Reporte Católico Laico

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¿Qué hace un samurái en el mosaico de una capilla cristiana?

¿Qué hace un samurái en el mosaico de una capilla cristiana?

Se trata de Unko Takayama, un jesuita japonés representado en la cueva de Sant Ignasi de Manresa.

Aunque algunos crean que se trata de un elemento descontextualizado y fuera de lugar, como el astronauta de la catedral de Salamanca, la figura de este nipón encaja perfectamente en la cueva de Sant Ignasi de Manresa. Y es más, en realidad se trata del apodado “samurái de Cristo”.

El santuario manresano no deja indiferente a nadie. Su ubicación, inmensidad, arte, estilo y espiritualidad llevan conquistando a personas de medio mundo atraídas por la figura del fundador de la Compañía de Jesús. Su admiración es casi tan comparable como la influencia que causó en la Humanidad del siglo XVI, donde gracias a los numerosos misioneros logró propagar sus valores a los más remotos rincones del planeta.

Un detalla del techo de la cueva de Sant Ignasi de Manresa
Un detalla del techo de la cueva de Sant Ignasi de Manresa (Martí Paola)

Buena muestra de ello es el samurái que permanece representado en el mosaico de del vestíbulo de la capilla y que tanta curiosidad despierta entre los miles de visitantes que recibe al año. “¿Qué hace ahí un samurái con su espada?”, se preguntan muchos mientras alzan la cabeza hacia el mosaico central.

Se trata de Unko Takayama, un japonés que, junto a otros personajes de la Historia, tuvo un papel muy importante en la propagación de la espiritualidad de San Ignacio de Loyola. “Por lo que su presencia en este lugar tan privilegiado no es casual ni se debe a algo anecdótico”, explica Josep Maria Benítez, ex decano de la facultad de historia eclesiástica de la Universidad de Roma. “Sino todo lo contrario, Takayama es una imagen representativa de lo que fue la exposición misionera del cristianismo hasta Japón, gracias al espíritu de San Ignacio”, añade, “lo que le valió este reconocimiento”.

Muy diferente fue su suerte en Japón. Unko Takayama, convertido de pequeño al cristianismo y bautizado con el nombre latino de Justo, sufrió las consecuencias del recelo del shogun Tokugawa quien desconfiaba de la dimensión que estaba adoptando la fe cristiana en el país. Temeroso de que fuera el primer paso de la colonización europea del archipiélago nipón, decidió en 1614 expulsar a los misioneros y prohibir a los japoneses practicar el cristianismo.

Justo Takayama decidió no abandonar la fe, pero sí todas sus posesiones y pertinencias físicas y partió rumbo a Filipinas (en aquella época bajo la Corona de España) para recibir protección y seguir con su convicción. Murió, poco después, ya en Manila y enfermo del largo viaje. Su traumático final fue considerado, años después, causa mártir y por ello fueron varios los intentos de beatificarlo, hasta que en febrero de 2017 lo lograra la Conferencia Episcopal Japonesa.

Takayama aparece en el tercero de los cuatro mosaicos que hay en la pared derecha del vestíbulo. Junto a él posan otros personajes de la Historia como el rey francés Luís XIII, Álvaro de Córdoba, Juan de Austria, el Marqués de Villapuente y Lupercio de Arbizu. Todos ellos juntos de cuerpo entero y con el vestuario propio de sus épocas, dando especial protagonismo al libro que el monarca sustenta en sus manos, los Ejercicios espirituales que San Ignacio redactó en esa misma cueva, elaborados con la intención de aumentar la experiencia personal en la fe católica.

El “samurái de Cristo” beatificado

Durante el siglo XVII, cuando se construyó el vestíbulo que conecta la cueva con la iglesia, nadie se imaginaría que Justo Takayama acabaría representado ahí mismo en un mosaico realizado en 1909, ni que un siglo más tarde sería beatificado en la ciudad japonesa de Osaka. Fueron dos las ocasiones previas en que lo intentaron sin éxito. El primero, poco después de su fallecimiento, durante el siglo XVII y el siguiente en 1965.

Finalmente, el japonés fue beatificado bajo una consideración especial en el Vaticano, ya que fue un laico, político y militar que llegó a los altares por la vía de sus heroicidades y no por el martirio. Del samurái se recuerda especialmente que salvara la vida a 300 cristianos, tras ayudarlos a refugiarse en Manila tras ser perseguidos en Japón.

http://www.lavanguardia.com/cultura/20180710/45786281245/que-hace-un-samurai-en-el-mosaico-de-una-capilla-cristiana.html