Reporte Católico Laico

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Domiciano, Pontífex Máximus”

Domiciano, Pontífex Máximus”

RCL les invita a leer a Raúl Sanz Machado.-

Con la muerte del Emperador Tito, le llegó el turno a su hermano y sucesor, Tito Flavio Domiciano, quien solo 24 horas después ya estaba ungido, como Emperador, por la Guardia Pretoriana y por el Senado, que le concedió los máximos honores, como Tribunicia Potestas, Pater Patrie y Augustus, además del cargo Pontífex Máximus. Tales distinciones resultaron apresuradas, porque Domiciano parece que resultó la cara opuesta de su hermano Tito, a través de un presunto y oprobioso reinado de 15 años, el más prolongado desde los tiempos de Tiberio. Aunque la mayor parte de las referencias de este último de los 12 Césares, fueron escritas por Tácito, Plinio El Joven, y Cayo Suetonio Tranquilo, a fines del siglo I dC. quienes les eran hostiles, lo definieron como un “autócrata despiadado, tirano, cruel, paranaoico, de costumbres depravadas y dilapidador del tesoro” entre otros piropos; sin embargo la historiografía contemporánea difiere de estos conceptos por considerarlas carentes de objetividad.

El mismo Suetonio, habla de Domiciano, como un adolescente culto y educado, de conversación elegante, elevada estatura, hermoso y apuesto, aunque estas características no guardan relación con su posible estilo y condición de gobernante. Al acercarse a la edad madura, la apariencia física de Domiciano experimentó acentuados cambios: “cabeza calva, vientre enorme, piernas extremadamente delgadas y debilitadas por sus enfermedades”.Sic- Las percepciones de Petronio, escritor latino y autor del Satiricón, resultan igualmente contradictorias; el escritor contemporáneo Brian Jones comenta en su obra “The Emperor Domitian” la dificultad de definir su personalidad, a causa de la parcialidad de las fuentes disponibles.  Se cree que era un ser introvertido, con tendencia al aislamiento, al extremo de evitar contacto con sus parientes y funcionarios más allegados.  Sea como sea, en el Emperador Domiciano se combinó la personalidad del déspota benevolente con la del monarca progresista.

En efecto, como Emperador, erradicó la falsa imagen democrática republicana alentada por su padre Vespaciano y su hermano Tito; despojó al Senado de su facultad para detentar el poder absoluto en sus manos, en una modalidad de “monarquía divina”. Domiciano asignaba los oficios exigiendo lealtad y fidelidad absolutas y destituía, sin miramiento alguno, a quienes osaran adversar su política imperial.  Permanecía por largo tiempo fuera de Roma.  En Germania e Iliria, permaneció por 3 años, dilapidó los recursos del Imperio para el mantenimiento del ejército y derrochaba dinero en dádivas, espectáculos, juegos, distribución de alimentos, aumentos de salarios y a todo aquello que contribuyera a fortalecer el apoyo y lealtad de sus súbditos.

Domiciano realizó numerosas obras públicas e importantes edificaciones, como el Palacio Flavio, el Templo de Júpiter, que reconstruyó con el techo recubierto de oro, el Templo de Vespasiano y Tito, en honor de sus antecesores y en diversos lugares de Roma hizo construir imponentes monumentos y arcos de triunfos coronados de cuadrigas y enseñas de sus victorias. Semejante despilfarro precipitó la ruina del tesoro y ante la imposibilidad de reducir los gastos militares por temor a las incursiones de los bárbaros, optó por dedicarse al pillaje descaradamente, mediante la apropiación de bienes, confiscación de herencias, aumento impositivo, especialmente a los judíos, unido a su arrogante vanidad que llegó al extremo de ordenar a los Gobernadores que en cualquier carta o documento, así como en las audiencias se le denominara: “Nuestro Señor y Nuestro Dios ordena lo siguiente…”  Tan vil conducta suscitó el terror y el odio que culminó, al igual que con casi todos sus antecesores, en una conspiración organizada por sus amigos y libertos más íntimos y hasta por su propia mujer Domicia Augusta.

La noche antes de su muerte le ofrecieron trufas, que ordenó reservarlas para el día siguiente comentando que: “…al día siguiente la luna se teñiría de sangre en Acuarium y que se produciría un acontecimiento del cual se hablaría en todo el mundo” A media noche saltó de la cama presa de espanto y por la mañana recibió un augur, traído de Germania quien predijo “un cambio de régimen”; la respuesta de Domiciano fue su condena a muerte y como se rascase con mucha fuerza una verruga que tenía en la frente, Suetonio comentó que, “brotó sangre y el César exclamó: “Plegue a los dioses que esto sea todo…”.  Los dioses no oyeron, uno de los conjurados, armado con un cuchillo disimulado, pidió audiencia para denunciar un complot. Mientras Domiciano leía con estupor la carta, el denunciante le atravesó el bajo vientre y aunque trató de defenderse, Clodiano Máximo, primer oficial de su cámara y algunos gladiadores se precipitaron sobre él. El último de los 12 Césares murió a los 45 años de edad. Su muerte fue acogida con indiferencia por el pueblo, con indignación por los soldados y con la satisfacción de los Senadores, quienes ordenaron de inmediato, eliminar todo vestigio para abolir su memoria.

Concluía así el período de los 12 Césares, por más de 2 siglos –desde Julio César en el año 47aC. hasta la muerte de Domiciano, 169 años dC. – tiempo durante el cual se turnaron en una asqueante promiscuidad del vicio y la depravación, unida sin embargo, a la magnificencia de la Roma antigüa. Todos ellos hicieron justicia a la sabiduría de Confucio, quien 5 siglos antes de la era cristiana, había advertido: “El ser humano tiene la perversa tendencia de transformar lo que le es prohibido en tentación”  Sabiduría secular.