Reporte Católico Laico

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Argentinos…  ¿de hornalla en hornalla?

Argentinos…  ¿de hornalla en hornalla?

RCL les invita a leer a Roberto Fermín Bertossi, desde Buenos Aires.-

Durante el programa televisivo dominical “Debo Decir” emitido por el Canal 2 de América TV y conducido por Luis Novareis el 24 de julio ppdo., el actual secretario de energía Javier Iguacel aseguró que en lo que quedaba de este año, el aumento en la tarifa del gas domiciliario “no va a ser más que del 25%”.

No obstante, perversa  e inequitativamente, no le tembló el pulso para rubricar este viernes ppdo. la resolución 20/2018 que decidió sin más, autorizar a las empresas distribuidoras domiciliarias de gas para “recuperar  de sus usuarios la devaluación de nuestra moneda (110%) entre el 1º de abril y el 30 de septiembre; ello a partir del primer día del año 2019 y en 24 cuotas (con exorbitantes intereses).

Lo perverso e inequitativo, lo confiscatorio e insensible del caso, consiste en que el mismo funcionario no solo autorizó incrementos tarifarios superiores al comprometido 25%,  sino de que –fundamentalmente- ni los salarios ni los haberes previsionales ni los programas sociales ni los ingresos de los usuarios y consumidores en general, lograron (ni lograrán) similar recomposición por idéntica devaluación.       

La verdad es que no estamos en presencia de un gobierno de consenso ni de una ética de gobierno, salvo posverdad. Obviamente, las frías y claras condiconalidades del FMI  como la real ausencia de equilibrio y de equidad desnudan también `lo voluntarista´ del resistido proyecto de presupuesto nacional 2019`

Consecuentemente, no es ética ni moral la actitud y los posicionamientos supra optimistas del gobierno cuando la real situación económica actual del país –poco menos- no ofrece margen para la esperanza.

En efecto, ¿cómo encontrar el hilo conductor para superar airosamente el desafío de conservar nuestra esperanza comunitaria ante las constantes y desorientadoras  “contradicciones” oficiales?

Al respecto, magistralmente nos observa Yuval Noah Harari en sus “21 lecciones para el siglo XXI”, “A lo largo de la historia, los eruditos se han enfrentado reiteradamente a este dilema: ¿están al servicio del poder o de la verdad? ¿Debería ser su objetivo unir a la gente asegurándose de que todo el mundo crea en la misma historia, o deberían dejar que la gente sepa la verdad…?

Casualmente se denomina política de la posverdad a aquella en la que el debate se enmarca en apelaciones a emociones o a lo que se anhela escuchar También cuando la reiterada afirmación de promesas edulcoradas, recurrente y fácticamente son refutadas en los hechos de la realidad ahondando desencantos, decepción e incertidumbre.

Esa dimensión ética condiciona severamente las posibilidades de alcanzar los objetivos del gobierno en ejercicio porque la misma no consiste en una cuestión de leyes, de optimismo ni de nuevas tecnologías, sino de personas. La ética pública es ética aplicada, un compromiso real con los valores del servicio público y un derecho de los ciudadanos a una buena administración, tal y como consagra nuestra propia Constitución Nacional.

Esto en los hechos no se verifica cuando demasiados argentinos están gravemente afectados por la precipitación de una tremenda crisis, inflación y devaluación monetaria. Lo curioso del caso es que todo ello obedece a la “mala praxis”  del supuesto mejor equipo de gobierno en los últimos 50 años.

A propósito, otra afrentosa burla de tan obcecada incontinencia verbal oficial fue el ex abrupto sobre el  “crecimiento invisible” de la economía argentina.

Preconclusivamente, la pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda nos sumergió en una cruel recesión con sus nefastas y frustrantes consecuencias Vg., nuevos pobres e indigentes, incremento de los habitantes de la calle,  cierre de pymes, destrucción y precarización de puestos de trabajo, inquietud con creciente violencia social,  etc.

Finalmente,  el culposo descontrol  de las variables  macroeconómicas  cuanto la impericia respecto  de una elemental  prospectiva económica-financiera, nos está sumiendo en un estado de desazón personal e intergeneracional, privándonos injustamente del natural y legitimo sabor de la vida. 

Roberto Fermín Bertossi

Investigador Cijs / UNC