Reporte Católico Laico

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Tolerancia y equilibrio

Tolerancia y equilibrio

RCL les invita a leer al rabino Isaac Cohen: “No basta conocer cuáles son los valores, hay que promoverlos, enseñar con la práctica y el ejemplo, convertirlos en un hábito diario”.

Es una necesidad vital para la humanidad lograr un ambiente de mayor tolerancia entre sus componentes. Tenemos que hallar la forma de aceptarnos los unos a los otros, sin caer en los extremos. Maimónides tuvo razón al decir que “El sendero del centro, el del medio, es el más equilibrado”. Nuestra posición como hombres de fe no puede ser otra, pues la tolerancia ha sido -a través de toda la historia-, la base esencial de la estabilidad del mundo y en específico, del pueblo judío. Debemos siempre sumar, y jamás restar. Ese debe ser nuestro lema. 


El grado de inflexibilidad que se está desarrollando en estos tiempos, algo que no existía en épocas pasadas con tanta frecuencia, se debe a que hay sectores protagónicos que se fanatizan en sus posiciones y sus ideales. Es preciso mantener la noción del equilibrio, y la única manera de conseguirlo es partir de la base de aceptar al prójimo. De aceptarlo tal y como es. 
Del mismo modo que los judíos respetamos a los que no lo son y esperamos que ellos se comporten de igual manera con nosotros, todos tenemos la obligación de respetarnos los unos a los otros. Debemos rechazar de manera tajante un enfrentamiento entre hermanos, y no aceptar jamás el hecho que uno de ellos levante la mano contra el otro. ¿Dónde quedan entonces los elevados ideales de unión? 


Recordemos que el amor a Dios pasa primero por el amor al prójimo. Jamás, en nombre de Dios, se puede ejercer la violencia contra nadie. Demostramos amor en primer lugar, aceptándonos tal y como somos, con nuestras diferencias y discrepancias. En segundo lugar, sentándonos a dialogar para llegar a un punto de encuentro, de aceptación y tolerancia. 


La tolerancia es fuente de equilibrio interno y de quietud espiritual. Nos hace vivir bien con nosotros mismos y respetar lo diferente. ¿Algo se puede cambiar en uno o en los demás? Pues, sí se puede. Todo es parte de un proceso de aprendizaje individual, que luego, ejerciendo ese aprendizaje, ejercerá un impacto colectivo. A través de la paciencia, respeto y convivencia en armonía con uno mismo y los demás. 


Ese es el primer paso. La humildad al reconocer las propias limitaciones, fallos y defectos, hace que seamos capaces de comprender los defectos, fallos y limitaciones de los demás. Todos llevamos algo dentro que nos hace imperfectos y frágiles. Es cuestión humana.


El equilibrio social, es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera dentro y entre las distintas naciones, elimina las barreras que impiden que la igualdad en la sociedad sea posible, para ello hay que participar de manera permanente en acciones que vayan en pro de una verdadera transformación, comenzando por la comunicación, el diálogo, el intercambio de ideas, el respeto y aceptación de diferencias, y espacios de coincidencias.


 El correcto uso de los valores, como el respeto y la tolerancia, además la ética y moral, son de gran importancia para nuestra sociedad, ya que nos permiten actuar correctamente. Se destaca que no basta conocer cuáles son los valores, hay que promoverlos, enseñar con la práctica y el ejemplo, convertirlos en un hábito diario.


La tolerancia más que un valor debe ser hoy un estilo de vida que promueva la paz en cada acción, en todo ambiente. Representa un eje importante, pues en ella encontramos puntos de encuentro, con ella se construyen puentes y no muros que nos separan. 


Es esta la auténtica comunicación, la que debe establecer un ser humano con otro ser humano, cara a cara, sin necesidad de sofisticados recursos digitales y electrónicos, si no con palabras y con gestos, con buena voluntad y, sobre todo, con buenas acciones. Será esto, pues, lo que traerá la unión y la paz en el seno de nuestra honorable humanidad. 
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