Reporte Católico Laico

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Enseñando la Prudencia – y No Enseñándola

Enseñando la Prudencia – y No Enseñándola

RCL les invita a leer a Randall B. Smith,  profesor de Teología en la Universidad de St. Thomas en Houston.-

Escribí recientemente sobre la noción clásica de la prudencia, como la forma de las otras virtudes. La prudencia es la virtud que nos permite aplicar los principios generales de la moralidad a situaciones concretas y particulares. Desde este punto de vista, para que un acto sea virtuoso, debe ser el resultado de un juicio prudente y sabio.

Entonces, ¿cómo enseña uno la prudencia? ¿Le enseña usted a los estudiantes una serie de reglas y razones para las reglas? Como la prudencia es la virtud por la cual aplicamos las reglas a instancias específicas, enseñar a los alumnos las reglas por sí solas sería como enseñarles las reglas del baloncesto sin ponerlos en la cancha para jugar el juego. No solo es probable que permanezcan confundidos (trate de explicar “offsides” en el fútbol a alguien que está viendo su primer juego), sino que también es probable que no les importe.

He tenido personas que intentan explicarme el cricket, pero como nunca lo veo, sería el primero en admitir que realmente no le presto mucha atención, o intento recordarlo.

No es que los estudiantes no deban saber y entender las reglas; es solo que las reglas por sí solas no producirán juicios prudentes, o personas que se preocupan por ser morales.

¿Se puede enseñar prudencia? Sí, pero si es así, un profesor no puede enseñarla en el aula. Sí, soy profesor, y sí enseño teología moral. Entonces, ¿qué creo yo que estoy haciendo? Bueno, les recuerdo a mis alumnos todo el tiempo algo que ya saben, algo que me gustaría que las personas que los ponen en una sola clase de “ética”, con el objetivo de hacerlos “morales”, entendieran.

“Las clases de teología moral no lo convierten a ustede en una mejor persona”, les digo. De hecho, muchas clases de “ética”, especialmente cuando se realizan como cursos tipo “encuesta”, a menudo refuerzan en los estudiantes sus predisposiciones hacia el escepticismo moral y, en realidad, pueden empeorarlas. Las clases de “ética” a menudo brindan a los estudiantes, simplemente, una serie de evasiones intelectuales que les permiten hacer lo que su educación parental o religiosa les dijo que no debían hacer.

Cuando las clases de filosofía moral o teología están en su mejor momento -y eso es rara vez el caso- entonces lo mejor que pueden esperar hacer es que los estudiantes reflexionen más, para darles la oportunidad de decir: “Hmm, tal vez debería considerar vivir así.” Pero tomar decisiones morales requiere prudencia; y no enseñamos eso.

Ello se debe a que la prudencia requiere experiencia, a menudo experiencia en un área particular, y no puedo enseñar a mis alumnos a ser abogados, médicos y políticos prudentes porque no tengo la experiencia relevante en ninguna de esas áreas.

Los profesores universitarios generalmente no son conocidos por su prudencia (por decirlo con delicadeza), aunque eso no es del todo justo. En mi experiencia, los profesores tienden a ser prudentes en las áreas que conocen, como investigación, docencia y currículo, pero no son muy prudentes en áreas que no conocen, como la contratación o los presupuestos. Por lo tanto, los profesores generalmente solo pueden enseñar prudencia a aquellos que quieren ser profesores.

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Como señala Tomás de Aquino, “la prudencia con que un hombre se gobierna a sí mismo difiere de la prudencia con que un hombre gobierna a una multitud”, y también difiere según el tipo de multitud y para qué se reúnen. De ahí que exista, dice Thomas, “prudencia militar” que gobierna a un ejército reunido para luchar, que es distinta de la “prudencia doméstica”, por la cual se gobierna un hogar o una familia.

Las habilidades necesarias para dirigir un ejército no son necesariamente las necesarias para dirigir una familia, un negocio o una universidad. Gobernar una ciudad o reino requiere “prudencia regnativa”, dice Tomás; los ciudadanos necesitan “prudencia política”. Y así sucesivamente.

Podríamos agregar “prudencia jurídica”, “prudencia comercial” y “prudencia eclesiástica” a la lista de Tomás; pero el punto es que todas están tristemente ausentes. Y, sin embargo, los estudiantes que desean hacer algo más que enseñar e investigar deben salir al mundo y encontrar mentores sabios y virtuosos en el área en la que desean trabajar.

Hay, sin embargo, destrezas y habilidades que podemos tratar de inculcar en nuestros estudiantes para ayudarlos a ganar prudencia después de la graduación. Tomás de Aquino menciona

Intelligentia: la comprensión de los primeros principios;

Razón: razonamiento práctico, que incluye la capacidad de investigar y comparar alternativas, y tomar principios o lecciones aprendidas en un área, y aplicarlos en otra;

Memoria: una buena memoria para detalles relevantes, y la capacidad de aprender de la experiencia;

Docilitas: una mente abierta que reconozca la variedad, y sea capaz de buscar y hacer uso de la experiencia y autoridad de otros;

Providentia: la capacidad de estimar si acciones particulares realmente lograrán los objetivos deseados;

Circunspectio: la capacidad de considerar todas las circunstancias relevantes

Cautio: la capacidad de estimar el riesgo; y

Sollertia: la capacidad de evaluar una situación rápidamente y “pensar en pie”.

Thomas llama a estas, las partes “cuasi-integrales” de la prudencia.

Hay otra interesante distinción que hace Tomás entre synesis, que se refiere al juicio en los asuntos ordinarios, y gnomē, que es lo que se necesita en asuntos de excepción a la ley.

Cuán mejor sería la burocracia si la gente entendiera que la habilidad que los hace efectivos en circunstancias normales es, definitivamente, ¡no la necesaria en casos excepcionales! Lo primero es algo que podemos subcontratar a un robot. Lo segundo es algo que ningún robot jamás podrá hacer.

¿Estamos enseñando estas habilidades, preparando a los estudiantes para ser prudentes? Todavía estoy por ver un curso diseñado para enseñar o inculcar la prudencia. Si no enseñamos prudencia, nuestro destino será interminables disputas entre legalistas irreflexivos por un lado versus creadores de huecos laxos por el otro, o una nefasta combinación de burócratas inconscientes que siguen reglas frente a buscadores de huecos cada vez más hábiles en el mundo de la burocracia moderna, y sus sofisticados descontentos.

Sin la prudencia, nos convertimos en una cultura de casuistas groseros, quejándose constantemente, que tratan a los demás, cada vez más, de acuerdo con rígidos protocolos burocráticos de “casos” en lugar de entender los problemas particulares de los demás, en un espíritu comunal de fraternidad

* Imagen: Alegoría de la Prudencia de Tiziano, c. 1570 [National Gallery, Londres] Una inscripción apenas visible dice: EX PRAETERITO / PRAESENS PRUDENTER AGIT / NE FUTURA ACTIONẼ DETURPET (“De la experiencia del pasado, el presente actúa con prudencia, no sea que estropee las acciones futuras”). Los historiadores sospechan que las caras (tres edades del hombre) son, de izquierda a derecha: el propio Tiziano (Tiziano Vecelli) como el pasado; su hijo, Orazio, como el presente; y un primo joven, Marco Vecelli, como el futuro. Del mismo modo, el lobo representa el pasado, el león el presente y el perro el futuro.

Randall Smith
Sábado, 7 de julio de 2018

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de: https://www.thecatholicthing.org/2018/07/07/teaching-prudence-and-not-teaching-it/

 

Sobre el Autor: Randall B. Smith es profesor de Teología en la Universidad de St. Thomas en Houston. Su libro más reciente, Reading the Sermons of Thomas Aquinas: A Beginner’s Guide ([Leyendo los sermones de Tomás de Aquino: Una guía para principiantes]), ya está disponible en Amazon y en Emmaus Academic Press.