como femenina y en el laicado organizado hemos tenido experiencias comunes aderezadas en la oración, en el asumir tareas compartidas, con una amistad y cercanía que facilitan respuestas eficaces y nos honran, sé que encontraré apoyo y disponibilidad.

 

Además, Caracas ha sido y es, como ciudad cosmopolita en un mundo globalizado y asiento de los Poderes y estructuras centrales del Estado y de la vida social y política, una ventana abierta a la pluralidad del pensamiento, de iniciativas empresariales y gremiales; de intercambio con los sectores culturales, académicos, universitarios, científicos, artísticos y comunicacionales, los “areópagos modernos”. Lugar privilegiado del diálogo, en la verdad y la libertad, entre cosmovisiones, ideologías y proyectos de estructuración social, gobierno de personas, administración de cosas, convivencia pacífica y fraterna.

 

Mención aparte merece el servicio específico que las diversas confesiones cristianas y expresiones religiosas organizadas estamos llamados a prestar, en el respeto mutuo y desde nuestra común responsabilidad humanista, a nuestros hermanos, en particular los más pobres y excluidos.

 

Tiempo habrá para motivar con creatividad y audacia, lo que el Espíritu nos señale. A la luz del Señor quiero estar siempre dispuesto a reconocer los tiempos de Dios y de Su Gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor ni dejar pasar su invitación a crecer (Gaudete et Exultate, 169). Y para defender y promover los derechos humanos de todos y en particular de los más pobres, reprimidos, excluidos.

 

En este contexto no podemos olvidar el triste y reprobable asesinato del sacerdote Irailuis García de Barquisimeto, que se une así a la interminable lista de caídos fruto de la violencia sistemática, irracional y trágica que arranca vidas, enluta familias y destruye la convivencia de comunidades y de la sociedad en general. Que el Padre de toda misericordia y todo consuelo acoja en Su Reino a los fallecidos, dé paz y esperanza a sus familiares y amigos, y a todos la memoria, la lucidez y el compromiso de dar vigencia al mandato secular de “No matarás”. Unamos en esta plegaria al fraterno pueblo nicaragüense que sufre los embates de una violencia absurda y llora la muerte de centenares de sus hijos.

 

Estoy a la disposición de todos, junto con mis más cercanos colaboradores, para el bien común que nos urge en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna.

 

Pongo este servicio episcopal a los pies del Nazareno de San Pablo, devoción entrañable desde mi niñez, y beso el relicario de la Virgen Santísima de la Consolación, devoción familiar que me ha acompañado toda la vida; nos acompañe y guíe el ejemplo de convicción y entrega del Dr. José Gregorio Hernández, modelo de virtudes cívicas y cristianas, tan cercano a la inmensa mayoría del pueblo creyente.

 

Reciban mi bendición episcopal y, como el Papa Francisco, recen por mí y por la Iglesia que peregrina en Caracas”.

 

+ Baltazar Enrique Porras Cardozo

Cardenal Arzobispo de Mérida y

A.A. de la Arquidiócesis de Caracas