Reporte Católico Laico

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Habla el postulador de la causa: “Pablo VI Estaba listo para sustituir a Aldo Moro con tal de salvarlo”

Habla el postulador de la causa: “Pablo VI Estaba listo para sustituir a Aldo Moro con tal de salvarlo”

A pocos días de la canonización, habla el padre Antonio Marrazzo: «no era ni dubitativo ni indeciso, examinaba las cuestiones desde cada perspectiva antes de decir una palabra definitiva»

Pablo VI «era llamado el Papa de la duda, pero no es cierto. Como él mismo explicó: “Dicen que parezco dubitativo, indeciso: no, yo tengo que ver la cosa desde todas las perspectivas para llegar a decir una palabra definitiva”». Lo subrayó el padre Antonio Marrazzo, postulador de la causa de canonización de Pablo VI, quien, al margen de la presentación de un documental sobre Giovanni Battista Montini en la Filmoteca vaticana, en vista de la canonización presidida por el Papa Francisco el próximo 14 de octubre, respondió a las preguntas de un grupo de periodistas sobre la biografía del futuro santo. Por ejemplo recordó cuando le besó los pies del representante del Patriarca Atenágoras después de haber advertido a sus colaboradores («Haré un gesto, no me detengan»), o como cuando estudiaba de noche las cuestiones teológicas que se estaban discutiendo en el Concilio Vaticano II. También habló sobre el milagro que lo llevará al honor de los altares. En cuanto a su relación con su amigo Aldo Moro, secuestrado por las Brigadas Rojas italianas, estaba «dispuesto a convertirse en mártir, sustituyendo a Moro con tal de salvarlo, cosa que los políticos de la época no sabían cómo hacer».

«En mi opinión, hay que tomar en cuenta un poco el aspecto humano de Montini, porque es fundamental ya que será canonizado Giovanni Battista Montini, no Pablo VI. No será canonizado el papel, sino el hombre, que fue sacerdote y después vivió el sacerdocio en los diferentes encargos sucesivos que tuvo», dijo el sacerdote redentorista. «Es importante entonces ver cómo fue evolucionando progresivamente este hombre, en qué medida se abrió a ciertas instancias. Era hijo de periodista y político, pero también de una mujer que en Concesio mantenía la puerta abierta para todos, para quien tuviera problemas, y no solo económicos. Ciertas realidades de fe se las inculcó ella, que lo llevaba a rezarle a la Virgen. Podríamos decir que el padre, por una parte, le hizo ver la fe bajo el aspecto del pensamiento, del estudio, de la profundización, mientras bajo el aspecto de la relación casi mística con Dios fue la madre la que lo dirigió. Montini pasa por el Papa de la modernidad, o mejor, de la contemporaneidad, pero para mí tal vez podríamos definirlo como el último Papa renacentista, por cómo vio los diferentes aspectos de las cuestiones, por cómo hizo las cosas, por las relaciones, políticas y eclesiales, con los grandes hombres de su tiempo, por cómo logró que la Iglesia se convirtiera en semilla de posibilidades humanas y de salvación. 

¿Qué nos puede decir de la relación de Pablo VI con las políticas, las Brigadas Rojas, con Aldo Moro? 

También en este caso es oportuno resaltar la dimensión humana de Montini, el discurso sacerdotal, la punta de expresión de cierta santidad: en aquella situación él estaba dispuesto a convertirse en mártir, a sustituir a Moro con tal de salvarlo, cosa que los políticos de la época no sabían cómo hacer. Quiero citar otro episodio, el encuentro en la Sixtina con el metropolita Melitón (delegado del Patriarca Atenágoras, ndr.): antes de entrar le dijo a los dos secretarios: “Haré un gesto, no me detengan”. Llega delante de Melitón, quien abre los brazos para saludarlo, y él se arrodilla para besarle los pies, con un gesto visto por algunos casi como una herejía. Montini era este hombre, para él el punto de referencia era Cristo. Lo que caracteriza a Montini es el Concilio: si no partimos de ahí corremos el peligro de no comprender otras cosas. En el Concilio la Iglesia vivió un cambio, que después incidió también en el nivel de toda la sociedad. Hoy hablamos de paz, de derechos humanos, de valor de la persona: son realidades adquiridas, pero ¿dónde nacen en la realidad contemporánea? Nacen ahí. Estamos hablando de Evangelio, de Cristo persona, que se vuelve fulcro y referencia. Montini se movió en esa línea. Inmediatamente después del Concilio encontramos en sus escritos: “Tal vez sea el caso de dar la renuncia, he cumplido con mi tarea”, pero, dijeron, ¿quién realizará todo esto? Y entonces él continúa. Este era Montini. Era un hombre que tomó decisiones audaces para la época, no tenía miedo: se tardaba, es cierto, fue llamado el Papa de la duda, pero como él mismo explicó: “Dicen que parezco dubitativo, indeciso: no, yo tengo que ver la cosa desde todas las perspectivas para llegar a decir una palabra definitiva”. 

¿Pablo VI es un Papa que ha sido opacado un poco por otros Pontífices del siglo XX?  

Creo que Montini no es clasificable. No es situable, ubicable. Hoy se dice “multitasking”: era una figura increíblemente poliédrica, pasa por el arte, la poética, la literatura, va de los artistas al teatro a la teología a la liturgia… Afronta todos los argumentos. Y se preparaba. Durante el Concilio estudiaba de noche los argumentos teológicos que se discutían y que él, como máximo, no conocía bien. Era un hombre consciente, fuertemente responsable, tenía el sentido del papel, un papel apostólico, no político. 

¿Qué diría Montini, el Papa del grande discurso sobre la anticoncepción, al Sínodo sobre los jóvenes que comienza en el Vaticano? 

Al final del discurso sobre la contracepción recomienda la atención por los jóvenes. Defiende la vida humana desde su concepción, el hombre que será, la persona humana que será no es solo el comienzo de la vida, es toda la persona. Y en esto identifica una respuesta para los jóvenes, que viven con ímpetu, con fantasía, sienten la necesidad de novedad y de auto-realización. Se pregunta: nosotros, los adultos, ¿cómo los ayudamos, cómo los acompañamos, cómo les damos las claves de lectura para poder vivir este entusiasmo, esta alegría de vivir, estas ganas de cambiar el mundo de la manera más correcta, más humana? Creo que Montini les diría esto hoy y creo que aquí encontramos el sentido del Evangelio, la encarnación de Dios que acompaña al hombre en su humanización, al convertirse en su imagen. Montini nos impulsa a hacer esto. 

¿Puede contarnos algo sobre el milagro que llevó a la canonización de Pablo VI?  

El milagro fue simple y complejo al mismo tiempo. Extraño por cómo comenzó, porque estas personas no sabían quién era Pablo VI. La mujer, por temor, se hace una aminocéntesis y, después de una semana, pierde líquido amniótico, que significaba abortar, significaba que el feto no podía continuar. Habla con una amiga enfermera, con un amigo ginecólogo, que le dice: “Mira que precisamente en estos días beatifican a Pablo VI con un milagro parecido, récenle a él”. Estamos a principios de octubre de 2014, Montini fue beatificado el 20 de octubre. Ellos van a Brescia, no le dicen nada a nadie, encuentran una estampita de Montini en el Santuario de las Gracias, se la llevan a su casa y rezan, por tres meses. El embarazo estaba entrando a la décimo tercera semana. Sin líquido amniótico, el feto sigue adelante, la madre es hospitalizada cinco veces para tratar de salvarlo, pero el cuerpo sigue rechazándolo. Al final, en la vigésima semana, los médicos encuentran algo inverosímil: la niña nace, el día de Navidad, saludable. Yo, bromeando, digo que ¡Pablo VI debería de pagarle a esta familia el alojamiento y la comida, porque se quedó ahí por tres meses! Para mí Giovanni Battista Montini debería ser invocado por la vida que está por nacer. 

IACOPO SCARAMUZZI-CIUDAD DEL VATICANO-VaticanInsider.es