Reporte Católico Laico

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Camerún, el obispo de Bameda: “La Iglesia no ha sido escuchada”

Camerún, el obispo de Bameda: “La Iglesia no ha sido escuchada”

Entre tensiones constantes e inestabilidad, el país africano se acerca al voto que probablemente dará la presidencia a Paul Biya por séptima ocasión.

Si acaba como todos se lo esperan, Paul Biya festejará el próximo 7 de octubre (fecha de las elecciones de Camerún) su séptimo mandato consecutivo, y permanecerá en el poder hasta la edad de 92 años. El hombre fuerte de uno de los países más importantes del África central, pues, consolidará un poder sin oposición que, si se consideran los siete años durante los que fue Primer ministro antes de convertirse en presidente (1975-1982), dura 43 años. Los 8 candidatos que desafían al inmarcesible presidente no han logrado encontrar ningún acuerdo y se presentan divididos en contra de un adversario que sería difícil derrotar incluso con un único bloque. EL resultado, entonces, parece evidente, y la votación se presenta como una formalidad burocrática. Pero si el humor que Biya ostenta mientras espera las elecciones es de serenidad, el país, sobre todo en algunas zonas, vive el momento entre terribles tensiones y crisis profundas. Hay dos cuestiones muy controvertidas en la mesa del próximo presidente. Aunque el primero de octubre Biya declaró que Boko Haram había sido «derrotado definitivamente», en el norte persisten focos de resistencia yihadista y siguen pagando la factura los civiles, atrapados entre el yunque islamista y el martillo del ejército regular. En cambio, en el oeste el conflicto con los separatistas de la autoproclamada República de Ambazonia (las regiones anglófonas que piden desde hace tiempo la independencia en las que las tensiones han provocado cientos de muertos y 200 mil desplazados) está empeorando.

Sobre esta delicada situación y sobre cómo todo el país se prepara para dirigirse a las urnas hemos hablado con monseñor Cornelius Fontem Esua, arzobispo de Bameda, la principal ciudad de las regiones anglófonas. 

«La campaña electoral comenzó desde hace una decena de días en la parte francófona, todos los candidatos pueden circular libremente y encontrarse con la población. Aquí entre nosotros, en cambio, la situación es completamente diferente. Hace dos semanas se proclamó el toque de queda de las 18 a las 6 de la mañana y a partir del sábado 27 de septiembre el toque de queda fue decretado durante todo el día y nuestras ciudades parecen ciudades fantasma: no se trabaja, los chicos no van a la escuela, todo está detenido y hay una tensión palpable. Hace algunos días vino una delegación de exponentes del partido del gobierno, pero se encerraron en una sala y se encontraron con no más de 200 personas. Aquí en donde estamos, sustancialmente, por las limitaciones de movimiento, no ha habido campaña electoral y, muy probablemente, no habrá elecciones. 

¿En qué sentido? 

La situación es extremadamente tensa y no creo que vaya a votar mucha gente. Las calles están vigiladas por los militares y de noche se escuchan disparos constantemente; hemos recibido noticias de muertos en los enfrentamientos. Además, las urnas serán montadas solamente en dos lugares, por lo que se siente que nada animará a la población a ir a votar; la población no tiene muchas ganas de ir a votar. Se está haciendo de todo para que parezca todo democrático y participativo. Es decir, si se celebran elecciones aquí serán limitadas y falsas. 

¿Cómo saldrá Camerún de estas elecciones? 

Creo que la victoria de Biya es un hecho, incluso porque la oposición es insignificante. Hay enormes problemas de corrupción, justicia, y en estos 36 años el país no ha cambiado mucho. Los partidos en contra del gobierno tratan de protestar y de sostener que 36 años son demasiados y que el país ha solamente empeorado; ellos, como respuesta, dicen que 36 años significan una gran experiencia y un elevado perfil obtenido en el campo. Pero creo que está claro que en muchos años no se han alcanzado los resultados que esperábamos. Pero si se escucha o se lee lo que dicen los medios de comunicación, parecería que aquí todo va bien: los rebeldes están en jaque, el país ha sido retomado… En realidad mucha gente tiene miedo, escapa, hay muchísima tensión. Según lo veo yo, hemos acabado en una especie de “dictadura democrática” en la que se repiten los ritos pero los resultados serán siempre los mismos. Hay una situación que definiría “la paz del cementerio”, quien dice cosas en contra del gobierno son enemigos del Estado y son callados. 

¿Cuál es la postura de la Iglesia? 

Como obispos, hemos enviado una carta antes de las elecciones para invitar a todos a favorecer una democracia completa y justa, en la que la vida humana sea respetada en cada una de sus formas. Pero, ¿quién nos escucha? Somos considerados parte de la oposición, porque hablamos de lo que no funciona o porque pedimos una alternativa política que no existe. Para nosotros es fundamental una organización del Estado que parta de una clara división de los tres poderes legislativo, ejecutivo y judicial, y que respete la voz de todos, no solo de un círculo mágico. La Iglesia trata de favorecer la paz (en mayo de este año la Conferencia Episcopal trató de intermediar para resolver el conflicto en las regiones anglófonas, ndr.) y esperamos alcanzarla lo antes posible, pero es difícil obtenerla sin justicia, sin un diálogo verdadero, sin verdad. 

Excelencia, ¿usted sufre presiones? 

Uno de mis teléfonos está vigilado, pero cuando hablo con ellos no lo hago como político. Yo no tengo ningún interés que defender: hablo del bien común, de la justicia. Mi deber, como líder religioso, es el de decir la verdad. Y, si las autoridades hubieran escuchado la voz de la Iglesia, no estaríamos en este punto. Nosotros queremos un diálogo honesto, nadie se beneficia si callamos. 

LUCA ATTANASIO-YAOUNDÉ-VaticanInsider.es