Reporte Católico Laico

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El cardenal Bo: “Asia tiene sed de Cristo”

El cardenal Bo: “Asia tiene sed de Cristo”

El nuevo presidente de la Federación de las Conferencias Episcopales del continente da impulso al anuncio del Evangelio frente a injusticias y conflictos, según el magisterio del Papa Francisco.

En un continente marcado por «bendiciones e injusticias atroces», la Iglesia católica tiene la responsabilidad y el mandato de «anunciar un Dios de justicia», ordenando la misión de la Iglesia según el magisterio del Papa Francisco, como se expresa, particularmente, en los documentos “Evangelii Gaudium” y “Laudato si’”. Al comenzar su mandato como nuevo presidente de la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia (FABC, en inglés), Charles Maung Bo, purpurado birmano que fue creado cardenal por el Pontífice reinante en 2015, reflexiona en esta entrevista concedida a Vatican Insider sobre el papel y la misión de la Iglesia en el «continente de continentes». En el contexto asiático, caracterizado por una pluralidad de religiones, culturas y etnias, explica Bo, la vía del diálogo es un programa irrenunciable para las comunidades católicas. El camino de la colaboración interreligiosa tiene el poder de crear una profunda comprensión recíproca y una empatía, nutriendo el respeto y la benevolencia de las sociedades más diferentes. Y la «vida en diálogo» lleva a los creyentes de todas las comunidades a profundizar la propia fe redescubriendo evangélicamente el valor de la alteridad, tanto cultural como social y religiosa. Una vez establecida una relación de confianza recíproca, los creyentes de diferentes confesiones pueden afrontar juntos problemas sociales específicos que existen en cada contexto, como la marginación, la inmigración y la pobreza.

Eminencia, ¿cuál es la actual condición de la Iglesia católica en Asia?

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«La Iglesia se encuentra en la encrucijada de la historia: en un clima cultural que desafía al mensaje de Cristo con ideologías y tecnologías, las Iglesias asiáticas buscan el propio camino para anunciar el Evangelio. Los católicos en Asia son, en conjunto, alrededor de 143 millones, es decir el 3,2% de la población global del continente, que cuenta con alrededor de 4 mil millones de personas. Creo que hoy, a nivel mundial, en la relación global de la fe con el mundo contemporáneo, un paso crucial para dar a Cristo al hombre moderno se encuentra en Asia. Creo firmemente que el que estamos viviendo es el milenio de Asia. En la exhortación sinodal “Ecclesia in Asia”, Juan Pablo II recordó que en el primer milenio la Cruz fue plantada en el suelo de Europa, en el segundo le tocó a América y África, mientras en el tercer milenio una gran cosecha de fe florecerá en este vasto y vital continente. Se trata de una vocación irrenunciable para nosotros. La Federación de las Conferencias Episcopales Asiáticas (FABC) se mide con estos desafíos, es decir con cómo hacer concreto el mandato del anuncio y del testimonio del Evangelio en sociedades multiculturales y multirreligiosas, como las que hay en Asia».

¿Existen rasgos peculiares que definan el camino de la evangelización en Asia?

«Asia es un continente que muestra bendiciones e injusticias atroces. El nuestro es un Dios de justicia. Creo que la misión de la Iglesia en Asia tendrá que concentrarse sobre el tema de la justicia. El Papa Francisco ha publicado en su magisterio dos documentos preciosos sobre este tema: uno, “Evangelii Gaudium”, toca el argumento de la justicia económica y social; el otro, “Laudato si’” reflexiona sobre la justicia ambiental. Muchas personas y poblaciones de Asia son víctima de tales injusticias, y la misión de la Iglesia, en su anuncio del Evangelio que vuelve a dar dignidad a cada hombre, no puede ignorar estas situaciones. En particular, se puede ver que una parte consistente de los católicos en muchos países asiáticos está constituida por poblaciones indígenas. Desde las costas del sur de China hasta las zonas centrales de la India, hay una vasta zona geográfica en la que los indígenas han vivido en armonía con la naturaleza, hasta que la economía de mercado llegó para crear turbulencias y disgustos. La Iglesia en Asia está llamada a no perder el contacto con estas poblaciones y a acompañarlas para reafirmar su dignidad y sus derechos».

Los bautizados viven una «vida en diálogo»; ¿qué significa?

El diálogo, para nosotros, es un paradigma irrenunciable. El continente asiático espera el encuentro con el mensaje de Cristo y, en Asia, el anuncio del Evangelio para a través del camino del diálogo, generador de paz y de serena convivencia. La FABC ya ha reconocido, en su reflexión teológica y pastoral, la necesidad de sacar adelante el «diálogo de vida» en tres ámbitos: con los pobres, con las culturas y con las religiones. Antes que nada, cercanía a los pobres y defensa de su dignidad en un ámbito y un empeño en el que se puedan encontrar creyentes de otras religiones, colaborando por el bien común. También hay que tener en cuenta el vasto mosaico de las culturas asiáticas, que nos llama a estar presentes en diversas realidades culturales y a favorecer su encuentro con la fe cristiana. Además, algunas zonas de Asia siguen teniendo las heridas de guerras crónicas. Los conflictos abundan. La Iglesia católica, portadora del mensaje de Cristo, está llamada a ser un antídoto contra la cultura del odio y a curar heridas evidentes y escondidas. La reconciliación es el camino de la nueva evangelización en Asia. Indigencia, odio, enfrentamientos de culturas y de religiones nos llaman e involucran profundamente en este triple camino del diálogo».

¿Cómo será el futuro de la Iglesia en Asia?

«Lo veo lleno de desafíos, que ponemos siempre en manos de Dios, con la plena consciencia de que cada desafío es una oportunidad, representa un “kairòs”, es decir un momento favorable para anunciar el Evangelio. Estamos convencidos de que el futuro de Asia radica en su rica tradición de convivencia multicultural, multirreligiosa y multiétnica. En un nivel más profundo, se puede vislumbrar un futuro más prometedor en los valores y en las virtudes de la compasión, del bien y de la justicia que hay en las grandes tradiciones religiosas y culturales asiáticas. La Federación de las Conferencias Episcopales Asiáticas, que nació en 1973 y ahora incluye a 19 Iglesias asiáticas (con otras 8 asociadas), ya ha recorrido un largo viaje, superando diferentes obstáculos y acompañando a la pequeña grey de los bautizados en el “continente de continentes”. Hoy nuestro viaje prosigue, con el deseo de que Cristo Señor se convierta verdaderamente en la vía, la verdad y la vida para las comunidades católicas que viven en Asia».

PAOLO AFFATATO
CIUDAD DEL VATICANO/VatocanInsider.es