Reporte Católico Laico

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Merecemos un mejor destino

Merecemos un mejor destino

RCL les invita a leer a Julio César Arreaza B.-

 

Venezuela y los venezolanos merecemos un mejor destino. Hemos cometido errores en nuestro devenir republicano, y los mismos se iban solventando en el tiempo en la medida de las posibilidades. Nunca hemos vivido un período tan nefasto como el iniciado por el difunto golpista en 1992. Son 26 años que pesan en la vida de varias generaciones, pero que en el largo proceso histórico  significará un episodio negativo de pie de pagina, porque el futuro pertenece a la justicia y a la libertad.

Nuestro porvenir es democrático porque nuestra génesis es republicana desde 1811. A partir de 1958, entramos en una etapa estable de nuestra vida democrática, y así se sostuvo hasta que apareció en escena el cuartelazo fracasado de 1992. La mala prensa con ponzoña que se le hizo a Carlos Andrés Pérez auspiciado por unos notables que cobraron viejas facturas, sin medir la responsabilidad que comportaba esa mezquina conducta crearon un caldo propicio para que irrumpiera un demagogo aventurero de marca mayor.

La etapa del chavismo-madurismo podemos calificarla de infame. Con avances y retrocesos veníamos construyendo instituciones con funcionarios que hacían carrera. Había un contrapeso de la oposición que le daba opción a la soberanía popular de cambiar los malos gobiernos cada 5 años. Todo este tejido institucional fue poco a poco y mucho a mucho desmantelándose  por un régimen maligno que cedió la soberanía venezolana a la Isla de Cuba. Las instituciones fueron destruidas alevosamente a través de militares y civiles corruptos e incompetentes. Se paró el avance y volvimos a lo peor del siglo XIX y XX. Nunca me imaginé sufrir la ignominia de un régimen ladrón que lanzara a Venezuela al sótano. No hablemos del daño que causaron a unas fuerzas armadas casadas con la defensa de la democracia, el orden constitucional y la integridad del territorio. Lo peor de las fuerzas armadas nos llegó con el movimiento golpista del 92. Los ductores de ese engendro que llamaron proceso corrompió hasta los tuétanos esa institución, que hoy dirigen un alto mando impresentable. Los militares abandonaron su pasión por la defensa de la soberanía nacional, cuestión que vemos clara desde el 2004, cuando Chávez cambia la política de Estado con respecto al diferendo con Guyana y acepta la tesis cubana, lo cual ha debilitado nuestra posición en el conflicto, pero nuestros derechos sobre el Esequibo son tan claros que vamos a defenderlos en todos los terrenos a pesar de la ignominiosa conducta de entrega chavista.

Los venezolanos tenemos que articularnos en la lucha final contra un régimen maligno que se atrevió a destruir adicional al campo institucional el tejido social de la nación. Articulados los ciudadanos vamos encontrar la ruta para la transición democrática

¡Libertad para los presos políticos y regreso de los exiliados!