Reporte Católico Laico

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La amarga verdad acerca del feminismo

La amarga verdad acerca del feminismo

RCL les invita a leer a Lorraine V. Murray, autora de  Confessions of an Ex-Feminist (Confesiones de una exfeminista).-

 

Cuando le digo a la gente que soy una ex feminista, algunos parecen conmocionados y ofendidos, como si estuviera sugiriendo que el mundo no es redondo. Otros tienen una expresión de alegría en sus caras, como si estuvieran pensando, “¡Ah, qué maravilloso que alguien más se sienta de la misma manera que yo!”

Ciertamente no me opongo a que las mujeres vayan a la universidad, ni creo que a las mujeres se les debería prohibir perseguir sus sueños, ya sea que eso signifique maternidad, medicina o meteorología. Sin embargo, como alguien que vivió la agenda feminista durante muchos años, puedo dar fe de que dar a las mujeres más acceso a la educación y a las carreras profesionales es el mero tope del iceberg feminista. Si escarba un poco más profundo, encontrará una gran cantidad de mentiras.

La primera mentira me tomó años para verla. Aunque había crecido en un hogar católico serio, durante mi tercer año en la universidad abandoné la fe y mis principios morales. Cuando estaba en la escuela de posgrado, el Movimiento de Liberación Femenina retumbaba por el campus, y uno de los gritos de guerra era el “amor libre”. Este grito no tenía nada que ver con la realidad de la conducta, que implicaba sexo, sin amor, con extraños, como si fuera simplemente otra actividad ordinaria.

Como una feminista en ciernes, compré la noción equivocada de que el sexo informal no causaba ningún daño a los hombres, y por lo tanto debería ser perfectamente adecuado para las mujeres también. Después de todo, las feministas tenían la intención de nivelar el campo de juego masculino / femenino, lo que significaba desmantelar tradiciones como el matrimonio y el compromiso, y, en el proceso, alentar a las mujeres a imitar el comportamiento masculino.

Era emocionalmente doloroso intimar con hombres a los que apenas conocía e intentar fingir que no esperaba una relación —o incluso otra cita- pero me aseguré a mí misma que mis emociones eventualmente cambiarían. A pesar del hecho de que a mis amigas y a mí se nos seguían rompiendo nuestros corazones, no llegamos a la conclusión obvia, que era que el feminismo estaba equivocado.

Las mujeres son creadas por Dios para conectar el sexo con el compromiso y el amor, ya que sabemos en lo más profundo de nuestros corazones que un bebé es el objetivo obvio de la intimidad sexual. Como era demasiado ingenua para ver a través de la mentira, llegué a la conclusión de que tenía que dar más tiempo al nuevo experimento, y eventualmente alcanzaría una verdadera “liberación”.

También estaba atrapada en la red de la segunda gran mentira del feminismo, que procede directamente de la primera. Las feministas son conscientes de que el sexo informal puede conducir al embarazo, incluso cuando una pareja usa anticonceptivos. Simplemente no hay ningún dispositivo o producto químico que pueda garantizar completamente que un embarazo no sea el resultado de una relación sexual.

Las feministas, sin embargo, no ven este hecho obvio como una buena razón para evitar el sexo prematrimonial. En cambio, en su intento continuo de romper el vínculo ordenado por Dios entre el sexo y los bebés, proponen otra “solución”, una que ha llevado a la muerte de millones de inocentes desde que el aborto fue legalizado.

 

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Trágicamente, fui una de las mujeres que creyeron en este engaño. En verdad pensé que la libertad de una mujer, para seguir una educación o una carrera, superaba el derecho de nacer de un bebé inocente. Por lo tanto, cuando me encontré embarazada pero soltera, elegí lo que pensé que sería una solución simple. En todos los artículos feministas que analicé, y había bastantes, no se mencionaban las repercusiones emocionales que a menudo resultan cuando una mujer termina un embarazo.

Hice la cita en una clínica feminista, entré y firmé la documentación. En mi mente, lo que estaba a punto de suceder era, de hecho, como una extracción dental. De lo que no me di cuenta fue, que estaba a punto de experimentar la primera grieta en mi armadura feminista, porque el “procedimiento”, como solía referirme a él, fue horripilantemente doloroso, tanto física como emocionalmente.

En verdad, cuando salí de la clínica ese día, sentí una oleada de alivio, porque el “problema” inmediato había terminado. De lo que no me di cuenta fue, de que enfrentaría muchos años de problemas mucho más graves, porque mis emociones femeninas reaccionaron con horror y lamentaban lo que en verdad había pasado ese día.

Empecé a experimentar flashbacks y a tener pesadillas. Veía un bebé en un centro comercial y sentía las lágrimas inundar mis ojos. También me sentí terriblemente sola, porque incluso mis amigas feministas, muchas de las cuales seguramente habían pasado por el mismo “procedimiento”, evitaban cuidadosamente mencionar sus propios abortos.

A medida que pasaron los años, me invadió un arrepentimiento amargo e interminable. No importaba lo que los expertos feministas afirmaran en los artículos eruditos que elaboraban, la verdad del asunto se volvía descaradamente clara: yo había tomado una vida y nunca podría superarlo.

Cuando regresé a la Iglesia Católica a mis cuarenta años, finalmente me liberé de los muchos engaños del feminismo. Vi que es imposible pretender ser pro-mujer y, a la vez, ser anti-bebé. Me di cuenta de que en el plan de juego feminista, los niños son los grandes perdedores. Y fue solo a través de un entendimiento maduro del catolicismo, como descubrí lo que significa ser pro-mujer de una manera sana y hermosa.

La contemplación de la figura de María, mirando con amor al Cristo Niño en sus brazos, revela la verdad que triunfa, de una vez por todas, sobre las mentiras del feminismo. Existe una conexión profunda y duradera entre la madre y el niño, y alejar a los bebés de sus madres conduce a resultados devastadores para ambos.

Encontré el perdón a través del sacramento de la Confesión y finalmente experimenté la curación emocional a través de un ministerio católico llamado Tratamiento y curación post aborto. Las profundas cicatrices que dejó el feminismo, sin embargo, nunca desaparecerán por completo.

Si pudiera retroceder las agujas del tiempo, dejaría que ese pequeño bebé prosperara. Al igual que millones de otras mujeres que lamentan sus abortos, daría cualquier cosa por mirar la carita de mi precioso bebé, que nunca vio la luz del día.

Miércoles, 11 de julio de 2018

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de: https://www.thecatholicthing.org/2018/07/11/the-bitter-truth-about-feminism/

Lorraine V. Murray es una nueva contribuidora a TCT. Es la autora de Confessions of an Ex-Feminist (Confesiones de una exfeminista) y The Abbess of Andalusia: Flannery O’Connor’s Spiritual Journey (La Abadesa de Andalucía: Viaje espiritual de Flannery O’Connor).