Reporte Católico Laico

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Si realmente doliera

Si realmente doliera

RCL les invita a leer a Elinor Montes.-

“Isaías 10:1 ¡Pobres de aquellos que dictan leyes injustas y ponen por escrito los decretos de la maldad.”

Si doliera la angustia del prójimo que ve apagar su vida o la de sus seres queridos por la negación de medicinas y el colapso del servicio sanitario, si doliera el abatimiento del prójimo venido a clase única depauperada que hoy rivaliza con los perros por lo que se puede comer de la basura, si doliera el desamparo de los presos de conciencia sometidos a tratos crueles e inhumanos y el de sus familiares y amigos, si doliera la ruptura de las familias, si doliera la desesperación de quienes salen en masa de su tierra natal para no morir de hambre, o, por falta de medicinas, o, asesinados; en fin, si doliera realmente en la conciencia y el corazón de la comunidad internacional el sufrimiento del prójimo, sería una prioridad poner fin al genocidio, a la aniquilación perpetrada por quienes, en vez de cumplir su obligación de ejercer sus cargos como buenos padres de familia en los distintos órganos del Poder Público del Estado, detentan el poder totalitariamente, sin moral ni límites, sosteniéndose en él sobre la miseria de millones de seres humanos indefensos, agotados, sometidos a la arbitrariedad y la incertidumbre, cuya realidad en muchos casos supera el horror de cualquier película que describa una sociedad anárquica, regida por la Ley del más fuerte, donde la gente es empobrecida y enfermada, intencionalmente, mediante políticas públicas, o, secuestrada, molida a palos, robada, amenazada de muerte y asesinada, tanto por delincuentes comunes, como por funcionarios de los cuerpos policiales y militares uniformados, como por el primer mandatario que públicamente expropia-expolia propiedades y ordena la detención arbitraria de cualquiera que le resulte incómodo o de conveniente neutralización, todo en virtud de la impunidad reinante.

Los tratados internacionales de derechos humanos constituyen verdaderos compromisos de los Estados miembros que lo suscriben en la defensa de la dignidad humana.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su preámbulo reza:

“Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables…

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias.    …

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre”…

No obstante, ni los tiempos diplomáticos, ni los mecanismos para el efectivo respeto de la dignidad humana han evolucionado con la urgencia del que sufre esos “actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”. Las reuniones y discursos al respecto van y vienen y el costo en vidas humanas se incrementa.  

Es tiempo de que los jefes de Estado realmente sientan el dolor de la gente y entiendan que, para no ser cómplices de esos “actos de barbarie”, no pueden seguir usando el tema para capitalizar aplausos, se trata de seres humanos que requieren de su ayuda y de su acción para salvarse de un destino fatal.