Reporte Católico Laico

/

El Nuncio y José Gregorio en el Centenario

El Nuncio y José Gregorio en el Centenario

RCL les invita a leer a Beatríz Briceño Picón.-

La Iglesia trabaja siempre por la eternidad, los santos son por la eternidad, siempre pronto es lejos, pero esperamos. Fui nombrado nuncio apostólico en Venezuela oficialmente el 26 de octubre de 2013, fecha del nacimiento del doctor José Gregorio Hernández, estoy convencido que el doctor Hernández me acompaña en mi servicio en Venezuela.

Aldo Giordano, Nuncio Apostólico en Venezuela, estuvo presente en la beatificación de la Madre Carmen de Venezuela.  Allí recordaría las palabras citadas arriba, después de la ovación y el largo aplauso cuando se hizo la petición por la pronta beatificación de nuestro futuro santo laico venezolano. Santo súbito se oyó gritar en las gradas del estadio universitario de Caracas. Los aplausos no terminaban, el pueblo fiel gritaba al cielo que quería al insigne ucevista en el sitio reservado por Dios a los grandes.

El pasado 28 de junio, fecha del fallecimiento de José Gregorio, empezamos a caminar hacia el centenario que celebraremos el próximo año. Creo que al júbilo debemos añadir la diligencia para lograr el paso a la beatificación que solo espera de la constatación de un milagro de Dios por intercesión suya. Favores hay cientos de miles, pero un milagro, científicamente comprobado, no hemos logrado.  Recuerdo que hace años estaba haciendo una entrevista al Cardenal Castillo Lara y nos interrumpió una llamada telefónica de una clínica de Caracas: el mínimo detalle que faltaba, para un supuesto milagro que esperaba en Roma, no se encontró. El Cardenal cambió su rostro, pero añadió que en la causa de José Gregorio lo fundamental ya se había dado, el reconocimiento de sus virtudes heroicas, por eso fue reconocido venerable.

Desde el 16 de enero de 1986, fecha en la cual el Papa Juan Pablo II lo declaró venerable, han pasado 32 años.  Muchos días de agradecimiento y de alegría en la esperanza de continuar el proceso. Los jóvenes estudiantes venezolanos y especialmente los médicos creyentes de todo el país, esperan que podamos lograr muy pronto darle el merecido lugar en la Iglesia católica. Nos hace falta un laico del talante del trujillano de Isnotú. Un científico que supo conjugar el arte de estudiar, de servir, de curar y de rezar, con un nivel de excelencia. Un hombre de Dios que vivió la misericordia en grado heroico. Amó a Cristo, a la Iglesia y al país con auténtica pasión de enamorado.

Hay quien me ha preguntado, sabiendo que soy otra apasionada de esta causa, no por ser la de un trujillano laico sino por ser un verdadero modelo de profesional y de hombre preocupado por el bien común, si no hay otro camino para lograr superar el problema de la unanimidad en la petición. Y es que realmente a nuestras familias venezolanas les cuesta muchas veces lograr la unidad para pedir el milagro a un solo intermediario. Frente a un dolor, una enfermedad u otra necesidad cada uno acude al intercesor de más confianza: San Judas Tadeo, San Onofre, la Chinita, la Vallita como llaman a la Virgen del Valle, la Coromoto, Beata María de San José, Beata Candelaria y ahora a Carmen de Venezuela…Esto hay que trabajarlo.

Pero como tocar la puerta no es avasallar, a algunas personas les he dicho que como hay milagros de milagros, pidamos en este momento de penuria del país que se apiade Dios de nosotros y la beatificación sea una obra de misericordia para cada venezolano. Personalmente pienso que llegaría como un oxígeno para el cuerpo y para el alma, una transfusión de sangre en muchos o un marcapasos para tantos corazones averiados.

El Santo Padre debe tener noticias de nuestro clamor y si sabe que José Gregorio ofreció su vida para que terminara la primera guerra mundial y murió justamente en ese momento, ahora nosotros pedimos al cielo que nos facilite tenerlo en los altares para que nos ayude por los caminos de la reconstrucción de occidente. Es importante que los jóvenes que asistan al próximo Sínodo de Obispos en Roma puedan ver en este extraordinario médico venezolano un modelo de alumno, de profesor, de investigador y servidor de los más necesitados. Un hombre que abrió caminos a la ciencia en Venezuela y que enseñó donde está la verdadera grandeza del ser humano.

Este curso 2018 a 2019, en el cual la Iglesia mostrará a la juventud un renovado sentido de su vocación humana y cristiana, será muy propicio para redescubrir a José Gregorio como modelo de estudiante y de formador, como insigne católico que conjugó su amor a la Eucaristía y a la Madre de Dios, con el servicio a la docencia, la investigación y a la patria. Y confiamos que Mons. Aldo Giordano sea un buen valedor de esta causa.

Beatriz Briceño Picón

Periodista UCV-CNP

Fundación Mario Briceño Iragorry