Reporte Católico Laico

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Venezuela exportó el 80% de los casos de malaria/paludismo que tiene Brasil

Venezuela exportó el 80% de los casos  de malaria/paludismo que tiene Brasil

El exministro de Salud, José Félix Oletta, brinda a Reporte Católico Laico cifras dramáticas que reiteran la gravedad de la malaria/paludismo en la nación sudamericana. Pese a la censura epidemiológica, acciones de Cáritas e informes de la OMS y de instituciones no gubernamentales confirman la situación.

 

Carlos Zapata | Reporte Católico Laico

 

Caracas.- Después de batir récord durante el último año con al menos medio millón de casos, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, Venezuela sigue sin aplicar políticas que permitan detener el aumento de infecciones y recaídas por malaria en la nación sudamericana.

La situación vulnera de manera directa a la población indígena situada en la Sierra de Perijá, en el petrolero estado Zulia, en frontera con Colombia, donde desde 2017 advierte Aleteia (http://es.aleteia.org) tras visitar la zona que un alto porcentaje de yukpas y barí siguen afectados por el paludismo.

Ya el Reporte Mundial de Malaria mostraba a Venezuela en deshonroso liderazgo del problema, a la cabeza de una lista de 55 países. Bajo el Gobierno de Maduro, el país no sólo desplazó a Brasil como el mayor contribuyente a la carga de malaria/paludismo en las Américas, sino que además se convirtió en un exportador de males para esa nación.

Toda una paradoja de la llamada revolución, si se considera que el país sudamericano fue durante décadas un modelo para la erradicación del paludismo en las Américas, con su región norte declarada “libre de malaria” en 1961.

Las cifras son contundentes: “Entre 2015 y 2016, los casos notificados aumentaron en más de 76% (al pasar de 136 mil 402 a 240 mil 613), y el país superó a Brasil como el mayor contribuyente de la malaria en las Américas”, con casi medio millón en 2017, debido a un problema “focal” que se concentra en el alguna vez industrial, minero y productivo estado de Bolívar, ubicado al oriente venezolano, con más de 74% de los casos.

Tras constatar con fuentes acreditadas de Cáritas, que la Iglesia Católica gestiona el ingreso de tratamiento antimalárico para la misión capuchina ubicada en la zona fronteriza del Zulia, Reporte Católico Laicoconversó en exclusiva con el exministro de Salud, José Félix Oletta.

El galeno conoce de primera mano los programas de control que durante años hicieron de Venezuela un modelo en la lucha contra ese flagelo. Además, forma parte de la ONG: Red Defendamos la Epidemiología, la cual recoge cifras con entes aliados en materia de salud, que han servido para documentar la grave crisis social, política y humanitaria que afronta el país.

Usted integró el equipo médico científico epidemiológico que presentó detallado informe al Gobierno de Nicolás Maduro sobre la situación de malaria en Venezuela, indicando recomendaciones. ¿Han recibido respuesta?

Nosotros le presentamos al ministro de Salud un informe muy completo con los detalles y todas las recomendaciones. Fueron 24 instituciones vinculadas al sector salud, desde la Academia Nacional de Medicina y las Sociedades Científicas hasta las asociaciones de profesionales e investigadores.

¿Cree que hay respuesta del ministro? Cinco meses después, no hay respuesta del ministro ni del Gobierno. Eso le muestra cuál es la preocupación que ellos tienen. No hay participación en salud. Y ese es un dato muy malo, porque un sistema de salud que no permite la participación de sus ciudadanos, no puede cumplir sus funciones. Es una contradicción absoluta.

Con una censura epidemiológica que ocurre casi de manera exclusiva en Venezuela…

El único país, además de Cuba, que no publica su data de una manera adecuada y de forma regular es Venezuela; y esto no es puntual, es un problema que tiene ya desde el año 2007. Es una conducta reiterada. Desde que estaba el coronel Jesús Mantilla, y nosotros le reclamamos porque él decía que esa era una información privada para el ministro. Le dijimos que la información de salud era una información que debía ser del dominio público. En consecuencia, todos los ciudadanos tenemos derecho a saberlo. No es una información privada para ningún ministro. Estoy hablando de un problema que ya data de hace 11 años.

En conversación con fuentes muy acreditadas de Cáritas, Reporte Católico Laico pudo confirmar que se están esperando medicinas antimaláricas por vía de OPS para Machiques, lo que hace pensar que la situación (de enfermos y muertos) en la zona continúa. ¿Coincide con sus reportes?

Sí. Hay una situación muy comprometida con la disponibilidad de los medicamentos antimaláricos, porque no hay una provisión permanente y continua. Y ese es un fenómeno que ha venido ocurriendo desde el año 2016 para acá y no solamente en Machiques, sino también en Bolívar (oriente venezolano), donde hay una situación explosiva y no está controlada. Pero no es un problema que ocurrió únicamente el año pasado. Sigue en aumento.

Un problema que se exporta a Brasil, Colombia y otros vecinos…

Cómo será la situación ahora que por datos epidemiológicos de Brasil, Venezuela está exportando el 80% de los casos que se importan de malaria de ese país. En los últimos cuatro meses de 2018, el incremento de casos que provienen de Venezuela es del 300%, de acuerdo con el sistema de vigilancia epidemiológico de Brasil.

De modo que se dan dos tipos de circunstancias: muchas personas que adquieren la enfermedad en Venezuela la están padeciendo en Brasil por una razón muy sencilla: hay una migración masiva obligada, no voluntaria, hacia allá. Otra posibilidad es que no encuentran los medicamentos y la gente migra buscando el medicamento en Brasil. Esas son las dos razones de ese incremento masivo de casos importados a Brasil, pero también a Colombia y a Guyana.

¿Es un problema de control de vector? Es decir, ¿con disminuir la población del zancudo que transmite la enfermedad se corrige el problema?

Cada enfermedad tiene una historia natural y una forma concreta de combatirla. En el caso de la malaria no hay vacuna, y la forma de transmisión vectorial es la transmisión más importante. Es por medio de un zancudo llamado anófeles. Hay ese zancudo se desarrolla en todo el país, salvo en las zonas altas. Y hay condiciones climáticas y del trópico que resultan especiales para que puedan reproducirse.

En el caso del malaria se necesita un programa integral, no solamente el control de vectores, sino también medidas de barreras: mosquiteros impregnados de insecticidas residuales, rociamiento químico dentro de las viviendas y diagnóstico precoz de los casos para poder interrumpir el desarrollo de la enfermedad.

Pero esos programas los acabaron por completo. Cuando usted ve el informe de 2017 de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se evidencia un 99% de reducción en los rociamientos intradomiciliarios. ¡Desaparecieron!

Además, nunca se puso en práctica la utilización universal de los mosquiteros. La búsqueda activa de casos está en cero y hubo una caída en la inversión contra el paludismo entre los años 2000 y 2016.

Por donde usted lo busque, lo que estamos viendo es resultado del abandono de las campañas de control y de los programas nacionales de control de malaria.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció como meta la reducción de la mortalidad infantil provocada por la malaria en un 90% hasta 2030 y poner en marcha programas específicos en cuatro países de África. En Venezuela, tales cifras resultan utópicas.

Sólo en 2016, el reporte mundial registró al menos 445 mil muertes por paludismo, medio millón de vidas humanas que se pudieron salvar. Hoy más que nunca resuena el imperativo divino: “¡No matarás!” como un grito por la vida de los millones que siguen siendo vulnerables.