Reporte Católico Laico

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Un Nobel de Paz reparador

Un Nobel de Paz reparador

RCL les invita a leer a Virginia Rivero Lozada.-

                La Academia Sueca sorprendió  a muchos este viernes  5 de octubre al otorgar  el Premio Nobel de Paz 2018 a dos personas muy distintas pero unidas en su lucha por una sola causa:  la violencia sexual contra las mujeres como estrategia y arma de guerra.   Denis Mukwege, un médico ginecólogo de la República Democrática del Congo (RDC)  y Nadia Murad, una jóven activista iraquí de 25 años,  de origen Yazidí.  Los galardonados provienen de lugares muy distantes y desconocidos para el mundo.  El Doctor Denis Mukvege, trabaja  desde hace 20 años en el Hospital de Panzi,   Bukawu, Región de Kivu del Sur del Congo,  y Nadia vivía en el pueblo de Kocho, al Norte del Irak con su madre y 12 hermanos, de dónde fue sacada y vendida como esclava por los mercenarios de Estado Islamico IS quienes la violaban cada hora de su cautiverio  a igual que violan a miles de jóvenes yazidíes capturadas en las zonas ocupadas  y conquistadas por estos combatientes. 

                Dos personajes distintos  pero cuyas historias destacan  su compromiso con la vida,  el cese de la violencia y el rescate de la dignidad de las mujeres víctimas de violencia sexual.  Este premio honra su trabajo a favor de millones de mujeres  para que  puedan rescatar sus vidas, dejar atrás el sufrimiento y las laceraciones de cuerpo y de alma sufridas al ser víctimas de un  arma  de guerra letal como es la violación.   El Dr. Mukwege y Nadia Murad, hace cuatro años también fueron galardonados con el Premio Sajarov por su misma labor y compromiso.

                Hoy, el  Premio Nobel 2018, vuelve a  poner en evidencia una causa de lucha, visibiliza una vez más la realidad de millones de mujeres que en zonas de conflicto y  guerra que se ven convertidas en objetivos de guerra y como enemigas,  tienen que ser destruidas en su esencia:  el vientre materno.  

                El Dr. Mukwege,  fundó hace 20 años el Hospital Panzi para atender a mujeres embarazadas, prevenir mortalidad materna  y atención a la madre en período de lactancia.  Jamás pensó que un conflicto armado en su país lo apartaría de este sueño y lo llevaría a vivir a través de sus pacientes los más grandes horrores de la guerra.   Al día de hoy ya fueron curadas y reconstruidas en cuerpo y en alma más de 100.000 mujeres.  Se les brinda atención médica integral: física y psicológica.  Contaba él mismo que su primera paciente en el año 1999 fue una mujer a quien le habían disparado en la vagina después de haberla violado varios hombres  y todo frente a su marido, hijos, familiares y miembros de su comunidad.  Eso ocurrió a 500 mts del hospital.  Al día siguiente, tuvo que atender a 45 más con el mismo patrón de violación.  Es un protocolo de guerra que impera en Africa y Medio Oriente y que hoy tenemos que repudiar y condenar.   Lo triste es que sigue ocurriendo.

                Por eso, las mujeres del Congo, de Africa, Medio Oriente y del mundo aplauden este Nobel.  Es un premio para visibilizar la causa de las mujeres víctimas de violencia sexual, de trata y toda forma de esclavitud, es un premio para todas esas mujeres  y el Dr. Mukwege lo dijo al recibir el Sajarov hace cuatro años “Quiero que las mujeres no sean un campo de batalla” (…)  “Las deshumanizan. Y destruyen sus genitales. Disparándoles. Con productos químicos. Quemándolas. Usando plástico hirviendo”     Cuenta el ginecólogo.  “Al ser violadas en grupo, pueden contraer el sida y otras enfermedades de transmisión sexual. Y contagian a sus hijos, que además nacen sin saber quién es su padre”. 

                Un estudio del American Journal of Public Health en el 2011 estimó que unas  400.000 mujeres de entre 15 y 49 años fueron violadas en un periodo de 12 meses entre 2006 y 2007. Un millar al día. 45 cada hora.  Es posible que las cifras se queden cortas teniendo en cuenta que muchas ocultan su dolor por vergüenza y son repudiadas y olvidadas.  Otras, no acuden al hospital para ser atendidas y mueren por las heridas causadas.  Mukwege afirma “basta que una sóla mujer haya sido violada para actuar”.

                Nadia Murad  vivía en Kocho  -una pequeña aldea en Irak-  como cualquier joven Yasidi  cuando el 3 de agosto de 1914 llegaron los combatientes de Estado Islámico a su casa y mataron a su madre y seis miembros de su familia.  Ella fue secuestrada por ellos, violada sistemáticamente y trasladada en autobús junto a 3.000 mujeres y niñas yasidíes a Mosul y luego a Kabul dónde quedó en cautiverio para continuar siendo violada.  Al final luego de varios años fue vendida como esclava.  Por suerte, con ayuda de unos vecinos del lugar logró escapar y terminó en un campo de refugiados en Irak.  De allí fue rescatada y trasladada a Alemania.  Desde su nuevo hogar, recorre el mundo para denunciar y visibilizar la causa de las mujeres Yasidíes que aún siguen en esta cruel situación.  Los Yasidíes son una de las minorías del Irak, seguidores del zoroastrismo Persa más antiguo.   Nadia fue premiada por su coraje y valentía para trascender a códigos sociales muy antiguos que obligan a las mujeres a callar y avergonzarse de ser una víctima de crímenes de guerra.  Además de galardonada con el Nobel,  ella es hoy Embajadora de buena voluntad de la ONU,  por la dignidad de las supervivientes de trata de personas.   Su testimonio ante las Naciones Unidas fue clave para abrir una investigación contra los crímenes perpetrados por Estado Islámico.   

                La Academia Sueca destacó la importancia de los conflictos nucleares que amenazan al mundo:  Corea del Norte, de Siria, Irán, Irak, Crimea y otros.  Sin embargo, decidió voltear para un lado más humano como es el sufrimiento de millones de mujeres víctimas de violencia sexual y entregó el máximo galardón a dos activistas de la violencia de género en contextos de guerra.  No es sólo reparar el daño que se les hizo sino rescatar la esperanza que esos hechos no sigan repitiéndose. Bravo!