Reporte Católico Laico

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Glamoroso o Deslumbrante, el Socialismo Arruina a Familias y Naciones

Glamoroso o Deslumbrante, el Socialismo Arruina a Familias y Naciones

RCL les invita a leer a Annna Abbott

Este año marca el bicentenario del nacimiento de Karl Marx; y Alexandria Ocasio-Cortez, la nueva estrella política en Nueva York, vuelve a hacer glamoroso al marxismo. Cuando llegó por primera vez al circuito de los medios, su elección de lápiz labial fue el tema crucial.

Sin embargo, personalmente, para Ocasio-Cortez, el “socialismo democrático” es su verdadera agenda, y atribuye su devoción por este, a su origen católico. Pero históricamente, la Iglesia Católica ha denunciado el socialismo, desde la encíclica “Rerum Novarum”, de 1891, de León XIII, al último Catecismo de la Iglesia Católica, a la “Instrucción sobre ciertos aspectos de la teología de la liberación”, en octubre de 1984, del hoy Papa Emérito Benedicto XVI. Entonces, ¿cómo es que generaciones de católicos en este país y en otros lugares, decidieron que el socialismo armoniza con el catolicismo?

La Iglesia ha advertido en repetidas ocasiones que el socialismo pone en peligro no solo a la fe, sino también a la familia. Ocasio-Cortez está vendiendo el socialismo con promesas de asistencia médica y educación universitaria, que, en la superficie, parecen útiles a la familia. Sin embargo, la actual inestabilidad económica y social en Venezuela y Nicaragua se pueden atribuir al socialismo: y eso no ha sido de ayuda para las familias. Las formas más moderadas de socialismo han llevado a crisis económicas en Europa, con la crisis de la deuda en Grecia y un elevado desempleo en España.

Hay dos niveles en los que el socialismo y el catolicismo son antitéticos. Uno está en el nivel práctico de la familia, y el daño que el socialismo hace en ella. El otro está en el nivel de principios morales básicos que dan forma a una cultura. Ambos están necesariamente conectados.

El socialismo ha sido atractivo en tiempos económicamente difíciles, y economías anteriores han sido peores de lo que estamos experimentando ahora. En “Rerum Novarum”, León XIII dice: “Para remediar estos errores, los socialistas, fomentando la envidia del pobre hacia los ricos, se esfuerzan por acabar con la propiedad privada, y sostienen que las posesiones individuales deben convertirse en propiedad común de todos, para ser administradas por el Estado o los órganos municipales”. Aún así, Ocasio-Cortez tuitea sobre la abolición de las ganancias y el capitalismo, cuyo propósito es proporcionar al individuo los medios para tener propiedad personal. Esto permite a las personas proveer de manera independiente para ellas y sus familias.

León XIII, que estableció la Fiesta de la Sagrada Familia en 1893, advierte contra el socialismo, que destruye activamente a la familia. Dice él: “Los socialistas, por lo tanto, al apartar a los padres, y establecer una supervisión estatal, actúan contra la justicia natural y destruyen la estructura del hogar”. Mientras León XIII defiende a la familia natural, el socialismo procura la redefinición estatal de familia. Friedrich Engels, cuyo “Origen de la Familia” fue publicado siete años antes de la “Rerum Novarum”, afirmó que el capitalismo era la “derrota del sexo femenino … La mujer era degradada y reducida a la servidumbre; ella se convertía en esclava de la lujuria de él y en un mero instrumento para criar niños. “Marx y Engels afirmaban que en una sociedad socialista ideal, el divorcio sería fácil, habría “matrimonios abiertos” de algún tipo, y el Estado estaría a cargo de la crianza de los hijos. El Estado suplantaría a la familia. El debilitamiento de la unidad familiar deja a las personas vulnerables a la seducción del socialismo.

Una reivindicación común entre los socialistas es que, de alguna manera, están “derribando el patriarcado”. Engels, en su “Origen de la Familia”, denunció el patriarcado, a pesar de su propia misoginia; condenó la prostitución como un ejemplo del capitalismo de explotación, aunque frecuentó casas de prostitución. Ocasio-Cortez, en su campaña actual, afirma que el socialismo es el empoderamiento femenino. Históricamente, la Iglesia ha enseñado que el socialismo no solo socaba a la familia, sino a las mujeres y a los niños en particular. En “Rerum Novarum”, León XIII advierte que la abolición de la familia conduce a una esclavización aún peor.

Los socialistas son utopistas. Cuando Ocasio-Cortez fue interrogada en julio, en “The Daily Show”, con Trevor Noah, sobre cómo obtener los impuestos para la educación y la atención médica proporcionadas por el Estado, su respuesta fue “En alguna parte”.

León XIII advirtió contra el utopismo de los socialistas y dijo: “Esa igualdad ideal, acerca de la cual albergan agradables sueños, sería en realidad la nivelación de todos a una condición similar, de miseria y degradación… Debe reconocerse, antes que nada, que la condición de las cosas, inherente en los asuntos humanos, debe ser sobrellevada, ya que es imposible reducir a la sociedad civil a un nivel completamente plano. Los socialistas pueden hacer su mejor esfuerzo en ese intento; pero luchar contra la naturaleza es en vano… Sufrir y aguantar, por lo tanto, está la suerte de la humanidad… Si hay alguien que pretende hacer creer que es diferente —que ofrece, a un pueblo apremiado, la bendición de la libertad del dolor y la angustia, un reposo ininterrumpido y un gozo constante— engaña a la gente y se impone sobre ella, y sus mentirosas promesas solo traerán un mal peor que el presente”.

León XIII contrasta la manera en la que Aquino entiende la ley natural, con la rebelión de Marx contra ella. Advirtió que la noción marxista de “lucha de clases” es destructiva, que “necesariamente produce confusión y barbarie salvaje”. Cuando escribió “Rerum Novarum” en 1891, las purgas estalinistas, los horrores genocidas del nacionalsocialismo en Europa occidental, la cultura La revolución en China y las atrocidades del Khmer Rouge, estaban lejos en el futuro. Mucho antes de que existieran conceptos de “comercio justo”, León XIII exhortó a los empleadores a tratar a sus empleados de manera justa, y respaldó a los sindicatos. Pidió la armonía entre los empleadores y sus empleados.

Mucho más tarde, en 1984, el papa emérito Benedicto XVI, que era entonces el cardenal Joseph Ratzinger, escribió “Instrucción sobre ciertos aspectos de la ‘Teología de la Liberación'”. Advirtió a los pastores contra la teología de la liberación, recordándoles las palabras de Jesús (Mateo 4: 4), “El hombre no puede vivir solo de pan, sino de cada palabra que procede de la boca de Dios”. Haciendo referencia a las Escrituras, a la reprimenda de Jesús al Maligno, Benedicto estaba resaltando la severidad de la elección entre un bien superficial, y el bien genuino que reside en el auténtico catolicismo.

El Decálogo – ley divina y natural – es relevante aquí, debido a los principios que encarna. Estos principios están “escritos en el corazón”.

La creciente popularidad del socialismo, así como sus éxitos en las urnas, deberían ser preocupantes. Los jóvenes son susceptibles a las promesas de “educación para todos” y “Medicare para todos”. Ocasio-Cortez no está nada sola en su grupo de edad; muchos se ven a sí mismos como una especie de socialista. Que alguien vea el socialismo como una solución, mientras el socialismo le roba a la gente su dignidad y derechos individuales, es un giro crítico hacia una cosmovisión pos cristiana, en vez de hacia su perfección.

El contraste entre el cristianismo y el socialismo se destaca claramente en el tema de los derechos humanos. Desde la perspectiva cristiana, los derechos provienen de Dios; son intrínsecos a la naturaleza humana; no pueden ser tomados ni dados por otros. En la filosofía socialista, los derechos son conferidos por el Estado y sujetos al mismo. Esto hace que el individuo no sea un ciudadano, sino un esclavo del Estado, cuyo valor está determinado por el Estado.

En el Catecismo, el comunismo ateo es equiparado con el socialismo, como una forma de robo. El párrafo 2425 dice: “Regular la economía mediante una planificación centralizada únicamente pervierte la base de los vínculos sociales”. La planificación gubernamental centralizada priva a los individuos de su dignidad y elección. También reduce las relaciones sociales a la “lucha”, privando a las personas de la paz. La sociedad deja de ser varios grupos de personas diferentes que cooperan las unas con las otras, para convertirse en “opresores” y “oprimidos”.

El Catecismo comienza su sección sobre el séptimo mandamiento, diciendo: (CIC 2403), “El derecho a la propiedad privada, adquirida o recibida de modo justo, no anula la donación original de la tierra al conjunto de la humanidad. El destino universal de los bienes continúa siendo primordial, aunque la promoción del bien común exija el respeto de la propiedad privada, de su derecho y de su ejercicio”. El equilibrio que el catolicismo exige para el individuo y la sociedad garantiza que ambas partes conserven la libertad, de modo que la verdadera virtud sea posible.

Pero el socialismo viola el derecho a la propiedad privada; recuerde la famosa cita marxista, “La propiedad es robo”. Este enfoque asegura celos constantes, envidia y revolución.

El Papa León XIII condena la envidia fomentada por el socialismo, basándose en el Decálogo, conforme al cual, codiciar el cónyuge y las posesiones de otro es un pecado. La “lucha” entre el burgués y el proletariado, o lo que ahora se considera como una “lucha” entre las “elites gerenciales / corporativas” y la clase trabajadora, está enraizada en la envidia que el décimo mandamiento condena específicamente.

Sobre todo, el socialismo viola el “Gran Mandamiento” cuando se trata del amor a Dios y el amor al prójimo. En su “Instrucción”, Benedicto XVI advierte contra la teología de la liberación, que viste un socialismo ateo con un lenguaje cristiano. La teología de la liberación reivindica para sí la identidad cristiana, a la vez que carece de creencia cristiana. Reduce el cristianismo, a una “identidad”. El socialismo exige amor por el prójimo, pero bajo compulsión. Esto viola el libre albedrío y niega la capacidad de hacer el bien, de corazón.

El socialismo suplanta a Dios, con el Estado. El Estado se vuelve todopoderoso; la fuente de todos los valores y bendiciones. Esto es idolatría.

La posición de la Iglesia Católica contra el socialismo es relevante en este clima político actual, especialmente a la luz de la próxima canonización del arzobispo Fulton Sheen, quien habló enérgicamente contra el comunismo. ¿Qué pasó entre su día y el nuestro?

Al tolerar el socialismo, ¿qué otras ideas revolucionarias repugnantes para la ortodoxia católica han sido aceptadas? Este clima de “tolerancia”, a pesar de sus afirmaciones de estar con los impotentes, fomentó una cultura de abuso. El arzobispo Sheen advirtió contra el glamour seductor del socialismo. Dijo él: “El atractivo del socialismo, el fascismo y el comunismo era principalmente negativo; eran protestas contra un liberal, todo-se-vale, vivir y dejar vivir, una indiferencia supina hacia las causas, un no-reconocer que nada era lo suficientemente malo como para odiar, y nada lo suficientemente bueno como para morir por ello”.

Esta indiferencia es una forma de cinismo que refleja una cultura decadente. Vemos esta inmundicia en los escándalos actuales que infectan a la Iglesia. El chic socialista actual es preocupante, con Che Guevara y Hugo Chávez siendo presentados como santos seculares. En nuestras promesas bautismales, estamos llamados a renunciar a las pompas del diablo y a las promesas vacías, para poder revestirnos de Cristo. En estos tiempos, tal renuncia al encanto del pecado es necesaria para la renovación de la Iglesia.

Anna Abbott se graduó de St. John’s College en Santa Fe, Nuevo México. Ha escrito para Catholic World Report, Canticle y Celebrate Life, de la American Life League. Tuvo una columna semanal sobre religión durante cuatro años en el Napa Valley Register, y también escribió para el Weekly Calistogan, el St. Helena Star y el American Canyon Eagle. Ella es tía y madrina de dos niños y actualmente reside en el Napa Valley.