Reporte Católico Laico

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Hablando como un americano…

Hablando como un americano…

RCL les invita a leer a Robert Royal

El padre Thomas J. Reese es un jesuita —ex editor de la revista jesuita América. Él es, en términos generales, un fuerte partidario del Papa Francisco, tanto en sus esfuerzos por cambiar a la Iglesia como en sus iniciativas políticas sobre temas como el medio ambiente, los inmigrantes y la pobreza mundial. Hacia el final de la sesión informativa de ayer en la oficina de prensa del Vaticano (la primera para el Sínodo sobre los jóvenes), preguntó cuál podría ser la pregunta central que surgirá durante las cuatro semanas completas del sínodo.

El Papa Francisco, dijo [para reconstruir de memoria], ha hablado repetidamente de esperanza, de soñar en grande, de nuevas iniciativas audaces, de dejar que el Espíritu Santo nos inspire a cosas que nunca antes hemos hecho. Entonces, en la primera sesión sinodal completa [hablaron veinticinco obispos, más dos laicos], ¿hubo algo realmente nuevo, algo que sorprendió a los miembros en el panel de información?

Paolo Ruffini, uno de los miembros laicos de ese panel y jefe de la oficina de comunicaciones del Vaticano, admitió: Bueno, no. En realidad, no hubo nada que saltara como totalmente inesperado, aunque los intercambios entre los diversos participantes (hablar en serio y escuchar (y el “discernimiento” jesuítico)) fueron un buen comienzo para el sínodo.

Probablemente tenía razón en que pasos tan modestos y tantas veces transitados ​​eran lo más que se podía esperar de un par de cientos de personas que acaban de llegar, muchas de las cuales no se conocen —y nunca antes han participado en un evento del Vaticano. Pero la pregunta más grande permanece: también puede ser que estos intercambios interpersonales básicos —que esperamos que conduzcan a amistades profundas e iniciativas fructíferas— sean todo lo que realmente saldrá del sínodo.

El papa y sus asesores habían decidido, en las etapas de planificación, descartar la vieja práctica de tratar el sínodo como una especie de conferencia académica; eligieron, deliberadamente, hacer de esto un “caminar juntos”, un significado del término griego synodos.

En términos prácticos, esto significa que cinco obispos a la vez hacen presentaciones de tan solo unos minutos cada uno, basándose, ya sea en sus textos más largos, previamente preparados (que ellos ya han sometido a los funcionarios del sínodo), o respondiendo, sin preparación previa, a algo que alguien hubiera dicho antes. (El arzobispo Chaput habló ayer y, como de costumbre, trajo un realismo muy necesario y enérgico a los procedimientos). Después de cada set de cinco, todo el grupo se sienta en silencio y medita sobre las cosas que encontraron especialmente destacadas. Como explicó el p. Antonio Spadaro S.J., uno de los principales portavoces del papa: este sentarse y esperar por la inspiración del Espíritu Santo es algo muy jesuítico.

Aún así, ello no produjo grandes sorpresas hoy, y eso es probablemente algo bueno.

Porque la Iglesia se enfrenta a un problema inusual en este momento. Como enfatizó el miembro más joven del panel, Joseph Cao Hun Minh Tri, un laico vietnamita de 21 años de edad, los jóvenes que conoce, especialmente en su país de origen, hablan con urgencia y con frecuencia de “encontrar tu verdadera pasión en la vida”, de descubrir una manera de vivir que dé sentido a la vida y conduzca a la verdadera felicidad. Pero como cualquiera que preste atención sabe muy bien, en estos días pocos jóvenes creen que encontrarán en la Iglesia lo que buscan.

Según los participantes, hubo un número sorprendente de obispos que pidieron perdón en este primer día. Al menos cinco de los obispos que hablaron se disculparon, no solo por los abusos sexuales en varios países, sino por los fracasos de la Iglesia de aceptar y acompañar, escuchar y aprender, de los jóvenes, por separado, o en familias. Es bastante claro que existe una actitud generalizada de que la Iglesia debe dejar de lamentarse por los jóvenes que no están y buscarlos donde estén.

Santo y muy bueno; pero si eso va a funcionar en lo absoluto, no va a suceder soñando grandes sueños, que no parecen bajar a la tierra, sino mediante el trabajo paciente y arduo, el tipo de trabajo que muchos grupos, especialmente en Los Estados Unidos, pero no solo allí, ya lo están haciendo para llegar a los jóvenes.

El cristianismo tomó alrededor de tres siglos para convertir al Imperio Romano pagano, y eso sucedió cuando la Fe era joven y una novedad, no como hoy, más antigua y —aunque erróneamente— considerada como un sombrero viejo. No hay soluciones rápidas para nuestra situación. Por múltiples razones —no todas ellas por culpa de la Iglesia, y que necesitan disculpas— las personas se han alejado hacia vidas poco profundas, angustiadas e insatisfactorias, pero que saben que no saben cómo reformar; y, aún así, no vuelven a la Iglesia.

Cualquier respuesta realista a esta situación tiene que estar lista para lidiar a largo plazo, ganando a las personas una por una, familia por familia.

Chiara Giaccardi, profesora de sociología en la Universidad Católica de Milán y, en Italia, una reconocida escritora sobre cómo invitar a los jóvenes a dialogar con la Iglesia, habló durante el panel de la “Revolución Copernicana”, según la cual, la Iglesia no es ya no es una “limitadora” de la acción, sino una “oidora”.

Pero si es una oidora, al menos en el encuadre del concepto de Giaccardi, solo parece escuchar cosas que ya ella [La Iglesia] quiere escuchar. Ella habló de conocer gente en concreto, y de cómo —en la famosa fórmula del papa— “la realidad es mayor que las ideas”. Pero las realidades a las que ella se refirió parecían ser las ideas antiguas y poco inspiradoras sobre los inmigrantes, los marginados y la importancia del sexo para el desarrollo personal completo. No hay ahí nada de malo, en teoría. Pero, en la práctica, sería difícil llamar a esto una nueva iniciativa audaz o un sueño ambicioso para los jóvenes, que lo han escuchado todo antes, muchas veces, de muchas maneras.

Uno de los principales problemas que parece que casi nunca se discuten en “diálogos” como estos es algo por lo que la Iglesia realmente tiene que disculparse: generaciones de presentar la fe de forma tímida, convirtiéndola en un sentimentalismo sobre el amor y la aceptación, y emborronando las enseñanzas sólidas que se encuentran en las Escrituras y la tradición, en las escuelas católicas, las escuelas secundarias y las universidades, incluso en programas como RCIA [Ritos de Iniciación Cristiana de Adultos] destinados a preparar a las personas para que entren en plena Comunión.

En otras palabras, hemos tenido miedo de predicar el tipo de cosas que todas las personas, incluidos los jóvenes, necesitan escuchar, porque son respuestas reales a preguntas reales.

Pero para hacer eso, la Iglesia tendría que encontrar un nuevo coraje (y una verdadera inteligencia) tanto para hablar como para escuchar. Por ahora, eso no parece estar en la agenda.

Tomado/traducido, por Jorge Pardo Febres-Cordero, de: https://www.thecatholicthing.org/2018/10/05/speaking-as-an-american/

Viernes 5 de octubre de 2018