Reporte Católico Laico

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Las personas que son “solo cristianos” no tienen ni idea

Las personas que son “solo cristianos” no tienen ni idea

RCL les invita a leer a Casey Chalk, editor para el sitio de La Red Called to Communion [Llamados a Comunión] y licenciado del Notre Dame Graduate School of Theology en el Christendom College.-

Una de las cosas más molestas que escucho en el diálogo ecuménico es algo así como esto: “Oh, no pertenezco a ninguna tradición religiosa o denominación, solo sigo a Jesús”. Peor aún, es cuando la persona declara, satisfecha de sí misma: “No soy protestante, soy cristiano”. Estos son protestantes que parecen no poder comprender que en realidad son protestantes. Admito que el deseo de evitar los títulos denominacionales o sectarios refleja un atributo digno de elogio. Reconoce que las diferencias y divisiones entre varios grupos de cristianos no son algo bueno. La Iglesia Católica afirma esta posición, lamentando “las rupturas que hieren la unidad del Cuerpo de Cristo” (Catecismo de la Iglesia Católica 817). Sin embargo, salvo por esa admisión, no hay mucho que elogiar sobre el eslogan “Soy, sencillamente, cristiano”. Primero, ello es ignorante. Todos los cristianos, sin importar cuán bien intencionados sean los “meramente cristianos”, hacen juicios teológicos que los ubican en ciertos campos denominacionales. Por ejemplo, todos tienen que responder a la pregunta de cómo se convierte uno en cristiano. ¿Es suficiente rezar la “oración del pecador”? ¿Qué pasa con el bautismo? ¿Son legítimos ciertos bautismos y otros ilegítimos? ¿Tiene una persona que unirse a una comunidad de otros cristianos? Si es así, ¿qué características debe tener esa comunidad para que sea “verdaderamente cristiana”? Una vez que uno es cristiano, ¿es posible perder ese estatus, digamos, a través de la incredulidad o el comportamiento inmoral? Las respuestas a estas preguntas colocan a un cristiano en algún campo: paedobaptista o credobaptista, “una vez salvado, siempre salvado” o no, etc. Diversas tradiciones eclesiales (católica, ortodoxa, anglicana, presbiteriana, metodista, bautista) proporcionan respuestas dispares y, a menudo, contradictorias a estas preguntas; razón por la cual estas organizaciones existen y están integradas por personas que, presumiblemente, están de acuerdo con las doctrinas de su iglesia. Nunca eres “sencillamente, cristiano”. Tienes que decidir sobre estas preguntas y sobre otras; o, el llamarte meramente cristiano se derrumba sobre sí mismo. También es arrogante. Decir que eres “solo cristiano” es actuar como si no hubiera tradiciones teológicas, ni comunidades eclesiales fuera de ti, que tengan autoridad. El cristiano “solo cristiano” es el epítome del individuo moderno, autónomo y atomizado que no necesita a nadie más que a sí mismo. Uno se pregunta por qué esos “solo cristianos” siquiera se molestan en leer la Biblia, ya que la adhesión a dicho texto los hace depender de sus escritores, como San Pedro, San Pablo y San Lucas. El “solo cristiano” piensa que tiene todo resuelto, y todas esas personas tontas que debaten la teología y la doctrina simplemente no lo entienden. Jesús es simple y directo, afirma el “solo cristiano”, y hemos complicado su vida y sus enseñanzas con todo este material intelectual. Por último, refleja una grosera amnesia histórica. Aquellos que profesan la teología del “solo cristiano” no reconocen cómo es que sus propias creencias y prácticas son informadas por los 2000 años de enseñanza y tradición de la Iglesia. Aunque muchos “solo cristianos” creen en la Trinidad, por lo general no saben que el Concilio de Nicea del siglo IV que en realidad definió y promulgó esa doctrina [Nota del Traductor: ha debido decir: “no saben que fue el Concilio de Nicea del siglo IV el que…”]. Tampoco caen en la cuenta de que sus creencias sobre la salvación son a menudo luteranas o calvinistas. Aunque la mayoría de los “solo cristianos ” leen sus Biblias fielmente, tienen poca idea de cómo llegó el libro a su forma actual, o de que es una colección de diferentes textos, escritos por diferentes personas, en diferentes idiomas, traducidos de manera imperfecta, al vernáculo, por eruditos. Tampoco se dan cuenta de que incluso la colección de libros en su Biblia, llamada canon, es un tema muy disputado que requirió de tres concilios eclesiales locales a finales del siglo cuarto y principios del quinto (Hipona, Cartago, Roma) y de otro concilio ecuménico, en el siglo XVI (Trento) para determinarlos, con autoridad. Además, los “solo cristianos”, que son mayormente protestantes, tienen una versión de la Biblia que carece de varios libros, llamados Deuterocanon, afirmados por todos esos concilios. Cuando era estudiante de primer año en la Universidad de Virginia, tomé un curso de historia cristiana impartido por el prolífico erudito (y católico converso del luteranismo) Robert Louis Wilken. La primera vez que le visité en horas de oficina, le dije que era cristiano. Él, con interés, preguntó bajo qué denominación rendía yo culto. Yo, con aire satisfecho, le dije que no estaba unido a ninguna denominación. No dijo nada, pero me lanzó una mirada que nunca olvidaré. Me comunicaba, de manera amable pero severa, que yo no tenía ni idea acerca de lo que estaba hablando. Pronto empecé a darme cuenta de lo que estaba mal con mi ansiosa profesión de fe ese día; tanto, que comencé un largo estudio de teología e historia cristiana para determinar mis propias creencias religiosas. Para cuando me gradué y entré en un seminario reformado (también conocido como calvinista), estaba declarando a todos los evangélicos que me oyeran que necesitaban tener una buena razón para no ser católicos. Aunque yo todavía no era católico, entendí lo que estaba en juego: todos los protestantes eran herederos de un sistema religioso que había roto con la Iglesia Católica. Yo fui, en una época, “solo cristiano”; y era un idiota. Simplemente, no hay tal cosa. Por eso, siempre que entro en diálogo ecuménico con los protestantes, me siento agradecido por aquellos que realmente entienden que son protestantes. Ellos, al menos, entienden que su fe religiosa no se desarrolló en el vacío, sino que les fue transmitida por sus ancestros espirituales. De hecho, esto es exactamente lo que significa la palabra tradición (en latín, traditio). Las conversaciones con los protestantes que entienden quiénes son y de dónde provienen, suelen ser mucho más fructíferas e interesantes que aquellas con “solo cristianos” satisfechos, que se creen inteligentes y “por encima de todo”, como alguna vez lo creí yo. Y, para aquellos de ustedes lectores que se definen como “solo cristianos”, perdónenme si alzo los ojos al cielo y sacudo la cabeza cuando ustedes declaran que su fe religiosa trasciende las denominaciones, la teología y la historia. Tomando prestada —y modificando ligeramente— una cita del difunto Thomas Merton, la arrogancia hace que nuestra fe cristiana sea artificial; La humildad, la hace verdadera. Acerca del Autor. Artículos más recientes.

Casey ChalkDomingo 7 de octubre de 2018

Tomado/traducido, por Jorge Pardo Febres Cordero, de: https://www.thecatholicthing.org/2018/10/07/people-who-are-just-christians-dont-have-a-clue/

Casey Chalk

Casey Chalk es un editor para el sitio de La Red Called to Communion [Llamados a Comunión] y licenciado del Notre Dame Graduate School of Theology en el Christendom College.